Massa y los intendentes del PJ flirtean pensando en el 23 de octubre

Massa y los intendentes del PJ flirtean pensando en el 23 de octubre

Muchos dirigentes peronistas que no quieren seguir atados a la suerte de CFK buscan un referente con anclaje en el electorado bonaerense.


La partida será dirimida entre dos y los de afuera son de palo o, mejor, discuten el día después. Ese sería el cuadro de situación de la próxima elección bonaerense, contado con honestidad brutal. Unidad Ciudadana y Cambiemos están juntando fuerzas para una batalla explosiva en octubre, montados en la polarización y en la retroalimentación mutua.

Más allá de ese juego por las bancas del Senado (y casi de las de Diputados, porque fuera de los dos bloques mayoritarios quedarán entre cinco y siete para repartir), quedan 1País, el PJ Cumplir y el Frente de Izquierda. La alianza del massismo con el GEN obtuvo 15 por ciento y sus votos son el objeto de deseo de los dos polos que quieren desempatar.

Pero Sergio Massa y su equipo ya piensan en el día después, y no son los únicos. El presidente del Partido Justicialista bonaerense, Fernando Espinoza, hombre fuerte de la populosa La Matanza, convocó al tigrense a una reunión que desde el entorno del diputado confirmaron, aunque aseguraron que no se concretó.

Para un dirigente del Frente Renovador de conversación continua con Massa, la razón es meramente especulativa y tiene que ver con el polémico llamado a la unidad opositora que hizo Cristina Kirchner. “Como dice Sergio, nos quieren chupar los votos y el mensaje es que vayamos juntos pero porque ellos son la opción. Por eso no accedimos a vernos”, expresó.

En pos de ser riguroso, los intentos de diálogo desde el sector de Unidad Ciudadana tienen dos explicaciones que representan a sus dos sectores, si los diferenciamos entre quienes aspiran a un liderazgo de Cristina y a los que se sumaron a su boleta solo por ser la peronista que más mide en su distrito. Todos quieren ganar y saben que sumando a más opositores se podría potenciar la boleta de la expresidenta. Pero también están los que piden línea con Massa pensando en el 23 de octubre con una Cristina probablemente derrotada (aunque por poco). Muchos intendentes y dirigentes del PJ quieren un referente peronista con anclaje en el electorado bonaerense para poder influir en la disputa nacional, en la que no quieren seguir atados a la suerte de Cristina.

“Massa está dialogando, sobre todo con los gobernadores peronistas y también con intendentes. No podemos contar con los votos de Cristina en la pelea de 2019 porque, además, ahí la situación se dará vuelta: será el kirchnerismo el que quede en una tercera posición relegada y será el frente peronista el que polarice con Macri”, reflexionan desde el Frente Renovador.

¿Tan fácil va a ser la vuelta al peronismo orgánico? “Podemos estar todos juntos mientras nos respeten la identidad y no seamos un nuevo PJ”, responde uno de los estrategas del tigrense. Muchas opciones tampoco le quedan: con una merma de su caudal de votos ante cada elección, Massa, si quiere sobrevivir, deberá pensar la disputa presidencial como miembro de un club más que como jefe indiscutido de un partido hecho a medida. Pero esa merma tampoco tapa la relevancia del millón y medio de votos recibidos en territorio bonaerense (en comparación, se necesita arrasar con el 50 por ciento en Salta, Jujuy, Tucumán y Catamarca para acariciar una suma similar). Los gobernadores y los intendentes toman nota.

Pocos dudan de un acercamiento posoctubre del massismo con el PJ tradicional, que seguramente antes de fin de año ya se vea reflejado en algún hecho concreto que trascienda el Congreso. Pero sí dudan sobre Margarita Stolbizer, quien pagó caro –tal vez más que nadie– el haber decidido enfrentar a Cambiemos en vez de sumarse. “Margarita está incluida en el nuevo esquema, por supuesto.” Cuesta creer que al interior del GEN puedan digerir fácilmente un escenario nacional que incluya a Verna, Manzur o Insfrán.

Tampoco el camino poselectoral estará libre de espinas en la oposición bonaerense. Basta recordar, como ejemplo, el culebrón que protagonizaron Massa y Martín Insaurralde durante 2014 y el desenlace desprolijo que tuvo en 2015. La situación entre ambos quedó muy erosionada. Ni hablar del desprecio mutuo que tienen el creador del FR y Randazzo. Y mejor ni mencionar el dilema moral que plantea Scioli, los intendentes cristinistas (concentrados especialmente en La Matanza, Avellaneda, Berazategui, Merlo y Moreno) y la propia expresidenta, que tendrá todo el derecho de exigir para sí el título de jefa de la oposición al ser con seguridad la opositora que obtenga más votos el próximo 22 de octubre.

Ella misma demostró que todavía puede manejar, con solo un tuit, la dinámica de campaña. Con una “carta abierta” a los bonaerenses –publicada en las redes sociales–, volvió a irrumpir en la agenda apelando a los votantes más antimacristas de Massa, Randazzo y Pitrola para que ejerzan un voto útil opositor que la favorezca. Sin una idea aglutinante más allá de su propio beneficio, la propuesta solo exhibió la preocupación en Unidad Ciudadana por las encuestas y el segundo lugar que le auguran.

La respuesta fue monocolor. Stolbizer la mandó a preparar su defensa y a devolver “lo que se ha llevado”. Pitrola le endilgó “el ajuste de Santa Cruz y la alianza con la burocracia sindical”. Massa opinó que “el diálogo con quien dividió no es posible”. Pero quien más se envalentonó fue su ex ministro de Interior y Transporte: la acusó de ser la culpable de la fragmentación opositora, de jugar “el mismo juego que Macri” para polarizar al electorado y hasta se mofó de su “extraña humildad”.

La exquisita paradoja es que, con su pedido, Cristina sí logró unir a toda la oposición. Solo que para decirle no, gracias, pero adiós.

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