La militancia barrial logró más espacios verdes

La militancia barrial logró más espacios verdes

Las iniciativas triunfantes fueron compiladas en un libro por el titular de un Centro de Estudios.


Más parques para una vida más sana parece una utopía. Sin embargo, se logró y esas iniciativas con resultado concreto hoy están compiladas en un libro.

Los vecinos con militancia barrial pudieron superar la moda de las megatorres y el boom inmobiliario. En cinco experiencias concretas y recientes se refleja que la organización barrial no fue en vano y obtuvo resultados positivos para una vida más sana de todos los ciudadanos.

Los cinco nuevos parques son: El parque de Flora Nativa en La Boca. El Corredor de integración barrial Comuna 15. El Parque de la Estación en Once. El Corralón de Floresta. Cuenca en red: recuperación del Parque Avellaneda y gestión integrada de la Cuenca Cildañez.

Existen más experiencias de activismo barrial triunfantes: Manzana 66 en Balvanera, Plaza Clemente en Colegiales, o Parque Tres de Febrero en Palermo, citados, pero no desarrollado en un capítulo como los anteriores casos.

“El Corralón de Floresta fue recuperado por vecinos y vecinas a partir del 2005. Allí trabajaron más de 20 grupos culturales, que incluyen desde una biblioteca, un teatro, un espacio para la memoria, una huerta, talleres de danza, cerámica, circo y otras expresiones artísticas y deportivas. Todo esto constituyó un espacio democrático de reflexión política que se llega por la autogestión y a la vez nos impactó a todos porque fomenta el conocimiento para la buena alimentación, lo medicinal, la actividad física y el trabajo comunitario. Hubo que luchar, poner el cuerpo, y hasta ir por la vía judicial que finalmente impuso la democracia participativa que se negaba el gobierno de la Ciudad”, explicó Leonardo Farías, presidente del Centro de Estudios Sociales para el Desarrollo Territorial (CESDT) quien editó el libro “Participación social y recuperación del espacio público” y escribió el capítulo sobre el ex Corralón de la Avenida Gaona y Gualeguaychú.

Farías, quien fue miembro de la Junta Comunal 10 durante dos períodos, realizó este manual de exitosas experiencias vecinales junto a Antonlín Magallanes, quien se encargó del prólogo para no dejar pasar que “se atesoran sorpresas en la Ciudad” por la propia autorganización de los vecinos y que esas “semillas que están y germinan” transformando lo cotidiano, por esa “magia” dice Magallanes, que da la participación ciudadana que a veces choca con lo institucional y oficial y otras veces confluyen en articulaciones mixtas entre Estado y comunidad. Para más adelante nos queda en el prólogo que alguna vez esas experiencias barriales locales estén en las currículas escolares.

Sobre el Parque de Flora Nativa (ubicado en Irala, entre Pi y Margall y Aristóbulo del Valle y vías del Ferrocarril Roca), el primero de este tipo en la Ciudad, fue escrito por Silvana Canziani. Un terreno que fue predio ferroviario desde la década del ’60 abandonado como terreno baldío y usado como estacionamiento en cada evento en el club Boca Junior. Entonces los vecinos iniciaron una lucha que duró años y que llevó a redactar un proyecto de ley, juntar firmas, reclamos callejeros, reuniones en defensoría del pueblo, inició de amparos judiciales, etc. Finalmente, más de 70 vecinos y 13 organizaciones lograron esta experiencia colectiva que diseñó un parque público con especies autóctonas.

El Corredor de Integración Barrial Comuna 15 busca saltar las divisiones del territorio provocadas por barreras urbanas, como las vías del tren, centro de transbordo Lacroze, el cementerio de Chacarita, los hospitales, los clubes y las facultades. Entonces para resolver la articulación de los espacios verdes y convertir en un verdadero pulmón verde, que confluye en casa de los animales y las actividades recreativas como las caminatas, el uso de bicis o deportes. Los barrios residenciales con poca conexión de las ciclovías son Chacarita, Paternal, Agronomía, Parque Chas y Villa Ortuzar que pueden conectar con Villa Crespo sumando un circuito deportivo de 10 kilómetros, que además provocaría ampliar los horarios a la vida nocturna, sumado al encuentro e intercambio tan importante para la pos-pandemia.

En el Abasto y Almagro, de los barrios con menos espacios verdes, mejorar la calidad de vida es trascendental para los vecinos, según redactó Andrea Birgin en el libro editado por el CESDET. También fueron los ex terrenos ferroviarios que pudieron convertirse de corralones de materiales, canchas de paddle o fútbol a espacios recreativos comunitarios y gratuitos. Todo esto llevó 20 años de lucha. Primero fue la pequeña plaza de Jean Jaures y Perón, llamada primero “Mientras Tanto” hoy conocida oficialmente como Julio César Fumarola, en homenaje a militante asesinado por la Triple A. En la dinámica vecinal fue la iglesia que ofreció su salón para los vecinos que pelearon por el parque de la estación . Luego el proyecto de ley, la audiencia pública hasta que finalmente se logró un parque con biblioteca, un polideportivo que hoy es centro vacunatorio anticovid, un vivero para las escuelas, y espacio cultural para recitales, ferias, talleres y artistas. Todo inaugurado en junio del 2019 con la presencia de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto.

La Cuenca en red está pensada como la recuperación del Parque Avellaneda a la gestión integrada de la Cuenca Cildáñez, según escribió Fabio Oliva, quien explicó cómo se superponen territorios en el sudoeste porteño, ese “nuevo sur”, que eran los humedales luego tapados con rellenos de los residuos de la ciudad, de la Comuna 8 y 9, que es la subcuenca Matanza-Riachuelo. Entre el abandono del espacio público y la fragmentación social con la exclusión y una autopista Perito Moreno que divide pensaron los militantes barriales el proyecto “biocorredor Cildáñez”, para unir los parques Alberdi, Avellaneda, Indoamericano y Reserva Ecológica Lago Lugano. Dar visibilidad a lo oculto es llevar el arroyo a una mejora para aumentar la biodiversidad de la fauna y flora, y también es indagar en las raíces, ya que en el 2017 un descubrimiento arqueológico “el sitio La Noria” sobre un asentamiento de los pueblos originarios de más de 200 años que llegarán los españoles.

El capítulo más conceptual-estratégico fue redactado por Fabio Márquez, quien explica que no siempre la invitación a participar tiene la intención de transformar, sino que muchas veces es una participación pasiva y que muchas veces lleva a la frustración. Por ejemplo, las encuestas o las reuniones solo para escuchar las respuestas de los funcionarios a preguntas individuales de vecinos. Allí no existe una participación popular en la toma de decisiones, ni siquiera en una reflexión colectiva o intercambio de ideas. Por eso propone el modelo de las participaciones activas con eje en los ciudadanos que son, tienen y toman parte.

El libro “Participación social y recuperación del espacio público”, fue presentado el 2 de marzo en el bar-café “Olimpo” del barrio de Monte Castro. El costo de cada ejemplar son 700 pesos, se puede solicitar de manera online en https://cedet.home.blog/. Además los ejemplares son vendidos en cada presentación de Leonardo Farías y Antolín Magallanes que prometen seguirán realizando por los barrios.

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