La ceguera de la Justicia en la violencia de género en el campo virtual

La ceguera de la Justicia en la violencia de género en el campo virtual

El reto de Tik Tok que generó controversias sobre el hipotético llamado a violar mujeres trajo el debate por el blanco legal que existe.


La pasada semana, las redes sociales -en especial mexicanas y norteamericanas- se inundaron de alertas hacia las mujeres, llamándolas a quedarse en casa o salir acompañadas dada la existencia de un supuesto “reto de Tik Tok” en el que un grupo de hombres incitaban a abusar sexualmente de mujeres en el marco del 24 de abril, “Día de la Violación”.

Tal fecha no existe, y el video del reto tampoco, según las autoridades policiales de ambos países. O, al menos, no pudieron dar con el video original, por lo que la calificaron como una “fake news” (noticia falsa).

Lejos de terminar esto con la discusión que se desató, la manipulación de información en las redes a fin de “generar pánico en las mujeres” sirve de disparador para abordar la temática de cómo el ejercicio de la violencia (en este caso de género) se camufla y se dispersa en las sinuosas redes de Internet, donde la Justicia parece tener los ojos tapados.

¿Cómo actuar frente a un contenido que incita a la violencia publicado en un medio electrónico? ¿En qué casos ese contenido es denunciable y dónde denunciar ¿Qué tipos de violencia de género navegan en las redes? ¿Qué tan peligrosas son y cuál es el límite de la libertad de expresión? Éstos fueron algunos de los ítems que Noticias Urbanas consultó con Melisa García, presidenta de la Asociación de Abogadas Feministas Argentinas.

 

Justicia sin Wi-Fi

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires informó que los casos de violencia de género digital se triplicaron durante la pandemia, e incluso el acoso u hostigamiento –aún a través de ese medio- son considerados un delito para la ley. Sin embargo, la conexión entre la Justicia y los distintos tipos de violencia de género que se dan a través de Internet parece ser casi nula.

Una de cada tres mujeres han experimentado una situación de violencia a través de las redes sociales; el 26% de las mujeres víctimas de abuso o violencia en redes sociales recibió amenazas directas y/o indirectas de violencia psicológica o sexual, en tanto que el 39% de quienes sufrieron violencia sintió amenazada su seguridad física, según un relevamiento publicado por Amnistía Internacional Argentina. La situación empeora en casos de identidades de género no binarias.

Y a pesar de los porcentajes exhibidos, el 100% de las mujeres son víctimas de la violencia simbólica que perpetúa y sostiene estereotipos de género y discursos que colocan a las mujeres en posiciones de inferioridad y desventaja.

Las formas que adopta la violencia machista en las redes es diversa y dinámica: sextorsión, pornovenganza, cosificación, contenidos homofóbicos o transfóbicos, sexismo, acoso, hostigamiento y, en definitiva, todo tipo de agresiones que se reciben en el mundo “offline”, ya que la virtualidad no es otra cosa que el traspaso de soporte de situaciones que se dan en la vida real.

 

Justicia social y escraches

El fenómeno de los “escraches” u otras expresiones de “justicia social” llegan “ante la ineficacia propia y lo frustrante que es el camino de realizar una denuncia ante la Justicia”, explicó la titular de Abofem en comunicación con este medio. Además, destacó que “los contenidos de justicia social tienen la particularidad de que la misma Justicia los condena”.

A este accionar le prosigue su contraataque: las versiones que intentan instaurar la idea de las “denuncias falsas” en casos de violencia de género son un fenómeno masivo o, cuanto menos, alarmante.

Hace mucho tiempo esta premisa fue refutada y la abogada volvió a hacerlo: las denuncias falsas que llegan a la Justicia en esta materia no superan el 1%

Y es que el intento de la hegemonía patriarcal por sobrevivir al empoderamiento de las mujeres y diversidades frente a la cultura machista tiene sus aliados: los medios masivos de comunicación.

Crear versiones que desacrediten las denuncias por parte de las feminidades es vital para sostener el statu quo y es entonces que los grandes moldeadores de la opinión pública se ponen esta tarea al hombro: “Le pidió a su amiga y a su novio que la golpearan para culpar a su expareja: el trágico submundo de las denuncias falsas de violencia doméstica”, había titulado el diario La Nación en una nota publicada en abril del 2019.

El criterio de noticiabilidad del periódico tuvo que estirarse hasta un rincón de España, donde habría sucedido este hecho que, en realidad, había sido publicado previamente por la BBC. Recién varios párrafos después de contar de forma teatral lo sucedido, en el artículo se aclaró: “Al hablar de denuncias falsas de violencia doméstica, expertos y policías de diferentes países consultados por BBC Mundo son enfáticos: son excepciones, extremadamente inusuales y en términos numéricos son ínfimas”.

Posteriormente, este diario exhibía las estadísticas: “En 2017 se interpusieron 166.260 denuncias de violencia de género y se iniciaron 23 causas por denuncia falsa. Y como puede verse en la tabla de abajo, en 2012 -que fue un año récord- se registraron 17 acusaciones falsas de un total de 128.543. Apenas un 0,013%”.

Sin embargo, en sus redes sociales –al igual que en su título-, al promocionar este artículo el mensaje es plantear y alarmar sobre el “submundo de las denuncias falsas”.
En el caso de la Justicia, la matriz de pensamiento es similar, ergo el proceso de denuncia se vuelve engorroso para las mujeres y disidencias, en especial si está involucrado el ámbito digital.

Sin embargo, Melisa García llama a tomar fuerzas y denunciar cada acto de agresión, dentro o fuera de Internet, aunque confiesa que “muchas veces, por más que recomendamos denunciar lo que son los ciberdelitos o ciberdelincuencia en los organismos u empresas pertinentes, terminan desestimando las denuncias por no encontrarlas contundentes. Pero hay que intentar otros mecanismos y encontrar, también con asesoramiento previo, a qué lugar correcto recurrir”.

 

Qué denunciar y dónde

Animarse a denunciar es el primer paso de frenar el avance de las violencias de género en todos los ámbitos. “Las” violencias, porque existen muchas y el abanico se amplía en el campo cibernético. Poder entonces identificar “ante qué tipo de violencia estamos” para saber adónde ir a buscar ayuda y adónde denunciar es uno de los consejos que la abogada brindó.

Lo primero es animarse, tomar la iniciativa y abandonar la pasividad ante esta problemática.

“Hay denuncias que cada vez hay que animarnos más a realizar, que son en especial todas las relacionadas con los ciberdelitos y la ciberdelincuencia. Los hechos sucedidos en las redes sociales o en cualquier medio electrónico deben ser denunciables y la justicia penal debe actuar al respecto”.

Si bien es cierto que el proceso de una denuncia es sinuoso, es la Justicia la que debe amoldarse a las necesidades de igualdad de la sociedad y no al revés. Por eso, desde la implementación de la Ley Micaela, los tres poderes del Estado han tenido que capacitarse en cuestiones de género y desde entonces algunos estamentos del Poder Judicial han comenzado a despertarse y a tomar conciencia y conocimiento en esta materia para estar a altura de las demandas sociales, ante la estrepitosa falta de igualdad y equidad de género.

“Tengamos en cuenta que muchas veces a la misma Justicia le cuesta fallar con perspectiva de género, ni hablar si se trata de contenidos violentos en los medios de comunicación. Pero esto no quiere decir que no tengan la obligación de ocuparse, porque el Estado argentino se comprometió a erradicar todo tipo de violencia contra las mujeres y diversidades en la normativa interna y hasta internacional, por ende, forma parte de nuestra Constitución”, señaló García.

El desconocimiento sobre cómo funciona la ley en el ciberespacio es arrasador. Ante la pregunta sobre si es posible denunciar un contenido en las redes sociales como el reto mencionado de Tik Tok, la abogada respondió que “cuando el contenido a través de las redes sociales incita a cometer un delito o, en este caso, invita a cometer violencia hacia las mujeres, es judiciable frente a la justicia penal”.

Pero no todos los ejemplos de incitación a la violencia machista son tan claros, “a veces nos encontramos frente a montones de situaciones donde en el mensaje, o incluso en la forma de comunicar, se avala romantizando, si se quiere, violar a entidades feminizadas”. Eso también es violencia.

Para esos casos, “tenemos otros parámetros donde se pueden realizar denuncias” –dijo la abogada-, “hay que acercarse a estas entidades como Tik Tok, ver cuál es la fuente y demás y denunciarlas frente a la empresa específica en cuestión, ya sea Tik Tok o quien sea dueña de esa red”, porque “detrás de toda red social hay una empresa determinada, que tiene que cotejar y verificar el contenido”.

Para poder direccionar con eficacia la denuncia pertinente, Melisa García también aconseja asesorarse con profesionales o personas con instrucción en el tema pero, bajo ningún punto de vista, desestimar la violencia simbólica, ya es la encargada de tejer silenciosamente la matriz de pensamiento que ampara y se convierte en la antesala a la ejecución de violencias más concretas. Nadie nace siendo machista.

“Hay que tener en cuenta cuáles son las violencias que existen, como la violencia simbólica, porque hay un límite en la libertad de expresión. Pero todos estos mecanismos están disponibles y hay que usarlos, tenemos que denunciar cada vez más porque lo que pasa en las redes sociales no puede quedar impune”, apuntó Melisa García.

 

 

El límite de la libertad de expresión

La violencia no es una opinión. Que “todas las opiniones deben ser respetadas” responde a un esquema utópico donde ninguna “opinión” somete y lastima a otras personas. Nadie respetaría la opinión de quien justifica la pedofilia o el asesinato de personas, ¿por qué esta situación con la violencia machista es distinta?

“Hay que entender que hay un límite en la libertad para expresarse, que es cuando nos acercamos a un delito. Es importante identificar cuándo hay estereotipos de género o cuándo hay una opinión o un ejercicio de la libertad de expresión. Frente a esto, hay que acercarse a personas que se dediquen a estos temas y hay que poder denunciar si es necesario, antes de pasar al bloqueo de las cuentas o medidas similares”, aseguró García. Si se estudia y allí se ejerce o se incita a un delito, “se pasa a rastrear el IP para poder ver quién es la persona que está detrás de ese usuario a través del cual se protege”.

“Hay que tener en cuenta cuáles son las violencias que existen, como la violencia simbólica, porque hay un límite en la libertad de expresión. Pero todos estos mecanismos están disponibles y hay que usarlos, tenemos que denunciar cada vez más, porque lo que pasa en las redes sociales no puede quedar impune”, apuntó Melisa García.

Lo mismo apunta a los medios de comunicación. La audiencia es cada vez más activa frente a los medios, también gracias a la democratización de la comunicación, que arrima las redes sociales y otros medios electrónicos, y es desde allí donde se han combatido y cuestionado la mayoría de los contenidos que no apuntan al respeto y la igualdad. Fue tal el arrinconamiento que las audiencias han logrado, en algunos casos, que han logrado revertir ciertos contenidos o provocado las disculpas de comunicadores/as que promovían discursos que avalan o romantizan la desigualdad y/o violencia.

García no niega que “la batalla entre quienes tienen el poder en los medios de comunicación y las situaciones de violencia” es difícil, pero ante esto es necesario “denunciar cada vez más” desde las formas que sean posibles.

Las audiencias han demostrado la eficacia de otras metodologías para expresar su rechazo a estos tipos de contenido en cuestión: los escraches –como ya se mencionó-, las “cancelaciones” que convierten al sujeto o tema al que se quiere “castigar” en trending topic en Twitter, la organización para dejar de seguir o consumir el contenido de determinados programas de televisión, cuentas de YouTube y hasta de cuentas de Instagram. La discusión sobre si estos métodos son ideales omite que, en realidad, son simplemente los posibles ante las circunstancias dadas.

Todo depende del contenido, que deberá ser evaluado en cada caso particular, se puede realizar la denuncia ante el INADI, en la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual, en una Comisaría de la Mujer o consultar a través de la línea telefónica para asesoramiento en esta materia al 144, disponible las 24 hs.

“Todavía no se termina de identificar que la violencia simbólica dentro de la modalidad mediática puede tener violencia de género o contenido que sea violento y hay que poder denunciarlo. porque sino siempre queda bajo el sesgo de la libertad de comunicación”, remató Melisa García.

Ante la duda, consultar y asesorarse. Ante la violencia, denunciar.

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