El cuentapropismo de subsistencia marca la nueva realidad laboral
La Argentina atraviesa una disociación cada vez más profunda entre los indicadores macroeconómicos que se celebran desde el Gobierno y la realidad cotidiana que se vive en el día a día. En ese contraste, varios analistas observan un proceso de deterioro gradual: el empleo que se crea nace con más fragilidad, los costos fijos se vuelven cada vez más difíciles de sostener y el sistema de pagos empieza a mostrar señales de tensión.
En ese marco, hay un fenómeno que crece con fuerza: la precariedad como rasgo distintivo del mercado laboral actual. Si bien hay sectores que intentan ver una mejora o un “repunte” hacia adelante, el modo en que esa recuperación se expresa en la calle aparece, para muchos, atravesado por la informalidad y por actividades que permiten apenas llegar a fin de mes.
La expansión del trabajo independiente de subsistencia se ve reflejada en el crecimiento de actividades como la venta de comida callejera, los servicios de delivery y los ingresos generados desde casa a través de redes sociales o aplicaciones. En paralelo, se mantiene y se amplía el pluriempleo: cada vez más personas, aun estando empleadas, necesitan sumar más de un trabajo para cubrir sus necesidades básicas.
Este panorama se agrava por un factor estructural: los costos fijos para la clase media se han movido a una velocidad que complica cualquier proyección. En particular, se menciona el fuerte aumento de las expensas en la Ciudad de Buenos Aires, descritas como un “segundo alquiler”, con su correlato inmediato en el incremento de la mora.
En el sistema financiero, la situación se vuelve aún más delicada. El texto advierte sobre un aumento relevante de la mora bancaria y de indicadores como los cheques rechazados por falta de fondos. Aunque el porcentaje informado puede parecer acotado, la comparación interanual -se remarca que es el doble que hace un año- funciona como señal de alerta sobre el funcionamiento de la cadena de pagos.
Finalmente, frente a este cuadro, se incorpora la mirada de la Unión Industrial Argentina (UIA), que proyecta algún repunte sectorial tras una caída durante el primer trimestre. Sin embargo, el cierre insiste en la idea central: por debajo de los discursos y los números oficiales, la economía real -del “rebusque” cotidiano y los cheques en mora- estaría operando al límite de su capacidad.