La reforma laboral se votará en el pavimento antes que en el palacio
El oficialismo intentará aprobar la reforma laboral antes de fin de año, envuelto en una serie de controversias que le han deparado a la administración Milei enemigos que aún conservan un importante poder de fuego. Por esta razón, buscará neutralizar esta incertidumbre mediante acuerdos con los gobernadores, con los bloques “dialoguistas” de ambas cámaras y con algunas minibancadas proclives a los acuerdos. No será barato.
Desde la vereda de enfrente, el PJ, la CGT, la izquierda y algunos legisladores díscolos ofrecerán resistencia. Por de pronto, el Consejo Directivo de la central Obrera convocó a una movilización a la Plaza de Mayo el próximo 18 de diciembre, que esperan que será multitudinaria. Los sindicalistas dejaron caer, además, una seria advertencia. Consideraron al acto como la primera de una serie de “medidas graduales”, calificando a la ley en cuestión con el rótulo de “regresiva”.
En el lenguaje sindical, la traducción de “medidas graduales” se lee como “plan de lucha que se sabe adonde empieza, pero no adónde termina”. Todos los gobiernos, inclusive las dictaduras militares que comenzaron en 1966 y 1976, buscaron la negociación con el poder sindical, que si bien en estos tiempos que corren sufre las consecuencias de un prolongado letargo, si despertara de repente podría poner sobre el terreno a millares de trabajadores y así recuperar el protagonismo que la ley intenta restarles.
De entre todas las nuevas categorías que intenta implementar el Gobierno, hay algunas que se destacan por lo controversiales.
La primera es el “salario dinámico”. Tiene por objeto desvincular los aumentos de la inflación, asimilándolos con la productividad. Esto flexibiliza las negociaciones salariales, pero a la vez genera la precarización laboral y una sustantiva pérdida del poder adquisitivo de los sueldos.
Otro ítem que generó la desconfianza de los representantes de los trabajadores es el “banco de horas”. Este sistema le permite a la patronal organizar el trabajo de forma “flexible”. En lugar de pagar horas extras al trabajador, la empresa puede acumular las horas adicionales en una cuenta personal de éste y cuando baja la actividad puede ofrecerle al empleado para tomar una licencia o reducir su jornada laboral, sin descuentos en su salario. Además, en el anteproyecto del Poder Ejecutivo figura la posibilidad de extender la jornada laboral por hasta doce horas, sin ningún régimen regulatorio especial. Así nomás, sin reglas.
También está en la mira de los representantes de los trabajadores la modificación del régimen vacacional. En el anteproyecto se plantea la posibilidad de fraccionarlas y hasta romper la estacionalidad veraniega. Es decir, las patronales podrían otorgarlas en cualquier época del año. Para agravar las cosas, las vacaciones en Argentina son muy cortas si se las compara con los regímenes del resto del mundo.
Los damnificados por todas las reformas son siempre los mismos: hay efectivo
En resumen, el nuevo régimen laboral no va a sobrevivir tal cual como llegó al Senado. La ley plantea la modificación de 60 artículos de la norma vigente y deroga más de veinte. Además, en el camino, elimina los estatutos de los trabajadores de prensa, de los empleados administrativos de las empresas periodísticas, de los viajantes, de los que realizan teletrabajo, de los choferes particulares y de los peluqueros.
Por de pronto, en el primer día posterior a la convocatoria de la CGT a la concentración en Plaza de Mayo el 18 de diciembre, ya se sumaron casi todos los sindicatos que están fuera de su estructura, afiliados a las dos vertientes de la CTA, la izquierda, numerosos movimientos sociales y otros sectores que serían afectados por la reforma laboral.
Existe otro tema que aún no ha llegado a las primeras planas, porque hasta ahora los detalles de la norma no han sido analizados en profundidad. Se crearía el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), al cual contribuirá el empleador, que deberá depositar mensualmente el dinero “en uno de los fondos administrados por una de las entidades habilitadas a tal fin por la Comisión Nacional de Valores, organismo descentralizado actuante en la órbita del Ministerio de Economía, a elección del empleador”.
El FAL -sin ironías- se constituirá con el tres por ciento de la masa salarial se convertiría en un gran negocio financiero y conociendo los instintos de los tiburones de las finanzas, es posible que pronto comience a generar ingentes pérdidas, tal como ocurrió con el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES, que en 2015 cayó en las garras de algunos funcionarios inescrupulosos, que lo utilizaron no en beneficio de los jubilados, sino de otros salvajes depredadores del Pueblo, como ellos.
El problema es que abundan en el ámbito estatal los especialistas en bonos, trapisondas off-shore y tretas de Wall Street. La masa salarial argentina, tomando en cuenta a los trabajadores registrados suma 1.14 billones de pesos mensuales. El tres por ciento asciende a $34.200.000.000. Esta suma mensual conformaría el FAL -sin ironía, entiéndase-, un insoslayable botín para pecadores consuetudinarios.
Los únicos que podrán frenar este saqueo son los propios trabajadores organizados, en la calle. Esto se define en el cemento, no en el palacio. Y sin protocolo.