Los movimientos sociales buscan resurgir en las calles
Los principales movimientos sociales argentinos reconocen que atraviesan un período de retroceso bajo el gobierno de Javier Milei, pero apuestan a un resurgimiento en la calle a partir de las dificultades económicas que se profundizan. En organizaciones como el Polo Obrero, el Movimiento Evita y la Corriente Clasista y Combativa (CCC), se admite que perdieron militantes y capacidad de movilización, aunque insisten en que mantienen una presencia territorial extendida en todo el país.
El líder del Polo Obrero, Eduardo Belliboni, reconoce que la estructura de la organización se contrajo frente al modelo de gestión de Milei. “Calculamos que podemos estar siendo alrededor de 15.000 a 17.000 compañeros. Fuimos muchos más. Todas las organizaciones sufrimos un retroceso, producto de la política criminalizadora, judicializadora y represora del gobierno de Milei”, afirmó. En el mismo sentido, describió que la red de comedores pasó de casi 3000 a alrededor de 1300, tras la supresión de los alimentos por parte del Estado, a pesar de un fallo judicial que ordenaba su continuidad.
Aunque la cantidad de comedores se redujo, el grupo social señala que la demanda de alimentación se mantiene alta. “Han subido la cantidad de gente que va a comer, aunque haya menos comedores”, explicó Belliboni, quien insiste en que la organización “empieza otra vez a organizarse fuertemente”. En línea con esa apuesta, destacó la movilización del 7 de abril, cuando miles de personas salieron a la calle y se cortó en 100 puntos del país con cerca de 80 organizaciones piqueteras unidas.
"Para Adorni que lo mira por TV piqueteros en Plaza de Mayo, piqueteros carajo" dice @EBelliboni desde el escenario rodeado de muchas compañeras y compañeros de distintas organizaciones sociales y piqueterashttps://t.co/jlz0A2bVpV https://t.co/Sl6bBW9WFU pic.twitter.com/JfCfxmKIai
— Prensa Obrera (@prensaobrera) May 1, 2026
La Corriente Clasista y Combativa también admite una merma en su capacidad de movilización, aunque señala un aumento en la cantidad de personas que concurran a los comedores. “En movilización, bajamos la cantidad. A los comedores viene un 30% más de gente”, sostienen desde la CCC, que vincula la baja capacidad de protesta con la necesidad de que muchos militantes se vean obligados a aceptar changas para subsistir. El recorte de programas sociales y la presión económica dificultan sostener jornadas de protesta masivas, incluso cuando el descontento social se palpa en el territorio.
Desde el gobierno se señala que no mantiene registros oficiales desglosados sobre la cantidad de militantes o comedores de cada organización, lo que alimenta la sensación de invisibilización por parte de los movimientos sociales. Al mismo tiempo, las agrupaciones denuncian persecución, judicialización y represión, y señalan que los recortes de programas alimentarios y de empleo precarizado atentan directamente contra su estructura de base.
Pese a esta situación, distintos dirigentes apuestan a que el deterioro de las condiciones de vida vuelva a activar la protesta en las calles. “El movimiento piquetero empieza otra vez a organizarse fuertemente”, aseguran en el Polo Obrero, mientras otras columnas evalúan mayores alianzas y movilizaciones conjuntas contra el modelo económico de Milei. La ecuación que barajan es clara: si el ajuste se profundiza, la disputa política podría volver a concentrarse en las plazas, la ruta y los barrios, donde los movimientos sociales buscan recobrar su rol de actores centrales en la resistencia social.