La vuelta de Macri quedó envuelta en un frío recibimiento

La vuelta de Macri quedó envuelta en un frío recibimiento

Sus declaraciones van por el camino que Juntos no quiere transitar


E l sendero que va de ayer a hoy parece inimaginable. Mauricio Macri pasó de ser el niño mimado del círculo rojo, de ser el hombre en el que más confiaban los principales empresarios del país y la gran esperanza de muchos otros, que creían que había llegado el presidente indicado para “desperonizar Peronia”, a tener que cruzar este seco, tórrido e inmisericorde desierto.

Nadie se atreve a decirle nada, pero su presencia despierta una incómoda sensación en algunos dirigentes que otrora se cuadraban ante su presencia.

En estos días, los ejes de la campaña de Juntos en la provincia de Buenos Aires fueron trazaron sobre temas puntuales como la seguridad, la educación y el empleo joven.

Simultáneamente, hay temas que serán soslayados cuidadosamente, en especial aquellos en los que Mauricio Macri dejó un indeleble rastro de fracasos. El primero de ellos es la deuda externa. Otro tópico a evitar es el envío de armas a Bolivia. Y el más ríspido es el del destino que decidió para los 44 mil millones de dólares que el Fondo Monetario Internacional le prestó a la Argentina, supuestamente –en palabras del propio Macri- para “ayudar”.

Ni bien abandonó el aislamiento obligado tras su arribo al país, el expresidente de Boca se tiró de cabeza al sillón de invitados de un programa de Todo Noticias y ensayó una defensa de su gestión. «El Fondo no vino a hacer un negocio. Vino a ayudar a la Argentina. Nos prestó un crédito, ¿para qué? Para renovar las deudas que estaban venciendo y que no nos querían renovar por el miedo a que volviera el kirchnerismo», le explicó a su anfitrión.

A sus antiguos soldados –que hoy buscan respirar otros aires y responden a otros liderazgos- no les importa la corroboración o la desmentida de las palabras del expresidente, sino que éste es, precisamente, uno de los temas alrededor de los cuales gira la estrategia del Gobierno, que se encontraba a la defensiva en estos días por las inoportunas fotos y videos que los jaquearon en plena campaña. Por lo tanto, esta vulnerabilidad vuelve más duros a sus estrategas electorales.

En resumen, sus palabras cayeron justo en los días en los que su coalición había salido del asedio del peronismo, tras la publicación de las fotos del festejo de cumpleaños de la esposa del presidente y parecía que comenzaba a abandonar la actitud defensiva en la que estaba sumida hasta ese momento.

Cuando se les pregunta a los dirigentes de la alianza opositora por las razones por las que Macri realizó tan inoportunas declaraciones, responden que se debe a su necesidad de reivindicación y que lo suyo es “una cruzada personal” que no tiene en cuenta la coyuntura política. Hasta alguno de ellos le expresó a este cronista algo así como que “está un poco fuera de foco”.

El último lunes se produjo la última reunión de la conducción política de Juntos por el Cambio. En ella, Macri casi les exigió a sus adláteres que debían defender su gestión con mayor compromiso, en especial por el tema de la deuda que tomó durante su gestión. Dicen que las miradas se perdieron en el vacío y que un silencio incómodo dominó por unos instantes la mesa. Inmediatamente, alguien propuso la redacción de un documento para contestarle “al kirchnerismo” –ellos también utilizan esos latiguillos que alguna vez les fueron favorables- y desmentir sus afirmaciones, que culpabilizan por estas razones al gobierno del que todos formaron parte y en el que todos asumieron diversas responsabilidades. Nada más que eso.

En esa misma noche, casi como una advertencia para sus antiguos socios, Macri fue a TN y lanzó las frases transcriptas más arriba, desatando un vendaval interno que promete potenciarse si sigue en esa misma tónica en los próximos días.

En especial, los que más exigen el silencio del expresidente son los radicales. La esperanza de un triunfo de Manes, piensan, los habilita para exigir un mayor protagonismo que es posible que jamás les sea reconocido. Los radicales tienen una estructura nacional que a Juntos por el Cambio le es indispensable, pero los acuerdos con el círculo rojo no forman parte de su patrimonio. Los banqueros no los quieren y tampoco confían en ellos las cámaras de comercio de todo el país. Los fuegos del 2001 siguen repercutiendo en su credibilidad y la única salida que se proponen sus estrategas más lúcidos tiene que ver por estos días, no con el Pro sino con algunos sectores del Frente de Todos, al que quisieran ver dividido para armar una alianza o un pacto de gobernabilidad con el PJ más tradicional.

De todos modos, Macri no se rendirá tan fácilmente. Tiene agendada su presencia en varios actos de campaña, tanto en la ciudad como en la provincia y espera viajar a la hospitalaria Córdoba en los próximos días, para sostener a dos de sus candidatos, los radicales Mario Negri y José Gustavo Santos. Allí será entrevistado por la principal radio local y nada hace pensar que cambie de opinión. Al fin y al cabo, ejerció durante doce años un férreo liderazgo –a veces, casi absoluto- en el que casi nadie le discutió sus decisiones. Después, la cosa terminó como terminó.

Lejos de la cocina en la que se toman las decisiones, hoy Mauricio Macri sigue jugando su propio juego, hasta que el destino lo vuelva a poner en el sendero del triunfo o lo precipite al ocaso, como aquel Django que compuso Franco Nero, que desaparecía solo en el atardecer tras pelear contra sus enemigos y contra sus supuestos amigos. Todo por una mujer.

¿La política es femenina?

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