Iride Mockert: “En estos tiempos, el teatro es un espacio sagrado”
El estar en Espectros tiene una historia. Mariano Dossena iba a presentar tres obras al Centro Cultural de la Cooperación, Espectros, Seis personajes en busca de un autor y Esperando la lluvia. De esta última, había hecho una adaptación. Pablo Silva, productor de Mariano, me llama para preguntar si tengo el texto porque ?Dossena va a presentar este proyecto. De paso, ¿querés tener una entrevista con él? Estaría bueno que participes de la obra?. Le dije que sí y Mariano me dice que van a presentar la carpeta. Al mes me llama y me dice: ?No eligieron Esperando la lluvia pero pensé en vos para un personaje en Espectros, que aceptaron?. Para hacer a Regina en Espectros, cambié algunas cosas. Yo era de improvisar las escenas y después ir al texto, pero con Marat Sade, Marathon y Espectros me encontré con lo opuesto: montar el texto en el orden que va, desde el principio al final. Se avanza con la puesta y después se va aceitando lo actoral. Regina fue y es un desafío porque no es el tipo de perfil de personaje que suelo actuar, más catártico, de ir al frente. Así, me encuentro con una mujer que brega por su felicidad y su libertad, que se rebela pero todo es de modo solapado y no tan expeditivo. Me costó bastante pero está bueno el generar otra cosa y la búsqueda misma de cada personaje.
Está bueno restrenar Espectros. Nosotros pensamos otras cosas y hay menos tensión. Además, era una incógnita respecto al público. Decíamos: ?¿Quién va a venir a clavarse un viernes o un sábado a las 23, a ver un Ibsen??. Pero, por suerte, la gente está viniendo y se agotan las localidades. Ahora estamos solo los sábados porque el teatro ya había programado otra obra. Estamos viendo de seguir o cambiarnos a otro teatro. La verdad, es una pena porque nos encanta hacerla. Espectros tiene una dirección abierta de la mirada de Mariano. Hay mucho humor y la gente se engancha con esas partes, ¡las reacciones que tiene la gente! La otra vez, una señora gritó: ?¡Son hermanos!?, y se empezó a reír toda la platea. Estábamos con Ingrid Pelicori y Walter Quiroz, los tres en escena, respirando para no tentarnos. Yo tenía que hablar y me decía: ?¿Cómo salgo de esta??, pero la reacción de la gente fue genial. Eso no me lo olvido más.
Impasse 1: Una Coca y un par de facturas acompañan la charla con Iride en el patio de su casa mientras Pochi, una gatita azabache, juega con este cronista. Iride es pasional, de personalidad arrolladora y lo muestra en la charla.
Aburrimiento chair llegó medio de sopetón. Al principio, había dicho que no porque no me veía en el personaje. En el texto era diferente y no tiene nada que ver con lo que hago ahora. Primero, no había tanto texto y era otro personaje, más naif, con una onda Nicole Kidman, tirando a vedetonga y ¡yo no doy para eso! Juan Gómez, el director, me quería poner una peluca y que hiciera un acento ruso pero no me veía. Tuvimos una reunión acelerada porque se estrenaba la obra en una semana. Mi primera impresión fue decir ?no? y hasta llamé a una amiga mía para el personaje pero ella no podía tampoco. Me dijo de probar y yo fui con las propuestas que tenía en la cabeza. Había pensado que el personaje fuese español y, al principio, fue hacerlo medio porno-bizarro. En los ensayos nos divertimos mucho y sentía que estaba en Todo por dos pesos, bizarreando a morir. Después Juan se encargó de cortar las cosas. Me divierte mucho hacerla. Es pensar: ?Qué bueno que la gente se divierta con algo que uno hace y también se divierte?. La gente se copa y te retroalimenta para desarrollar lo que estamos haciendo, lejos de buscar el chiste. Somos muy respetuosas de la obra.
Maruja Bustamante es una persona muy importante en mi vida. Amo su arte. Es el teatro que quiero hacer. Son los textos que me gustan y quiero actuar. Mezclan poética, humor y surrealismo, con un toque mitológico ¡Lo feliz que fui haciendo de Olivia en Adela está cazando patos o la Polaca en Paraná Porá! Es como mi hada madrina. Con Maruja había laburado en Catch, de Muscari. Ser Olivia en Adela fue lo máximo y estaba feliz. Para mí fue lo máximo. Con Marat Sade fue muy loco. Hice esos castings generales del San Martín y me lo tomaron Villanueva Cosse y Alicia Zanca. La cuestión es que ?Villa? viene a ver Adela y dice que me iba a tener en cuenta para Marat Sade ya que ?daba de loca?. Me llaman para una entrevista con ?Villa? y él me dice ?A ver, nena, acércate?Sí, sí, me das de loca. No te cortés el pelo?. No lo podía creer. Marat Sade fue genial. En las primeras funciones, con muchos de los chicos del elenco, llorábamos de emoción porque ?estábamos en el San Martín?. Fue un aprendizaje de la hostia y un regalo de la vida.
Impasse 2: Iride recuerda la influencia de sus padres (Jorge Mockert, compositor y músico, fallecido en 2008, y Marcela Sabio, actriz y compositora) con agradecimiento y emoción. Es de esas chicas que tienen el sabio equilibrio de combinar sensibilidad y fortaleza.
Soy música y actriz, ambas cosas. Empecé a tocar el oboe porque quería estudiar arpa y no había arpa en la escuela donde iba a estudiar. Estaba entre el oboe, el saxo y el cello. Mi mamá me recomendó el oboe porque no lo toca mucha gente y es dulce. Con el oboe llegué a un amor patológico, de dormir con el instrumento. Me lo prestaba la orquesta porque era muy caro. Recién lo pude comprar a los dieciséis. Así toqué con Rodolfo Mederos cuando fue a Santa Fe por un encuentro con músicos en un cruce de lenguajes. Éramos un octeto, él, dos oboes, un clarinete, violines y algo más. Tocamos tango y estuvo genial. Después toqué con Virginia Tola y, una vez, al aire libre, con la orquesta juvenil de Tucumán. Éramos cien músicos haciendo Star Wars. Sentía que estaba volando por la galaxia. Los metales que tiene esa partitura levantan como piña?y no me lo olvido más.
El cine es maravilloso. Al filmar, uno entra en otra realidad. El tiempo que dura un rodaje vivo en otra galaxia. Luego uno vuelve a la realidad, y es duro, pero lo vivido no tiene comparación. Cuando fui a Cerro Colorado, a la tierra de Atahualpa, a filmar El dedo, fue maravilloso. Con Andrés no quiere dormir la siesta filmé en Santa Fe, mi ciudad y, en medio del rodaje, apareció mi familia a espiar. Fue un regalo de la vida. También pienso en lo importante del arte como medio transformador de la realidad. El comunicar, plantear pensamientos y cuestionarlos así como abrir ideas y acciones. En una época de incomunicación a pesar de los avances tecnológicos, de alienación, y donde el contacto se ha ido perdiendo, el teatro, por ejemplo, es un espacio sagrado. Cada función es un acto irrepetible. Se emprende un viaje con los espectadores de encuentros y desencuentros, donde el otro completa los signos que vamos entregando. Fui a ver Mateo y salí maravillada del poder de un texto y su reactualización. Tan vigente en lo que plantea y tan intensamente actuada. Agradecí que el espectáculo sembrara en mí interrogantes y pensamientos nuevos, además del disfrute.
Espectros. Centro Cultural de la Cooperación. Sábados, a las 23.
Aburrimiento Chair. Camarín de las Musas. Jueves, a las 21.