Publicado: 17/05/2026 UTC Política Por: Redacción NU

García Cuerva celebró una misa por los barrios populares en la Villa 31

El Arzobispo de Buenos Aires habló tras el operativo "Tormenta Negra".
García Cuerva celebró una misa por los barrios populares en la Villa 31
Redacción NU
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barrios populares

A días del operativo “Tormenta Negra” del Gobierno de Jorge Macri, el Arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, celebró una misa en la Parroquia Cristo Obrero.

“Para quienes hemos experimentado la vida en los barrios y para los vecinos, ‘Tormenta Negra’ se llama al narcotráfico, a la falta de trabajo, a cuando el Estado se retira, cuando los pibes no tienen posibilidades. Eso es ‘Tormenta Negra’, y hace años, décadas, que lo sufren nuestros barrios”, dijo Cuerva durante la misa en la Villa 31 en la que pidió “un nuevo amanecer”.

“Que de la tormenta negra surja la luz de un pueblo solidario que tomando los ideales del Padre Mugica se compromete en el hoy y que sigue creyendo que el mejor camino para salir adelante es el del encuentro, fraternidad, compromiso, solidaridad, el de sentirnos, en definitiva, familia de Dios”, sostuvo el Arzobispo.

Al terminar la misa vecinas y vecinos de distintas villas de la Ciudad le entregaron al Arzobispo Jorge García Cuerva, una carta en la que expresaron su preocupación y apelaron a hallar junto a él “un canal de paz” dado que no encuentran “otra alternativa ante el dolor y la violencia excesiva que venimos sufriendo en las villas de la Ciudad de Buenos Aires por parte de la gestión del jefe de gobierno, Jorge Macri”.

En la carta se detallan los diversos operativos de control policial que se vienen realizando bajo el lema “Ley y orden”: cientos de efectivos entrando violentamente a los barrios populares, desalojos con familias enteras que quedan en la calle, hostigamiento a las personas en situación de calle y a los trabajadores informales, cierre de comedores, merenderos y cooperativas, clausura de comercios de subsistencia, bloqueo de calles, y persecución policial.

“No nos merecemos esto”, dice la carta en la que expresan preocupación y angustia pero también fé y esperanza.

Durante la misa, Cuerva advirtió: “Cuidado con quedarse mirando para arriba, que Jesús está entre nosotros”. En ese mismo sentido los vecinos y vecinas de las villas escribieron en su carta: “Quienes vivimos acá somos personas honestas y trabajadoras. Queremos lo mismo que cualquier ser humano: que nuestras familias tengan un plato de comida en la mesa, que nuestros hijos tengan sueños y sentirnos honrados por quienes somos y por lo que hacemos,que nuestros viejos puedan pasar al Reino de los Cielos tranquilos, sin la angustia de pensar qué va a pasar con sus nietos, que las personas en situación de calle reciban ayuda y no desprecio, y que nuestros discapacitados reciban el amor que Dios puso en nuestros corazones para cuidarlos”.

De la misa participaron también curas villeros, el padre Lorenzo “Toto” de Vedia expresó sobre el operativo “Tormenta Negra”: “Las villas no necesitan ningún show mediático. Este hostigamiento a tantos trabajadores de barrios populares acrecientan la estigmatización ya existente en muchos sectores de la sociedad. Necesitamos más integración y menos discriminacion, más empatía y menos desprecio a los más pobres, necesitamos acciones concretas de combate al delito”.

Finalizó diciendo: “Estamos sintiendo olor a erradicación. Vayamos por otro camino, vayamos por la integración urbana”. Los vecinos y vecinas que entregaron la misiva al Arzobispo le rogaron que “interceda, que pida por la paz, la piedad y la dignidad de nuestros barrios. Necesitamos que el jefe de gobierno escuche la palabra de Dios y deje tocar su corazón por la misericordia, que nos mire a los ojos y nos vea como lo que somos: personas y no basura, trabajadores y no delincuentes”.

CARTA COMPLETA DE LOS VECINOS Y VECINAS DE VILLAS Y BARRIOS POPULARES AL ARZOBISPO JORGE GARCÍA CUERVA

Querido Cuerva, Estamos muy preocupados y le escribimos a usted buscando un canal de paz ya que no encontramos otra alternativa ante el dolor y la violencia excesiva que venimos sufriendo en las villas de la Ciudad de Buenos Aires por parte de la gestión del jefe de gobierno, Jorge Macri. Desde hace varios meses el G.C.B.A desarrolla diversos operativos de control policial bajo el lema "ley y orden".

Uno de los primeros lo vimos con Kravetz como ministro de seguridad de CABA, donde cientos de efectivos entraron a nuestros barrios con la excusa de combatir el delito y terminaron pidiéndole identificación a los vecinos, revisando a la gente que volvía de trabajar, y golpeando o llevando presas a personas inocentes. Después vimos con mucha tristeza los llamados operativos "de limpieza". El jefe de gobierno mostró con orgullo en sus redes sociales las fotos del "antes y después" en donde la basura era una persona durmiendo en la vereda y lo limpio era el lugar vacío.

La situación continuó con un desalojo por día bajo la bandera de "recuperar la propiedad privada" dejando a familias enteras en la calle sin ninguna respuesta habitacional, bajo amenazas, tirando gases lacrimógenos y golpeando a familias enteras en presencia de niños, ancianos y personas con discapacidad.

A esto se suma el hostigamiento permanente a los trabajadores informales, como los vendedores ambulantes y los recicladores urbanos, a quienes les incautaron la mercadería y les secuestraron las herramientas. Estos operativos se hacen frente a sus hijos, que lloran al ver cómo sus familias se quedan sin su única fuente de ingresos. Para colmo, para recuperar sus herramientas les piden multas de cientos de miles de pesos. ¿No es sumamente desalmado sacarle a alguien lo poco que tiene para trabajar? ¿Cómo puede una persona juntar esa plata viviendo al día? La violencia económica y alimentaria parece no tener límite: en las villas no paran de cerrar comedores, merenderos y dieron de baja cooperativas de barrido y de cuidados de infancias, cuyos sueldos de los trabajadores son más bajos que un salario mínimo.

La crueldad no termina ahí. En la Villa 31 todos los días cierran comercios de subsistencia, desalojan familias y bloquean accesos de calles con pilotes con el plan de Jorge Macri que "no va a dejar que sigan creciendo las villas". No se trata de un problema de construcción, esto es riesgo de vida y discriminaciòn directa: no pueden circular las personas en sillas de ruedas y no pueden ingresar ambulancias ni bomberos.

La persecución policial se cobró la vida de Juan Gabriel, un vecino de Villa 20, que celebraba el nacimiento del Niño Jesús cuando un policía de la ciudad le quitó la vida al intervenir ante un conflicto entre vecinos, en un operativo con una cantidad de agentes desproporcionadamente alta.

El jueves pasado sufrimos el operativo "Tormenta Negra" de forma simultánea en 15 barrios con un despliegue de 1500 efectivos de las fuerzas de seguridad bajo la excusa de combatir el narcotráfico. Las detenciones por comercialización de drogas fueron insignificantes pero la agresión hacia los vecinos fue muy grande.

Entraron con topadoras a levantar puestos de ferias, cerraron locales de subsistencia familiar, requisaron brutalmente sin distinción y los chicos que jugaban en la calle tuvieron que correr a sus casas. Jorge Macri al referirse al operativo dijo “ninguna persona de bien tiene porque vivir con miedo, los únicos que tienen que tener miedo son los delincuentes” pero fueron nuestros hijos, nuestros vecinos, las familias que volvìan del club o tomaban mates en las veredas las que sufrieron el pànico.

Nos hicieron sentir ciudadanos de segunda, como si para el jefe de gobierno todos los que vivimos en un barrio popular fuéramos delincuentes. Estamos muy preocupados y angustiados, querido Monseñor. No nos merecemos esto. Quienes vivimos acá somos personas honestas y trabajadoras. Queremos lo mismo que cualquier ser humano: que nuestras familias tengan un plato de comida en la mesa, que nuestros hijos tengan sueños y sentirnos honrados por quienes somos y por lo que hacemos,que nuestros viejos puedan pasar al Reino de los Cielos tranquilos, sin la angustia de pensar qué va a pasar con sus nietos, que las personas en situación de calle reciban ayuda y no desprecio, y que nuestros discapacitados reciban el amor que Dios puso en nuestros corazones para cuidarlos. No sabemos cómo seguir viviendo si no podemos trabajar, si no podemos circular o ni siquiera podemos esperar una ambulancia si nos pasa algo.

Tenemos miedo y necesitamos piedad, la misma piedad que Jesús tenía con los más postergados. Necesitamos un Arzobispo que interceda, que pida por la paz, la piedad y la dignidad de nuestros barrios. Necesitamos que el jefe de gobierno escuche la palabra de Dios y deje tocar su corazón por la misericordia, que nos mire a los ojos y nos vea como lo que somos: personas y no basura, trabajadores y no delincuentes.

Lo abrazamos con fe y esperanza. Los vecinos y vecinas de los barrios populares de la Ciudad.

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