Más postales del Coronavirus: lo que ¿vendrá?

Más postales del Coronavirus: lo que ¿vendrá?

A pesar de que pareciera que lo peor ya pasó, nada es seguro. Los filósofos discrepan. El Papa advierte.


La pandemia no se va a ir sin pelear, tal como lo están comprobando por estos mismos días los británicos y los chilenos, entre otros, pero se estaría abriendo paso una post-pandemia que dejará mucha tela para cortar.

Entre los lenguaraces de la larga crisis que vivimos los humanos de todo el planeta estuvieron los que auguraron que el socialismo destronaría al capitalismo tras la acción revolucionaria del virus (Zizek), los que atribuyeron el Covid-19 a siniestras conspiraciones de cenáculos misteriosos (Agamben) y aún quienes advirtieron que el Coronavirus es una reacción de la Madre Tierra contra quienes están destruyéndola y que quizás algún día, ésta “ya no nos quiera aquí” (Boff y el Papa Francisco).

De todos modos, pocos ejercieron la prospectiva, porque es difícil adivinar el futuro, aunque algunos lo intentaron, con variada fortuna.

 

Los profetas de lo que jamás ocurrirá

El filósofo italiano Giorgio Agamben protagonizó uno de los más célebres papelones de la pandemia al calificar a la popular cadena de ARN como “una gripe normal”, que fue originada por una “invención” de laboratorio del virus, cayendo en una serie de disociaciones de dudosa veracidad. El periodista Paolo Flores D’Arcais, editor de la revista izquierdista MicroMega, lo acusó de estar propagando “la filosofía d’il cazzo”, que es la palabra italiana que designa al príapo.

Por su parte, el filósofo esloveno Slavoj Zizek, que suele predicar de manera entusiasta el advenimiento del socialismo, anunció apocalípticamente que “el virus matará al capitalismo”, tirando a la basura en un instante las teorías marxistas él mismo que suele enseñar en el Instituto Birbeck de Humanidades, de la Universidad de Londres y aceptando que las masas populares serán reemplazadas ¡¡por un virus!! Llegó tarde, porque esto ya lo habían advertido en el pasado Adolfo Hitler, Benito Mussolini y hasta Winston Churchill, sin hacer tanta alharaca.

Para fundamentar su estruendosa afirmación, Zizek se negó a apelar a Karl Marx, a Friedrich Engels o a Georg Wilhelm Hegel, sino que puso como ejemplo “la técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos”, que tomó, de la película Kill Bill, del gran Quentin Tarantino. Que el filósofo, psicoanalista y crítico cultural patinara con tanta dulzura hacia Uma Thurman podría ser plausible si actuara en tren de conquista de la bella, pero partir de la filosofía para llegar a Kill Bill es como demasiado.

Hablando del virus, Zizek planteó finalmente su esperanza de que “quizás otro virus ideológico, y mucho más beneficioso, se propagará y con suerte nos infectará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global”. Quizás así algo sea posible algún día, pero éste no será hoy.

 

El Papa Francisco y los Movimientos Populares

Según algunos infectólogos, la variante Delta sería el fin de la pandemia, que luego se reconvertirá en una endemia. De todos modos, aseguran que “el Coronavirus llegó para quedarse” y algo de esto está ocurriendo en el Reino Unido, en donde la variante Delta ya generó otra variante, que causa unos 40 mil contagios cada día.

Esta cifra es aún mayor a la del mismo mes del año pasado, cuando muchas zonas del país se encontraban en confinamiento, al contrario que ahora, en que casi no se usan barbijos, ni se toman medidas físicas de aislamiento, aunque las autoridades no descartan que esto pueda ocurrir.

Pero quizás sea cierto que la pandemia principal no sea por estos días el Coronavirus, sino la desigualdad social y la injusta distribución de la riqueza. El Papa Francisco expresó en estos días que «es justo luchar por una distribución humana de estos recursos. Y es tarea de los Gobiernos establecer esquemas fiscales y redistributivos para que la riqueza de una parte sea compartida con equidad sin que esto suponga un peso insoportable, principalmente, para la clase media».

Lo hizo el sábado pasado en el Cuarto Encuentro Mundial de Movimientos Populares de América, Europa, África y Asia, que se desarrolló por plataforma digital. «No olvidemos que las grandes fortunas de hoy son fruto del trabajo, la investigación científica y la innovación técnica de miles de hombres y mujeres a lo largo de las generaciones», expresó el Santo Padre.

Los movimientos populares congregan a trabajadores de la economía informal, a cartoneros y agricultores de todo el mundo. En 2014 y 2016 se produjeron los primeros encuentros, realizados en el Vaticano, mientras que el de 2015 se realizó en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia.

Francisco manifestó que «en el siglo XIX los obreros trabajaban doce, catorce, dieciséis horas por día. Cuando conquistaron la jornada de ocho horas no colapsó nada como algunos sectores preveían. Entonces, insisto en trabajar menos, para que más gente tenga acceso al mercado laboral, que es un aspecto que necesitamos explorar con cierta urgencia».

De todos modos, el Sumo Pontífice declaró que «considero que son medidas necesarias, pero desde luego no suficientes. No resuelven el problema de fondo, tampoco garantizan el acceso a la tierra, techo y trabajo en la cantidad y calidad que los campesinos sin tierras, las familias sin un techo seguro y los trabajadores precarios merecen», en línea con el reclamo de los Movimiento Populares, cuyo lema es precisamente Tierra, Techo y Trabajo.

Luego, el antiguo cardenal primado de Argentina se dirigió a los líderes mundiales, a los que solicitó: «Quiero pedirles en nombre de Dios a los países poderosos que cesen las agresiones, bloqueos, sanciones unilaterales contra cualquier país en cualquier lugar de la tierra. Ya hemos visto como terminan las intervenciones, invasiones y ocupaciones unilaterales; aunque se hagan bajo los más nobles motivos o ropajes», advirtió en el cierre de su alocución.

 

Gabriela Cabezón Cámara: El capitalismo está desnudo – El Futuro después del Covid-19
Pensemos: ¿qué proyecta nuestra imaginación más que muerte y destrucción? En los aparatos donde nuestro imaginario se condensa, el cine, la literatura, el teatro, las series, ¿qué idea de futuro aparece? La hecatombe. Vivimos
al borde de un futuro de muerte total, vivimos inmersos en la inminencia del desastre. Nos dicen que si salimos nos morimos. Pero si no salimos también, camaradas. Tres nenitos wichis se murieron de hambre este fin de semana, como murieron sus ancestros, víctimas del saqueo más atroz, del genocidio más incesante. Vivimos sobre un cementerio y vamos, no como individuos sino como especie, a otro. Miles de viejos mueren descartados como mierda en el centro del mundo, ahí donde el dinero se junta, pero no alcanza para salud pública. Una extinción masiva de especies está sucediendo en este mismo instante. Para algunas hay tregua. Para nosotres no. El tirano, este capitalismo tardío que no tiene afuera, no hay nada afuera de él ya, nos lleva a la muerte total, de todes, de todo. No lo permitamos. No nos entreguemos a una vida online que sea sencillamente una continuidad de lo mismo. Estamos quietos, aislados en un tiempo que se vuelca sobre sí mismo. Al fin y al cabo, es una forma de tregua.

Sintamos. Pensemos. Digamos no. No lo hagamos si preferimos no hacerlo.

Podemos dejarle a nuestres hijes y nietes un futuro, un tiempo para que la vida de elles tenga lugar y no sea en una roca muerta en la que tengan que pagar, si es que logran vivir, por el agua y el aire. El tirano está en bolas. Es un monstruo que se devora todo para seguir siendo. Que no sea.

 

María Esperanza Casullo: Para dejar atrás al neoliberalismo – El Futuro Después del Covid-19

El 4 de abril pasado el diario londinense Financial Times, baluarte mundial de la ideología extrema pro-empresas, decidió que tenía algo muy importante que comunicarle al mundo. Supimos que era algo importante porque lo publicaron bajo la forma del editorial institucional; es decir, la nota que expresa la posición oficial del medio, de sus editores y de su board editorial. Tan importante fue esa editorial que, de manera excepcional, decidieron ese día liberar la editorial para que pudieran leerla aún aquellas personas que no pagan la suscripción de la
publicación. (Al menos, la liberó por un rato: unas horas después ya era imposible entrar a leerla sin pagar.) Evidentemente el board entero del Financial Times decidió que lo que tenía para decir ese día realmente muy importante que el mundo.

Lo que el Financial Times sentía que tenía que comunicar imperiosamente era esto: hay que dejar atrás cuarenta años de neoliberalismo y aceptar mayor inversión pública, más impuestos y mayor distribución.

El título de la editorial del día 4 de abril es: “El virus revela la fragilidad del contrato social” (en traducción propia.). La bajada: “Se necesitan reformas radicales para forjar un mundo que funcione para todos”. La primera oración sostiene que “Si es posible encontrar un lado bueno a la pandemia de COVID-19, es que ha traído consigo un sentimiento de unidad y hermandad en sociedades polarizadas.”

Continúa el Financial Times: “Además de derrotar a la enfermedad, la mayor prueba que enfrentarán todos los países será mantener los sentimientos de unidad de propósito luego de que termine la crisis, de tal manera que puedan darle una nueva forma a la sociedad. Como los líderes occidentales aprendieron durante la Gran Depresión y luego de la Segunda Guerra Mundial, para demandar sacrificio colectivo se debe ofrecer un contrato social que beneficie a todo el mundo”.

Como si no fuera suficientemente sorprendente leer lo anterior en una de las publicaciones más identificadas con la desregulación de los mercados, el Financial Times continúa su mensaje: “Deberán ponerse sobre la mesa reformas radicales que reviertan el rumbo político de las últimas cuatro décadas. Los gobiernos deberán aceptar un rol más activo en la economía. Deberán ver a los servicios públicos como inversiones y no como pasivos en un balance, y deberán hacer menos inseguros los mercados de trabajo. La redistribución del ingreso deberá volver a ingresar en la agenda; los privilegios de los más ricos y los más ancianos deberán ser cuestionados. Políticas públicas consideradas excéntricas hasta hace poco, tales como un ingreso universal básico e impuestos a la riqueza, deberán ser parte del menú.”

Para cerrar, bien vale otra anécdota del Reino Unido. El primer ministro británico, Boris Johnson, fue diagnosticado con coronavirus y, luego de diez días de fiebre alta, fue internado en terapia intensiva en un hospital del National Health Service, el sistema público de salud inglés. Al ser dado de alta, agradeció en un emocional video a las enfermeras y enfermeros del NHS haberle salvado la vida, se refirió a ellos con nombre y apellido, mencionó que dos eran inmigrantes, y caracterizó al NHS como “el corazón de Gran Bretaña”. Hace tres años, el partido Conservador (su partido) votó en bloque en contra de un proyecto laborista que proponía aumentar el sueldo de enfermeras y enfermeros del NHS. Al derrotar el pedido de aumento, los tories del parlamento rompieron en un aplauso y festejaron que el laborismo no había podido “hacer demagogia” con el National Health Service. Otra anécdota: hace poco tiempo, la dministración conservadora decidió, entre otras cosas, que los trabajadores de salud tenían que empezar a pagar por usar los lugares de estacionamiento de los hospitales y clínicas públicos. Ahora, en la emergencia, el gobierno dio marcha atrás con esta medida “transitoriamente”.

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