Carla Conte: «No me arrepiento de las decisiones que tomé»

Carla Conte: «No me arrepiento de las decisiones que tomé»

Por Daniel Gaguine

A gusto con su presente, lo único que se reprocha es, previamente, "haber llegado al límite". Dice que ya no es la chica que conducía Call TV, pero que mantiene su esencia. Veamos qué más nos cuenta.


Para hacer Vivo en Argentina me llamó Marcelo Fernández, un productor que conocí hace diez años. Él laburaba en Promofilm y me hizo conductora. Mi primer programa fue en Cosmopolitan, Tienes una cita. En realidad, lo conozco de antes, porque había bailado en La Cajita Social Show, un programa de los Borensztein, en Canal 13, y él era el productor. O sea, me conoce desde que soy bailarina, desde hace muchos años. Me llamó en el período que estaba hibernando con mi hija. Había dejado la tele y estuve ocho meses sin laburar. Tuvimos una primera reunión por este proyecto para hacer en la Televisión Pública y me encantó. Hubo mucha previa, lo cual me vino bien porque estaba a full, con muchas ganas de laburar. Primero iba a estar Clemente Cancela y después apareció Lalo Mir. Esto fue “¡Guau!”, no lo podía creer. Estar con Lalo era observarlo y aprender. Fue un placer. Al principio no me animaba a hablar, hasta que logré ver que también podía aportar algo. Lalo es lo más.

Vivo en Argentina me cayó justito. No me motivaba hacer un programa diario en vivo, y eso que la mayoría de los laburos que tuve fueron así, pero la verdad, fueron bastante quemadores. Lo último que había hecho (NdR: Este es el show, en Canal 13) era todos los días, en una tele combativa y quemadora. Pero sabía que acá, en la TV Pública, iba a ser diferente. Siempre me acuerdo del primer programa. Estaba al palo, todo arriba, y Lalo, que viene de la radio y no habíamos tenido ensayo ni nada, me dice: “Esto es distinto”, con un tono calmo. Al principio me costó, pero ahora soy una tortuga conduciendo, y me encanta. Es un placer. He llegado a llorar de la emoción de no poder creer que se podía hacer tele de esta manera. Hago un curso todos los días, porque para Vivo en Argentina sentía que no estaba muy capacitada. Sí tenía las herramientas técnicas de la tele diaria y del vivo. Pero de ahí a sentarme a hablar con un científico, un historiador o una primera figura de la actuación… Era mucho lo que tenía –y tengo– que laburar. Todos los días hay que estudiar para lo que se viene y para pasarla bien.

Impasse 1: Termina Vivo en Argentina y nos quedamos con Carla en el estudio 4. Está feliz. Se la nota serena y alegre al tiempo que asentada y reflexiva. Habla del pasado pisado y de un presente soñado.

Mi profesión es la de bailarina siempre. Es lo que soy. A mi hija la anotamos como “mamá bailarina” y “papá músico”. Me siento bailarina aunque no esté ejerciendo ni nada. Ahora soy más “conductora de TV” pero no hace mucho que empecé a cambiar esto. Igual me resulta extraño. Sé que este es mi laburo y lo vivo como tal. Yo “provoqué” mi laburo, lo busqué. No me quedé en los lugares que no quise quedarme, y no lo digo por el último programa. A cada espacio donde encontré algo que no me hacía sentir cómoda le busqué la vuelta. Igual siempre hay prejuicios… Digo, como juicio anterior, previo, no con la connotación negativa del término. Lo noté conmigo. Era “la tetona de la noche”. Tampoco lo veo mal porque es algo imposible de sacártelo.

Ahora, con ocho años laburando en la tele, hay gente que me quiere y que no me quiere; que detesta que esté en la televisión pública o que le encanta. Con cada paso, hay gente que te quiere y te odia. Trato de ser lo más coherente conmigo misma. Soy un ser humano que cambia de opiniones. No soy la misma que conducía Call TV pero la esencia es la misma. Hubo un desarrollo y un crecimiento laboral y personal muy grande. La verdad, estoy muy contenta con eso.

Mucha gente se sorprendió por este cambio abrupto. Lo viví en ese momento como lo único posible. No había otra posibilidad. Entiendo cómo funciona el medio y que mucha gente es capaz de cualquier cosa con tal de “estar”. O porque tenés un sueldo que está buenísimo creés que podés laburar de cualquier cosa. Yo no me sentía así, nada me alcanzaba, y en la balanza no me daba positivo por ningún lado. Todo lo que al resto le parecía maravilloso, a mí me parecía horrible. No me arrepiento de las decisiones que tomé. De hecho, me arrepiento de haber llegado al límite, porque cuando tomé la decisión estaba desbordadísima. Fui mamá y volví a laburar a las dos semanas, lo cual fue muy fuerte y violento. No me daba la cabeza ni el cuerpo para volver a laburar y me pasaron factura. Cuestionaba absolutamente todo. Me parecía que todo estaba mal, no quería hacer nada. Me peleaba con gente en vivo y fuera del aire. Hay gente que se ha corrido por decisión propia. No la ves más y parece que desapareció o que no la llamaron más, pero puede ser que haya decidido correrse por algún motivo. Se eligen los caminos a tomar. Me preguntan: “¿Cuándo volvés a la tele?”, y les digo: “Hacé zapping. Hay más canales que Telefé y el 13”.

Impasse 2: Carla habla rápido pero convencida del camino elegido. Lo hace con sinceridad y sin casete, sobre todos los temas que salen en la conversación. Después posa para las fotos con naturalidad y simpatía.

No me arrepiento de haber participado en el Bailando. Fue una etapa que me devolvió el baile. Yo, bailarina, que me metí en la tele y dejé de laburar como bailarina, había perdido todo eso y disfruté mucho volver a bailar. Ahora, a la distancia, me pregunto por qué no lo disfruté más, porque también lo sufría. Es un estado de estrés importante y de mucha exposición. Siempre que me preguntan si volvería, digo que es mucha la energía que tenés que ponerle. Si fuera solamente ir, ensayar y presentar una coreografía, creo que lo podría hacer. Pero no es solo eso. Es ir, ponerte una coraza y batallar contra la humanidad. Esa energía ya no la tengo. Es mucha exposición y ponerle mucho el cuerpo. Para ese momento estuvo bien. Después fue querer apagar todo y echarme a dormir por dos meses.

Tuve a mi hija en casa. Ahora hay un proyecto de ley con respecto a las parteras que, por suerte, se detuvo. El proyecto decía que las parteras solo pueden atender en instituciones habilitadas, dejando afuera los domicilios. ¡No me pueden prohibir parir en mi casa! Además, me impiden que tenga una persona capacitada que me esté acompañando. Hubo mucha movilización y el proyecto cambió. Ahora sigue circulando pero con un anexo para parto domiciliario que sería con la reglamentación de la Organización Mundial de la Salud. Parí a mi hija Mora en el living de casa. El parto de mi hija me partió la cabeza. Descubrí un mundo nuevo, vi la violencia obstétrica y conocí una Ley de Parto Respetado que no está reglamentada. Vi que es un tema prohibido en los medios, lo cual me indigna. Participé en un principio, pero el que la diputada Chieno, la impulsora de este proyecto, empezara a decir barbaridades como que es una “modita de famosas” o “hippies con plata” hizo que me corriera. Las parteras y madres, que no son famosas ni nada por el estilo, lograron parar todo. Si estaba yo, iba a haber un prejuicio de antemano. Apoyé desde afuera y, siempre que pude, lo dije. Es algo que hablo constantemente porque me apasiona y también es mi lucha.

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