El amanecer llega lentamente, pero el ocaso es rápido

El amanecer llega lentamente, pero el ocaso es rápido

El Frente de Todos se encuentra en una encrucijada difícil: ¿cómo construir política si el ajuste destruye lo que se busca edificar?


Un Gobierno en estado de shock

Los resultados de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias del 12 de agosto pasado ya no se modificarán, casi con seguridad. Es más, la oposición ensanchaba su ventaja en los últimos sondeos, decretando el fin de la carrera política de Alberto Fernández y colocando al peronismo en una encrucijada extremadamente peligrosa.

La esperada reivindicación que prometían Cristina y Alberto Fernández en la campaña electoral de 2019, jamás se produjo. Y esto va muchísimo más allá de la crisis que trajo la pandemia.

La estampida de los precios, la caída consecuente de los salarios, el proceso de continuo deterioro del nivel de vida de la población en general y los constantes errores “no forzados” sumieron al Frente de Todos (FdT) en una crisis terminal, que se manifestaba ya desde antes de las PASO, pero se profundizó con la lectura de los resultados y le impidió reaccionar tras el cachetazo.

En la Provincia de Buenos Aires, un bastión tradicional para el peronismo, que aunque no está invicto en ese territorio –perdió allí en 1983, 2009, 2013, 2015 y 2017-, suele ganar, las encuestas no son alentadoras. En las otras 14 provincias en las que perdió el Frente de Todos, las cosas no están mejor, con algunas pequeñas excepciones.

Pero hay otra cosa que profundiza la inquietud de la militancia peronista y es que la inmovilidad en la que se encuentra sumido el FdT muestra la ausencia de un proyecto político, sin el cual no existe futuro inmediato. Esto significa que el 2023 está en cuestión también. Si no hay una resurrección del Gobierno inmediatamente después del 14 de noviembre, Cambiemos volverá a ser gobierno en 2023. No existe otra opción electoral. Al menos, hoy no está en el horizonte. De todos modos, mucho antes está la campaña, que hasta ahora sólo sucede en los medios, contraviniendo la tradición peronista, que siempre reinó en las calles.

Esto, con respecto al Gobierno.

En cuanto a los destinos de sus máximos referentes, Alberto y Cristina Fernández, existen pocas salidas. La caída golpeó, precisamente, a la figura más convocante del FdT, la vicepresidenta. Las expectativas de una vida mejor estaban puestas especialmente en ella. Esta circunstancia volcó la frustración de muchos esperanzados de 2019 contra su referencia. No importa que el aparato del Estado no haya estado en sus manos, porque el capital político que se jugaba en estos dos años que pasaron, era el de ella. Es más, el voto fiel que le quedó al FdT es solo el de Cristina.

El ajuste que se produjo durante el último año, cuando quedaron suspendidos el IFE y las ART, generaron una fuerte irritación dentro del peronismo y llevaron a que le sea reprochado a la vicepresidenta que no haya sido el escudo de la militancia –que es la que debe responder por las acciones de gobierno en el territorio- y de los más pobres, que confían en ella y en nadie más.

Quizás la irresponsabilidad con la que derrocharon algunos jugadores importantes del FdT un capital político que no era de ellos, oculte algunas jugadas de trastienda que buscaban, precisamente, ese resultado. En castellano, quienes jugaron a la ruleta rusa con algunas medidas de avance y retroceso en temas candentes –el caso Vicentín, en especial-, rifaron una credibilidad prestada y dejaron al borde de la crisis a la única figura que goza de la confianza de los sectores sociales cuya representación se deposita en el peronismo, que es la vicepresidenta de la Nación. Como ella es incombustible quizás sobreviva al desastre, pero puso su destino en las manos equivocadas, indudablemente, …y Moscú no cree en lágrimas.

 

¿Conducción?

El peronismo no puede gobernar sin conducción, porque la anarquía peronista es lo más peligroso que existe. Todos los jefes distritales se entregarían, sino, a su juego personal, lo que llevaría a destructivas e interminables internas para el caso de que no existiera una conducción ordenadora. Ésa es la misión de Juan Manzur, que deberá restañar rupturas –empezando por la primera, la suya y la de su vicegobernador, Osvaldo Jaldo-; además de juntar a los dispersos; evitar algunos errores del Gobierno –por ahora, en esto no le va bien- y generar una cultura política propia que hasta ahora no se vio, dado el escaso tiempo que transcurrió desde su convocatoria.

Esto lleva a repensar en la función del presidente de la Nación, que además fue elevado a la máxima jerarquía del Partido Justicialista y jamás ejerció esa función, ni siquiera para intentar cohesionar los objetivos del extenso mapa de referentes que posee en PJ en todo el país. No hubo una sola reunión para ese fin. Y la conducción del PJ o se ejerce o se pierde. No hay términos intermedios. Y Fernández ya la perdió, porque el peronismo jamás les da segundas oportunidades a los “mariscales de la derrota”. Esto, más allá de que continúe formalmente ocupando esa distinción.

El segundo factor es que un proyecto político peronista no se construye contra nadie, sino en favor de los que están excluidos del banquete del poder. Se puede ganar o perder una elección, pero no existe un peronismo del 30 por ciento. O es mayoría o es una cáscara vacía de contenido. Ni siquiera Carlos Menem olvidó esa premisa.

Con el peronismo en el Gobierno, si no se existe una política que permita conducir al PJ, se “muere de una sed desconocida”, como auguraba el General Perón sobre la conducción en el desorden y en el tumulto, que es tal cual funciona el movimiento que fundó.

Otro punto muy importante es que a muchos dirigentes les falta barro, conurbano, cemento roto. La crítica de la militancia es que no se pueden realizar actos de pretemporada veraniega en centros de recreación de la clase alta, adonde los dirigentes van a ser abucheados indefectiblemente. Haberles regalado a algunos medios de comunicación esa foto (Kicillof reprobado en Villa Gessell) lo consideran casi como una afrenta personal. Uno de ellos llegó a manifestar que “es necesario que los chicos dejen las academias y vayan a caminar los barrios alguna vez”.

Por contrapartida, todos vieron con buenos ojos la financiación de los viajes de egresados, que tienen un doble impacto: sobre los jóvenes, a muchos de los cuales los padres no podrían enviar a esa excursión y sobre la industria turística, que sufrió el golpe de la crisis de manera brutal.

 

Un plan casi macabro

Si no hubiera salida y las elecciones generales del 14 de noviembre significaran el fin del gobierno del Frente de Todos, en un sector del gobierno piensan que lo mejor sería que renunciaran el presidente y la vicepresidenta y en su lugar asumiera el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.

En ese caso, el tigrense convocaría a Martín Redrado para que cerrara el acuerdo que Guzmán ya tiene casi finalizado con el Fondo Monetario Internacional y entonces a cierta embajada de la avenida Colombia ya no le importaría que gobierne el actual oficialismo o la oposición, porque daría lo mismo.

 

La geopolítica argentina

Por estos tiempos, con respecto a la inserción de Argentina en el mundo, los planetas están totalmente desalineados con este punto situado tan al sur del mundo.

En China hay una crisis con la producción de abonos orgánicos y en nuestro país ya comenzó a faltar la urea fertilizante, un compuesto fundamental en la agricultura. Esto hará que los precios de los alimentos se eleven nuevamente.

En Estados Unidos, la inflación se elevó hasta niveles poco vistos anteriormente: en septiembre bajó un poco, pero se mantiene en el 5,3 por ciento interanual, la más alta desde la crisis de las hipotecas en 2008. Desde Barack Obama hasta Joe Biden, la inflación creció desde el uno por ciento anual hasta el ocho por ciento (un 700 por ciento), lo que tiene que ver, entre otros factores, con la desproporcionada riqueza acumulada por unos pocos actores de la economía, que no se distribuye entre los asalariados. La concentración de riqueza es uno de los más poderosos impulsores de la inflación.

Esta circunstancia posiblemente obligue a la Reserva Federal (FED) a elevar sus tasas de interés, lo que oficiaría como una aspiradora de fondos hacia aquel país. Como Argentina tiene deuda atada a ese índice, el resultado podría ser más inflación y más recesión en el país. Hay quienes dicen que si se producen resfríos masivos en los Estados Unidos, estornudan los argentos. Quizás algo de razón tenga.

Paralelamente, existen faltantes de insumos industriales básicos, como vidrio para botellas, artículos de plástico, chips y manufacturas metalúrgicas a causa de los problemas en China, que no dejan de manifestarse y comienzan a replicarse en sendas crisis en algunos países, como Estados Unidos y Argentina, entre muchos otros.

El Reino Unido es otro de los socios importantes en las exportaciones argentinas que se encuentra sumido en una dura crisis. La salida del Brexit –que se materializó el 31 de enero de 2020- es hoy evaluada por muchos ingleses como un error. Hay desabastecimiento en los alimentos, fuertes subas en los costos de la energía y una serie de problemas conexos que algunos analistas consideran que no tendrán solución sin Europa.

La suma del problema chino, más el problema estadounidense, más la salida del Brexit, más una inflación descontrolada en Argentina son problemas que exigen una única respuesta: medidas proteccionistas del mercado interno y acuerdos con las potencias emergentes que conforman el BRIC’S (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que son el bloque que conforman las naciones en desarrollo con más futuro dentro del Grupo de los 20.

 

¿Y las criptomonedas?

Los primeros meses después de 2001 fueron realmente duros y el efectivo escaseaba. Después se supo que no fue una crisis formal, sino el resultado de un saqueo, que en cuanto cesó, permitió una recuperación más o menos rápida de la Argentina.

Pero en esos primeros tiempos aparecieron las “cuasimonedas”, que fueron emitidas por el Gobierno nacional y por 15 provincias, que permitieron salvar la situación con mucha eficiencia. Eran el financiamiento surgido de la crisis, que sirvió para salir de la Convertibilidad, que prohibía la emisión monetaria desde 1991, diez años antes de la explosión.

Los gobiernos provinciales pudieron pagar sus obligaciones y financiar parcialmente el consumo, generando un necesario alivio financiero. De esta manera, Buenos Aires generó el Patacón; Córdoba, el Lecor; Entre Ríos, el Federal; Corrientes, el Cecacor; Tucumán, el Bocade; Mendoza, el Petrom; Misiones, el Cemis; San Juan el Huarpe; Chaco, el Quebracho; Formosa, el Bocanfor; Catamarca, el Bono Ley 4748; Tierra del Fuego, Letras; La Rioja, el Bocade y Río Negro y Chubut, el Petrobono.

La crisis argentina que nos regaló el Coronavirus reavivó el tema. Los gobernadores plantearon la necesidad de lanzar, eventualmente “criptomonedas”, detrás de las cuales Guzmán ve el fantasma de las cuasimonedas, que tanto sirvieron, aunque su vigencia fuera transitoria.

El tema está en estudio en el Consejo Federal de Inversiones, por el momento sin posibilidades de ser aprobado.

De todos modos, las criptomonedas llegarán tarde o temprano. Además, hay algunos antecedentes inmediatos. Venezuela lanzó el Bolívar Digital, que le sacó tres ceros a la moneda. En Argentina, existió el Peso Ley 18.188 (1970-1983) al que sucedió el Peso Argentino, que le sacó al Peso Ley 18.188 cuatro ceros. Se plantea que en Argentina hay que hacer algo similar, en moneda corriente o en moneda digital o en cuasimoneda o en criptomoneda. Pero algo de esto habrá que hacer a causa de la inflación descontrolada, que nunca es tan descontrolada. Gobierno que permite la inflación, favorece a los más ricos.

Hay que aprender la lección, porque el amanecer tarda en llegar, pero el ocaso es rápido como el rayo.

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