#8N: Nadie sabe bien para qué sirve
Una multitud de gente acudió a la convocatoria denominada vaya a saber por quién como 8N. No solo lo hizo en la Ciudad de Buenos Aires sino que también se expresó movilizada en distintas provincias de la Nación e inclusive, en otras partes del mundo. Para cualquier amante de la democracia participativa y de la movilización, la misma fue inobjetable. Abultada en cantidad, diversa en la geografía. De carácter clasemediera en general con toques de alta y de baja depende de las zonas. Una cuestión que no entraremos en este análisis es cuantificar la misma, en principio por lo reciente del hecho y porque la cantidad de gente fue mucha: fue una manifestación demasiado importante. Lo que hay que analizar es cualquier otra cosa menos su número que denota contundencia.
Fue curioso ver en algunos partidos del gran Buenos Aires, tanto de zona norte como del oeste y del sur, que miles de personas se volcaran a la calle con reclamos. Nadie desde la política o sus tentáculos en la Provincia anunciaba la convocatoria en ninguno de esos partidos, pero existieron y en mucha mayor proporción que en la convocatoria de septiembre. Es cierto que en Olivos ahora gobierna Jorge Macri y goza de un aliado vital como el vecino clan Posse de San Isidro, pero la gente que metió presión en el distrito de la residencia presidencial fue sin duda una grata sorpresa para quienes la promovieron. Quizás el gobernador de la Provincia, Daniel Scioli, o el taquillero Sergio Massa salieron fortalecidos en esta movida contestataria que apuntó de manera excluyente ?políticamente hablando? a la figura de la Presidenta Cristina, de su vice Amado Boudou y del secretario de Comercio, Guillermo Moreno.
Sin embargo, y entre líneas, más allá de la convocatoria que siempre negaron el Pro, el radicalismo, el FAP y casi todas las fuerzas no oficialistas declaradas, la misma estuvo. Fue tan impactante como prolija en la Ciudad de Buenos Aires, en donde el Pro movilizó a sus militantes como nunca en su breve historia política y, sin embargo, únicamente el rabino Sergio Bergman se mostró ante los medios y la gente. Justo uno que no es del palo y casi inimputable. Cumplieron a rajatabla la consigna de no llevar identificación y se movieron en el marco de armonía y tolerancia que los caracteriza cuando les conviene.
Qué decir del oficialismo K, que permitió ?a pesar de la crítica continua por parte de sus opositores acerca de una supuesta falta de libertades? la movilización de cientos de miles de argentinos sin ningún altercado de importancia a lo largo y ancho del país. No ejerció la provocación en ningún momento (raro Icazuriaga), aunque con muy poco tino decoró la Capital con carteles que acusaban a la convocatoria de golpista. Para peor, el mismo incluía al sindicalista Hugo Moyano, socio emblemático en los dos primeros tercios de los mandatos K, los de mayor crecimiento. El periodista Mario Wainfield, en una columna televisiva en Canal 9, afirmó que ?golpistas pueden ser los cuarenta inadaptados que van a Comodoro Py cuando se condena a un represor? dando por sentado que la inmensa mayoría de movilizados jamás podría tener esa impronta. Testimonios tomados en la calle reflejaban que muchos manifestantes habían votado a Cristina en 2011 y, por otra parte, que su realidad con el golpismo tenía poco en común.
La acusación fue un desliz de la inteligencia gubernamental en la línea histórica de que todo lo que puede favorecer a Héctor Magnetto, un golpista histórico por interés, conlleva a esa misma posición a quienes protagonizan una movida de este alcance. Sería muy triste que el Gobierno nacional se refugiara tras esto en su tarea de defensa de sus ideas y de negación de la realidad, y no registrara que algo está pasando en la sociedad. Que si esto no impacta en los resultados políticos es por la pobreza franciscana de sus opositores y no por los ?aciertos maravillosos? que Fernando Braga Menéndez le enrostra a la población (como si de él fueran) a partir del 54% obtenido en los últimos comicios. La inmensa mayoría de los participantes del 8N no son destituyentes: son gente que piensa diferente y sufre de manera distinta la realidad confrontada al relato que pregonan Braga, 678 y otros.
Hay personas a las que les va mejor pero hay otras que les va peor. Y no son todos ricos los que vimos ayer en el 8N. No todos viven en Lomas de San Isidro, Pilar o Puerto Madero, como sí lo hacen muchos dirigentes de este gobierno. Hay que admitir que la plata ya no rinde como antes (¿será la inflación? Oh, ¿hay inflación?), que los puestos de trabajo van cayendo por goteo ahora pero en cualquier momento empieza la masacre laboral, y que la situación internacional no nos tiene como los winners planetarios sino defendiéndonos como podemos, como todos. Es la realidad, y no hay que retroceder de lo bueno sino sumar nuevas ideas. La gente que se movilizó pide que no roben, que haya trabajo estable, justicia para todos y mucha más seguridad. No es tan complicado ver esto. El Gobierno piensa de modo optimista que no puede haber ?políticamente? mucha continuidad en esta metodología de protesta ya que la gente dice basta pero después quiere soluciones. Y por otro lado no hay, o no le llega. Pero pensar así desde el poder con el pueblo movilizado es mezquino, no eran solo los dueños de Techint y Clarín los que, enfrentando el calor, protestaban: eran cientos de miles de argentinos.
El último párrafo es para la oposición. Convocan pero no. Nos unimos pero no. No podemos con nada y siempre la culpa la tiene el otro. Pocas propuestas y mucha queja. Siguen lejos del poder. Hay un Scioli (ahora con careta K) delante de todos ellos y solo los puede salvar que lo mate Cristina antes de 2015.
Se juntan Macri y Cristina (vía Kiciloff) para la restricción de las ART en el Congreso, consensúan temas en la Legislatura como Mercado del Plata, Solares de Santa María, Centro Cívico en Barraca y Centro Logístico de Cargas contra los terrenos de Pro.Cre.Ar en tierras ferroviarias para viviendas sociales. Desarrollo, diálogo y consenso. Todo muy cool. Pero sigue faltando la política y sobrando los negocios para todos.