El FdT y JxC: ¿Destinos cruzados?

El FdT y JxC: ¿Destinos cruzados?

Cuando empezó el juicio de Vialidad, la oposición sonreía, pero el nuevo avatar político ahora trasladó el optimismo al campamento de enfrente.


Pareciera que el antagonismo entre el oficialismo encarnado en el Frente de Todos y sus oponentes nucleados en torno a Juntos por el Cambio, se manifestará para siempre hasta en los más mínimos detalles.

El mismo juicio que unos disfrutaron y los otros sufrieron en carne propia, terminó llevando a todos hacia los territorios opuestos. El proceso de la obra pública en Santa Cruz, que posiblemente termine –así lo denunció el grueso de la dirigencia peronista- con la proscripción de la vicepresidenta, obligó al oficialismo nacional, cuyas discusiones internas amenazaban con resquebrajar la unidad trabajosamente alcanzada en 2019, a encauzar sus políticas hacia un camino menos ríspido.

Por el contrario, el mismo juicio que pone en problemas a la expresidenta, que fue impulsado desde el seno de la Mesa Judicial macrista que operó entre 2015 y 2019 desde la Casa Rosada, encrespó las aguas de Juntos por el Cambio hasta límites insospechados apenas unas semanas antes del alegato de los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola.

Algún profeta del absurdo advertiría que existe un destino común, en el que las suertes se entrecruzan y lo que hoy se hace para perjudicar al otro, al final se paga compartiendo el mismo mal momento. ¡Ojo al piojo!

El peronismo se prepara para la batalla

La movilización peronista, que forzó a sus dirigentes a abroquelarse en defensa de la vicepresidenta, fue la primera respuesta al pedido de pena de Luciani y Mola. Esto, después de haber soportado tapas de diarios, pantallas calientes, denuncias y acusaciones de corrupción y cuestionamientos de los periodistas de los principales medios, que lanzaron tremendas invectivas, casi todas con tan escaso fundamento como las pruebas que dice tener Luciani en su poder, las mismas que “gritan”, según su poco feliz expresión.

En la reunión realizada en su sede de Matheu 130, el Consejo Federal del Partido Justicialista emitió un documento que firmaron todos sin mayores querellas, titulado “El regreso de prácticas desterradas”, en el que se afirmó que «el proceso judicial en el que CFK es acusada de ser la jefa de una asociación ilícita se encuentra viciado, con ausencia de pruebas, parcialidad por parte del tribunal y vulneración del principio de inocencia»

Luego, los referentes del peronismo dedicaron un párrafo especial para cuestionar la represión contra sus simpatizantes y también la agresión física y los insultos de los policías metropolitanos contra Máximo Kirchner. «Repudiamos las provocaciones ejercidas mediante la colocación de vallas, la represión con gases y camiones hidrantes y la violencia física para con ciudadanos y ciudadanas que libremente desean manifestarse en el espacio público». Expresaron también su repudio por «la violencia ejercida por la Policía de la Ciudad contra el presidente del PJ bonaerense, Máximo Kirchner» y repudiaron «la detención de personas por manifestar una idea política».

Finalmente, puntualizaron que «este escándalo político, mediático y judicial no es otra cosa que el lawfare que azota a todas las fuerzas progresistas de Latinoamérica», ante la presencia vía Zoom de una decena de dirigentes de toda América del Sur, que informaron en varias ocasiones de agresiones jurídicas parecidas. Entre éstos se encontraban los expresidentes de Bolivia, Evo Morales y de Colombia, Ernesto Samper.

En esta coyuntura, el peronismo pareciera haber florecido, luchando contra una adversidad que facilita los acuerdos mínimos, siempre que no estén cercanas las discusiones de poder. Es sabido que es más fácil plantarse “en contra de” que “a favor de”.

Juntos por el Cambio, agitados por la represión

El mismo día que el PJ, el martes 30 de agosto, las cosas fueron algo diferentes en el restaurant Happening Costanera, hasta donde llegaron los integrantes de la conducción del Pro.

Extrañamente, en la reunión –donde hubo pases de factura, algunas voces airadas y algún gesto de desagrado- Mauricio Macri permaneció casi en silencio y las veces que trató de contemporizar, no fue escuchado.

El enfrentamiento de fondo ocurrió entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich. El jefe de Gobierno porteño le reprochó una declaración en la que la exministra de Seguridad afirmó en las redes sociales, que “cuando puse vallas no me pasaron nunca”, para remachar diciendo que “tenemos que demostrar que somos capaces de manejar el poder y que no nos corre ni Cristina de la esquina de su casa”. Luego, en un programa de televisión, le espetó a Larreta que “si vas a poner un operativo, bancalo. Hay que bancarlo”.

Los dimes y diretes sobre el tema fueron variados. El ministro de Seguridad de la ciudad, Marcelo D’Alessandro acusó a Bullrich de ser “funcional al kirchnerismo” y el propio Rodríguez Larreta le contestó cara a cara en la reunión del martes que cada vez que hubo que salir a bancar a Bullrich cuando era ministra de Seguridad de la Nación, siempre lo hizo, pero ésta no dio su brazo a torcer y mantuvo su posición de siempre, exigiéndole actuar con mano dura, sin dar ni un paso atrás.

En la reunión, los referentes del Pro acordaron que la vocera del encuentro sería la exgobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, que declaró lacónicamente que “es un tema terminado”, pero Bullrich también hizo declaraciones, a pesar de no ser lo pactado. “Hemos decidido dar por cerrado este hecho y definimos que cuando el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires toma previas consultas respecto del apoyo que necesita, debe mantener la posición tomada”.

Todo esto a causa de los dichos de un fiscal que apela a la grandilocuencia y a un juez que exhibe un mate con la inscripción del Club Liverpool de Buenos Aires. Ambos despuntan el vicio futbolero en las lujosas canchas de la quinta Los Abrojos, propiedad del expresidente de la Nación, Mauricio Macri, lo que convierte, al menos, en muy cuestionable su actuación en el juicio, en el que se produjeron otras irregularidades.

Pero, más allá de los avatares, hay tres cosas en la vida que pasan una vez y ya no regresan: el tiempo, las palabras y las oportunidades. Todo lo demás, se puede negociar, pero aquí nadie negocia. Todos apuestan al final del otro, a su desaparición. Malos augurios si esto sigue así.

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