Publicado: 07/03/2026 UTC Nación Por: Redacción NU

El anarcocapitalismo como edición corregida y ampliada de la última dictadura

Por Jorge Falcone. Especial para Noticias Urbanas.
El anarcocapitalismo como edición corregida y ampliada de la última dictadura
Redacción NU
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dictadura

1976 - 2026: Del genocidio represivo al genocidio social

“El genocidio es una construcción social que se va armando en el tiempo (…) La agresión no se inició el 24 de marzo, ni terminó con la llegada de la democracia”.

Daniel Feierstein “Seis Estudios Sobre el Genocidio”, EUDEBA 2007.

A la hora de repensar la naturaleza y el saldo de la última interrupción institucional que sufrió la República Argentina, a nuestro criterio correspondería hacerlo destacando algunos datos no menores:

En primer lugar, el golpe militar más sangriento de nuestra Historia tuvo un prólogo que viene siendo mayormente escamoteado en el debate sobre esos años, en tanto fue en noviembre de 1974 - bajo la vigencia del orden constitucional - que la oficialidad de nuestras Fuerzas Armadas volvió a asistir a reuniones organizadas por la CIA; entre febrero y octubre de 1975 se adoptó un paquete de medidas aprobadas por el gobierno de María Estela Martínez de Perón, que planteaban la decisión de “aniquilar a la subversión” (verbo que muchos políticos demoliberales han venido intentando reinterpretar en forma antojadiza y a contrapelo del significado que le asigna el diccionario); y, consecuentemente, a mediados de ese año tuvo lugar el primer gran shock inflacionario - bautizado “Rodrigazo”, en honor al Ministro de Economía de entonces -, correlato local del tránsito de un capitalismo industrial y productivo a uno financiero y especulativo, resistido a brazo partido por las comisiones sindicales de base.

En segundo lugar, corresponde no soslayar que, desde la recuperación del orden constitucional vigente, el contrato social propuesto por el alfonsinismo en materia de derechos humanos, sintetizado en la consigna Nunca Más, siempre supuso tanto una impugnación al proceder de los genocidas como al accionar de quienes resistimos con todas los recursos a nuestro alcance contra el régimen de facto, criterio que cimentó la discutida pero resiliente Teoría de los Dos Demonios.

Y, en tercer lugar, también cabe asumir que desde el fin de la dictadura hasta la fecha, calificados exponentes de los grupos económicos que sponsorearon aquel baño de sangre continúan viajando impunemente en los charters presidenciales de esta “democracia de la derrota” (Horowicz dixit)

De modo tal que, ganando perspectiva, hoy puede considerarse que la última dictadura logró despojarnos de un valioso patrimonio de lucha (repliegue del pensamiento estratégico, erosión del sentido de solidaridad, mengua del rigor organizativo) que nuestro pueblo había acumulado durante casi dos décadas.

El genocidio perpetrado atentó pues contra la materialidad y la subjetividad de los argentinos, puesto que hubo que desaparecer alrededor de 30.000 personas para hacer desaparecer luego el plato de comida de la mesa de las grandes mayorías. La democracia de baja intensidad que sobrevino en 1983 inauguró un período tácitamente acordado entre la clase política y los genocidas en retirada, status quo sólo cuestionado a fondo durante el Argentinazo de 2001.

De manera tal que los campos de concentración nazis o las dictaduras de los setenta en Nuestra América mostraron los extremos a los que llegó el poder para controlar la vida, seleccionando personas que debían ser exterminadas para evitar la contaminación racial o la disidencia política. ¿Por qué importa volver sobre estos dispositivos del siglo XX? Porque, en plena ofensiva de las nuevas derechas y la existencia de Estados cada vez más permeables a las corporaciones, esos genocidios brindan pistas para entender el drama actual: una forma nueva de ejercicio del poder, que se reseteó durante la pandemia y que no sirve nombrar como nazismo, fascismo o dictadura ni siquiera en términos metafóricos.

En repetidas ocasiones hemos sostenido que, a nuestro modo de ver, el régimen anarcocapitalista que impera en Argentina desde diciembre de 2023, cuyo acceso al gobierno facilitó grandemente el desempeño de los gobiernos que con mayor o menor tino circularon por la Casa Rosada a partir de 1983, constituye la fase superior del Proceso de Reorganización Nacional. Sin lugar a dudas, se nos impone fundamentar semejante afirmación.

Como se recordará, en su alegato durante el Juicio a la Junta de Comandantes, el Almirante Emilio Eduardo Massera adujo “haber ganado la batalla militar pero perdido la ideológica”. Pues nosotros opinamos que Javier Gerardo Milei, además de terminar de desguazar el Estado - Nación, viene a cumplimentar aquel objetivo que quedó pendiente a los genocidas, ahora bajo el nombre de Batalla Cultural.

**Se trata de un poder que no mata directamente, sino que elige qué vidas proteger y qué vidas desechar y dejar morir. De modo tal que el exterminio masivo dio paso a modalidades más difusas de desaparición de personas, como las redes de explotación laboral o sexual. Y esto no significa que los Estados hayan abandonado sus políticas represivas y punitivas, sino que ahora las ponen al servicio de una estrategia más sutil **aunque igual de letal: librar a su suerte a cientos de millones de personas pobres, quienes morirán de hambre, enfermedades curables o víctimas del tráfico y extenuación de sus cuerpos.

¿Dónde están los cortafuegos para la destrucción en curso? Las salidas suelen ser inesperadas y llegar desde los márgenes, ahí donde se trabaja para proteger la diversidad de la vida. El momento exige ver con lucidez la catástrofe política y social, y sostener redes de organización y acción colectiva contra un poder que nos quiere aislados unos de otros.

Como reza el dicho popular, “no está muerto quien pelea”, y vaya si en Argentina no lo están haciendo desde sindicatos consecuentes que rebasan la conducción de las burocracias sindicales hasta asambleas socioambientales que no dan tregua al extractivismo, colectivos a los que cada vez se acercan más desencantadxs de los cantos de sirena libertarianos.-

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