Cristina prepara la tropa para el combate ante la falta de liderazgos

Cristina prepara la tropa para el combate ante la falta de liderazgos

Opinión.


El país atraviesa una severa crisis en el plano político, institucional y social, que promueve determinadas acciones de las distintas partes, además de fuertes declaraciones diarias, que dejan interrogantes abiertos acerca de lo que puede pasar a futuro en cualquiera de esos tres planos.

Hoy analizaremos el Frente de Todos, la variante peronista del sistema que hoy está en el poder, que aceleró su descomposición real, más allá de las apariencias, a partir del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque desde allí en adelante es bastante poco lo que se pudo coordinar al interior de la coalición. Mientras tanto, se nota la creciente distancia que existe entre los principales dirigentes de la misma. Las diferencias se trasladan, no sólo a la actualidad presente, sino que ya impactan de lleno en el panorama electoral que se avecina.

El Presidente de la Nación, Alberto Fernández, parece haber decidido prescindir de todos aquellos que no están de acuerdo con sus políticas, sobre todo las económicas y seguirá avanzando con los dirigentes y las herramientas que le quedan disponibles, intentando salvar su ciclo de gobierno, entorpecido tanto por factores externos (pandemia y guerra europea), la deuda recibida del gobierno anterior y la fuerte interna en la fuerza que integra.

Tras un fallido anuncio de reelección desde España, Fernández entendió rápido que la situación no era la más indicada para eso e intentará -desde acá al fin de su mandato- que algunas buenas cifras en las variables macro se vean trasladadas a la gente, que vive con una inflación peligrosa con una escalada imparable de precios, que torna imposible la tarea de llegar a fin de mes para casi todos los trabajadores, en especial aquellos que no trabajan bajo convenios. Ahí está la clave de su futuro político, en mejorar eso o morir en el intento.

Mientras tanto la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, quién ya lleva tres meses sin tomar contacto directo con Alberto, está enfrascada en ir enhebrando para su molino (¿será Unidad Ciudadana?) a todos aquellos dirigentes que se habían alejado de la propuesta kirchnerista y que van volviendo de a poco, en distintas circunstancias y con distintas excusas. Nada obliga tanto como la realidad, algo que el peronismo entiende perfectamente. La clave de esa fuerza centrípeta hacia la ex Presidenta está motivada absolutamente por la falta de liderazgos que exhiben el peronismo y el gobierno a nivel nacional, algo que cohesionó a las distintas variantes kirchneristas en una sola propuesta, que hoy alinea a toda la militancia K detrás de su líder.

Un segundo anillo, que anida ahí cerquita de la vicepresidenta, relanzando una nueva etapa de su relación, es el que encabeza el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. El tigrense tiene mucho mejor conexión que Cristina con el peronismo federal, más allá de estar en los papeles por fuera de la estructura (preside el Frente Renovador), por lo que es un jugador clave a nivel nacional. Pero, centralmente, es un aliado imprescindible para la vicepresidenta y su hijo Máximo Kirchner a la hora de retener el año entrante la Provincia de Buenos Aires, seguramente para Axel Kiciloff, otro indultado -aunque no definitivamente- por Cristina y Massa. Piensan que quizás el territorio bonaerense sea lo único que se podría retener si se perdiera la Casa Rosada.

Por último, nos quedan tres sectores decisivos en el peronismo, desde el punto de vista electoral: los gobernadores, los intendentes de PBA y la CGT y los movimientos sociales.

Los gobernadores peronistas decidieron quitarle el cheque que le habían otorgado al Presidente, hoy están en no seguirlo ni romper e intentan establecer una conexión interna (CFI) en la línea de la vieja Liga Federal, aunque pragmáticamente coinciden en que ninguno de ellos quiere ser el “líder” del interior, al estilo Carlos Menem o Néstor Kirchner. No seduce mucho en esa mesa la candidatura 2023. Quizás el chaqueño Jorge Capitanich sea el diferente, además de ser uno de los que mejor relación tiene con CFK. Los demás estarían más por la idea de abroquelarse políticamente detrás de tres o cuatro ideas centrales, por si fuera necesario ir a negociar precisamente con ella. Son conscientes de que Cristina analiza seriamente por estos días ser ella la candidata.

Mientras tanto, los intendentes peronistas del conurbano parecen también haber sido alcanzados por la onda expansiva de atracción que emite el Instituto Patria y aliados (cada vez más) y van abandonando algunas aventuras que los llevaron por otros caminos para volver a cohesionarse tras la mejor imagen que posee el espacio en sus distritos: Cristina.

La central obrera y los movimientos sociales están partidos. La CGT oficial todavía está cerca de Alberto, pero la situación social no los ayudará para quedarse a vivir allí. El anticristinismo es el principal anclaje que les queda. Las organizaciones sociales se dividen entre los alineados (planes mediante) con el gobierno como el Movimiento Evita y la creciente Unidad Piquetera (izquierda y peronismo combativo), abiertamente opositores y movilizando en la calle, cada vez con más fuerza.

El peronismo es complejo, pero a veces leyendo bajo el agua, se simplifica el futuro. Cristina avanza con decisión sobre el vacío de liderazgos, pensando además en la división opositora y Alberto apela -en cierta soledad- a un milagro, que en su caso ya le sucedió. Massa (seguro) y Capitanich (quizás) tendrán un lugar central. Fin por ahora.

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