Todo por dos partidos
Pese a la apatía de la gente hoy se vive, en la política, un momento idealista. Algo así como la autonomía de la política burguesa. El diario La Nación en su edición matutina del 18 de febrero, dice con cierto escozor que hay 700 partidos políticos en la Argentina... Y afirma que "pese" a la apatía de la gente los hay. Podríamos reformular la indignación o la impresión desolada, y decir: es al revés, "por" la apatía de la gente se vive ese "descontrol" orgánico de cientos de partidos.
Si a la gente (no importan acá las mil razones) no le importa la política, bueno, quienes sí, se organizan alrededor de ese vacío, o de esa oportunidad de saltar. Miles de pequeños frentes y partidos que intentan captar en un océano su sintonía fina con el humor social.
Cuento una anécdota. Me tomo el 150 en Congreso, hará por lo menos 3 años, y me siento junto a un joven mas joven que yo, que tenía en sus manos unos folletos de la UCR, muy bonitos, en los que se veía la entrañable cara del viejo Illia. Uno de esos folletos era directamente el de un programa de formación política. Lo empecé a mirar, lo miré a él, y antes de que piense de que se trataba de la mirada inquieta de un simple bufarrón, le pregunté qué era. Él me contó que desde hacía un tiempo militaba en el partido centenario (al que me unen, debo confesar, lazos de afecto irrenunciables), y que participaba de un seminario de formación política en el Comité Capital, en la calle Tucumán. Le pregunté si era por tradición familiar, me dijo que no. Que no tanto, que él era de Lugano, y que su familia era mas peronista. Un peronismo silvestre, digamos. Pero lo mejor, lo mejor, fue cuando me expuso su lógica. Me dijo que él se afilió, contrera incluso -lo dijo ahí- del deseo de su familia, porque pensó: "si el radicalismo es el partido que peor está, entonces, si yo me meto ahora, tengo mas posibilidades de subir para cuando el partido vuelva, o sea, voy ascendiendo para cuando vuelva al poder estar bien arriba..." Digamos: el tipo no era un idealista, aunque sí un pragmático confeso que hizo trizas mi "buena onda", y que estaba (lo estará hoy) aferrado a la ilusión bipartidista, y consideraba tan coyuntural la debacle radical que, cuando se reestableciera el equilibrio, él estaría ahí, estoico, dueño del orgullo de haber bancado la parada cuando nadie.
El bipartidismo es la bandera celeste que soñaron, sucesivamente, bajo el árbol frondoso nacional, tanto Alfonsín, como Chacho Álvarez, como hoy Kirchner, es decir, los mejores de este orden democrático. La discusión podría ser inversa, y en vez de preguntarse cómo revivir desde arriba las condiciones de existencia de dos partidos, reformularla en: ¿qué es lo que nos "condena" a vivir una democracia de partido único?, ¿qué es lo que hace que exista un partido político, mas allá de la comunión por la competencia electoral? Natanson decía hace poco: la misión radical, a mas de 20 años de democracia, se cumplió. Linealmente, la misión peronista, entonces, no alcanzada la "justicia social", aún está pendiente.
¿Habría hoy un sector o clase que debiera emerger, ocupar, la escena pública? Esa es la explicación mas didáctica del radicalismo y el peronismo. ¿Cuáles son las formas en las que la sociedad hoy permite ser representada? En el medio del caos metropolitano que domina al país, no como sueño, no con alegría, con la brutal consecuencia de muchas cosas, como futuro posible, una democracia de partido único sería la forma atragantada y poco sublime de vivir el orden democrático. O hasta que las razones porque exista "otro" partido sean mas profundas que el repentino idealismo que tiene a los eternos 100% lucha, como el Coti, en sus filas.