Irán desafía a EE. UU. mientras el Golfo busca alternativas
Después de seis meses de guerra, los países árabes del Golfo comenzaron a explorar nuevas estrategias de seguridad ante los límites de la protección militar estadounidense. Los ataques con misiles y drones lanzados por Irán y sus aliados afectaron bases estadounidenses, hoteles e infraestructura energética clave, incluido un oleoducto que atraviesa Arabia Saudita.
La ofensiva iraní también dejó en evidencia la vulnerabilidad de los sistemas defensivos de países como Baréin, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. En Baréin, una importante base naval estadounidense fue casi destruida durante los primeros ataques de represalia y la mayoría de los marineros destinados allí debió ser evacuada a Estados Unidos.
El conflicto tuvo además un fuerte impacto económico y estratégico. Irán logró bloquear de manera efectiva el estrecho de Ormuz, una ruta fundamental para la exportación de energía, mientras que los sistemas de defensa estadounidenses no consiguieron detener todos los ataques. Aunque la ayuda militar de Washington evitó un número mayor de víctimas, las economías del Golfo sufrieron daños y la imagen de la región como refugio seguro quedó debilitada.
Frente a este escenario, los gobiernos del Golfo comenzaron a considerar una diplomacia directa con Teherán. Una reunión prevista en Omán entre representantes iraníes y de los Estados árabes fue postergada después de que Arabia Saudita e Irán no lograran ponerse de acuerdo sobre las condiciones de navegación en el estrecho de Ormuz. Entre las diferencias figuró la afirmación iraní de que esa vía no constituye un corredor navegable internacional.
Los países de la región tampoco cuentan con una alternativa clara que reemplace a Estados Unidos como garante de su seguridad. Sus ejércitos son más pequeños que el iraní, pese a las millonarias inversiones realizadas en aviones de combate y sistemas antimisiles. China y Rusia, que mantienen vínculos con varios gobiernos del Golfo, tampoco intervinieron militarmente para defenderlos, mientras que los intentos de crear nuevas alianzas regionales todavía no demostraron eficacia.
Por ese motivo, analistas y funcionarios consideran que la opción más realista consiste en combinar la protección estadounidense con acuerdos regionales y canales de diálogo con Irán. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Catar retomaron los esfuerzos diplomáticos, convencidos de que la cercanía geográfica impone algún tipo de entendimiento. “Irán sigue siendo nuestro vecino y en algún momento tendremos que encontrar la manera de restaurar lo que se pueda restaurar”, afirmó el funcionario emiratí Anwar Gargash.