Las indomables góndolas argentinas, una vez más aceleran la crisis

Las indomables góndolas argentinas, una vez más aceleran la crisis

El Gobierno creará fideicomisos, aumentará retenciones, controlará a comercios barriales y subsidiará producciones para controlar la inflación.


El presidente de la Nación, Alberto Fernández, declaró que a partir del viernes “empieza la guerra contra la inflación en la Argentina; vamos a terminar con los especuladores», amenazó, cuando encabezó el acto de inauguración de la estación Tortuguitas, de la línea del ferrocarril Belgrano Norte, en el partido de Malvinas Argentinas.

Fernández lamentó que «la mayor complicación económica que sufre el mundo» por la invasión rusa a Ucrania es una «una lucha tremenda por los alimentos, y vuelan los precios en todo el mundo».

Luego, el presidente manifestó que «cuando creímos que estábamos saliendo de la pandemia, comenzó la guerra en Europa. En un mundo globalizado, esto causa efectos desastrosos más allá de las fronteras. Esta guerra tiene repercusiones en el mundo, y también en la Argentina»

Fernández argumentó que «nos cuesta mucho recuperarnos de aquella inflación que nos dejó -sin guerras y sin pandemia- quien precedió mi mandato, que nos encargamos de resolver y ahora se vuelve a desatar con toda la ferocidad que existe en el mundo».

El presidente expresó que «sabemos que los problemas de viviendas, como de trenes, no los arreglan los privados, sino el Estado», arguyendo que «no nos vergüenza decir que el Estado tiene que estar presente para poner justicia, allí donde el mercado genera injusticia».

Fernández habló de esta manera poco antes que se difundiera el Índice de Precios al Consumidor de Febrero, que llegó al 4,7 por ciento, sumándose al 3,9 por ciento de enero.

Paradójicamente, entre los funcionarios del Gobierno creció en estos últimos días la preocupación por la disparada de los precios de los alimentos a causa de la guerra en el este europeo. La paradoja es que el Gobierno tiene herramientas legales y políticas para desacoplar los precios internos de los de la “commodities”, que es una de las principales medidas para controlar la inflación.

El mismo día martes 15 en que hablaba el presidente, la portavoz de la Casa Rosada, Gabriela Cerruti, desmintió que entre las medidas que se dispone a anunciar el Gobierno esté incluida la suba de retenciones al maíz, a la soja y al trigo. De todas maneras, las cadenas de valor de esos productos temían que esto no fuera cierto luego de que el ministro de Agricultura y Ganadería, Julián Domínguez, suspendiera el registro de exportaciones de harina de soja y aceite, una medida que perciben como un anticipo a la suba de gravámenes a esas producciones.

Tal es la preocupación de los productores, que algunos “autoconvocados” discuten desde hace varios días la posibilidad de medidas de fuerza, argumentando que las bases los presionan para que desarrollen acciones “contundentes” cuanto antes. Claro está, lo primero que exigen es volver a las rutas, 14 años después de aquellas luchas que los llevaron a un enfrentamiento sin cuartel contra el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

La clave es bajar los precios de los alimentos

En cuanto al plan que prometió el presidente, desde el viernes habrá control de precios máximos, aumentos en las retenciones a algunos productos y subsidios a la producción. Impondrá precios máximos en los comercios barriales de cercanía y creará dos fideicomisos, uno para estabilizar el precio de la harina de trigo y el otro para hacer lo propio con las verduras frescas. También se fijarán valores a los cortes más populares de carne y se incrementarán las retenciones a los derivados de la soja.

La clave es aminorar los aumentos que sufrieron los alimentos en febrero, que llegaron al 7,5 por ciento, cuando la invasión rusa a Ucrania apenas comenzaba. En estos días, la guerra continúa y los aumentos también y se espera que puedan alcanzar los dos dígitos, lo que sería una catástrofe en estos tiempos de billeteras flacas.

Amagos de conflictos ya comenzaron a producirse. En el día del cierre de esta publicación –miércoles 16 de marzo-, el ministro de Agricultura y Ganadería, Julián Domínguez posteó: “Acabo de terminar la reunión con el Consorcio ABC. Les informé que quienes no cumplan con los compromisos asumidos con las y los argentinos no podrán continuar exportando carnes”.

El Consorcio ABC agrupa a los exportadores de carnes argentinas desde el año 2002. Son productores que buscan sumar el mayor valor agregado posible a las exportaciones, que disponen de un rodeo de 50 millones de cabezas.

El reclamo de Domínguez tiene que ver con que las exportaciones se realizan sin cubrir primero la demanda del mercado interno. Y el desabastecimiento de carnes eleva los precios en Argentina, por lo que los precios nacionales quedan atados a los precios internacionales.

De acuerdo con la cronología, si el presidente anuncia las medidas el viernes, este jueves quiere tener cerradas todas las negociaciones con los distintos sectores de la producción. Para el caso de que con algún sector no llegara a algún acuerdo, se propone ejecutar directamente la decisión política que ya tomó.

En el Gobierno hay un equipo que ya está trabajando para diseñar el combate a la inflación, que conforman el ministro de Economía, Martín Guzmán; El ministro Domínguez; el ministro de Producción, Matías Kulfas; el canciller Santiago Cafiero; la secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cecilia Todesca; la secretaria Legal y Técnica Vilma Ibarra y el jede de Asesores Presidenciales, Juan Manuel Olmos.

Fernández prepara, entre otras medidas, un fondo fiduciario para financiar la producción de las verduras frescas que se comercializan en el Mercado Central de Villa Celina. De todos modos, al cierre de esta edición, los puesteros del Mercado Central anunciaron los precios a los que venden a los minoristas del sector, a los que acusaron de cargar excesivamente sus precios.

Una de las preocupaciones principales de los funcionarios es la disparada del precio del trigo, un cereal en cuyo mercado tanto Rusia como Ucrania son fuertes jugadores. El aumento fue feroz en los últimos días, llegado al 40 por ciento en Argentina y algo más del 50 por ciento en el resto de mundo.

La Casa Rosada pretende financiar el fideicomiso con la recaudación a las retenciones de los derivados industriales de la soja: harina, aceite y biodiesel. Esperan recaudar 450 millones de dólares con este recurso de llevar el gravamen al 33 por ciento.

Felisa Miceli: “Kirchner se sentaba conmigo para cerrar los acuerdos”

La exministra de Economía de Néstor Kirchner recordó, en diálogo con periodistas de Radio Gráfica, que “cuando yo era ministra, el propio presidente Néstor Kirchner se sentaba conmigo a cerrar los acuerdos de precios con los proveedores mayoristas, las grandes productoras de alimentos, las grandes cadenas de supermercados, un secretario solo no puede”, dijo, en relación a la tarea de Roberto Feletti. Luego reiteró que el control de precios “tiene que ser una política de estado, es difícil triunfar en esta guerra que hasta ahora solo está luchando el secretario de Comercio”.

Miceli propuso tres medidas básicas para disminuir la inflación. La primera, “hay que sentarse sobre los dólares que entran al Banco Central y no dejar que se vaya ni uno”. Luego agregó que “el año pasado tuvimos un superávit fiscal de 15 mil millones de dólares, el anterior de 12 mil millones. Son 27 mil millones de dólares”, que, sumados a que “el Fondo nos dio 4 mil millones por los DEG, ya ahí teníamos 31.500 millones de dólares. Si sólo se hubieran guardado la mitad, hoy tendríamos 15 mil millones y no tendríamos que estar arrodillados ante los poderes internacionales ni locales, no habría presión devaluatoria, se habría cerrado la brecha cambiaria y estaríamos mejor parados para negociar con el FMI”, aseveró.

En cuanto a la escasez de dólares, Miceli afirmó que “no hay dólares porque se lo llevan las grandes corporaciones, que dicen que tienen deudas en el exterior y siguen sacando la plata como si en Argentina no tuviéramos ningún problema. Si dicen sin presentar ningún registro que tienen una deuda con un financista en cualquier lugar del mundo, el Banco Central se los da a $100 pesos, es absolutamente injusto”, cuestionó.

Finalmente, la exministra señaló que el Banco Central sigue pagando los intereses de las Leliq “a un puñado de 20 bancos”. Por esta razón, expresó que “pareciera que hay una emisión buena, que es la que va a los bancos y una mala, que es la que va al Tesoro. El Banco Central se ocupa de reducir sólo la emisión del Tesoro y el FMI está va en esa misma línea. Las Leliq, mientras tanto, siguen siendo una afrenta al pueblo argentino”, terminó.

El ajuste que, a pesar de todo, exigió el FMI quizás no se haya centrado en estos gastos absolutamente prescindibles, poco importantes para la economía real, pero desde estas páginas ya hemos advertido sobre el back to back, que son los préstamos de las casas matrices de la empresas a sus filiales distribuidas por el mundo, que se financian con los dólares del Banco Central en Argentina.

De esta manera, entre los pagos de intereses a los ciclistas de la City y las demandas de las multinacionales que se prestan alegremente y evaden al fisco sobrefacturando y subfacturando, la sangría de dólares viene agravando la crisis argentina hasta límites intolerables.

¿Alcanzarán estas medidas para poner un freno al latrocinio más feroz que se recuerde? Aquí no existen los inocentes.

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