Publicado: 06/02/2011 UTC General Por: Redacción NU

"Me sigue estimulando el abismo"

Llega una puesta de culto en España. Muy simple y directa, "La historia del señor Sommer" es un hermoso cuento de Patrick Süskind, corporizado en el actor Pep Tosar. “Es imposible hacerlo con el piloto automático”, asegura a NU el español.
"Me sigue estimulando el abismo"
Redacción NU
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"La historia del señor Sommer la estrené cuando tenía 33 años, allá por el 93, 94. Después de algunos años de experiencia, de trabajar con compañías, deseaba conocer la experiencia del trabajo en solitario. Entonces, sin prisa pero sin pausa, anduve buscando en ese tiempo un texto que fuera adecuado para mí. El azar, digamos, puso en mis manos este textito de Süskind, a quien ya conocía por su novela El perfume."

"El espectáculo es exactamente el mismo que el de la primera vez que lo hice. Quiero decir, a lo largo de los años, por motivos físicos, digamos, el único que no es el mismo soy yo. Tengo una energía distinta de la que tenía a los 33 años y el espectáculo reclama la misma. Intenté recalificar la energía hacia otro lugar más abordable, pero es imposible. Le toco algo y deja de funcionar. El espectáculo está construido sobre las bases que se hicieron en su momento. También puede estar relacionado con que Señor Sommer fue el primer encuentro entre el director y yo. Luego vino una serie de largos años de trabajo en común. Los supuestos aciertos del espectáculo están en la comunión de estas dos energías, que se juntaron de manera muy fácil. El espectáculo sigue siendo el mismo. Parte de la ropa es la misma. Sigo llevando los mismos tirantes y la misma corbata."

Impasse 1: Llegamos al Belisario en un momento particular, cuando actor e iluminador están armando minuciosamente el escenario para la función del día. Ese detrás de escena nos lleva a la obra armada. Pensamos en eso, cuando se acerca Pep para saludarnos.

"El año pasado, en la sala que dirijo en Barcelona, tuve ocasión de programar un espectáculo de aquí, Pedir demasiado, dirigida por Guillermo Ghio. Él la dirigió con una compañía catalana y la estrenaron en Buenos Aires hace un par de años. Después lo presentaron en Barcelona. Ahí es cuando lo conozco a Guillermo. Ellos hacían su espectáculo, y yo, el Sommer. Guillermo lo vio, le gustó y me dijo de traerlo aquí. Arreglamos un par de fechas en el Belisario por lo que ¡todo es culpa suya! Mi expectativa es poder llegarle a un público al que conozco sólo de oído, no por experiencia. Espero estar a la altura de las circunstancias. El teatro argentino tiene el listón muy alto. Confío en el espectáculo, que, sin ser realizado desde el género comercial, conjuga la ironía y la ternura de Süskind desde la literatura, de forma magistral."

"El espectáculo se ha vuelto de culto. No está bien que lo diga yo, pero es así. ¡Y la verdad es que no sé el porqué! Cuando repongo el espectáculo en España, hay gente que ya lo ha visto más de una vez. Es notable porque el público ya anticipa la situación y todo. Creo que hay algo en el texto muy identificable para todo tipo de público. El personaje rememora en el presente una experiencia vital por la que todos hemos pasado; más allá de nuestra condición, los pobres, los ricos, todos la hemos pasado, que es el abandono definitivo de la edad juvenil. El traspaso a la adultez.
El minuto siguiente de bajar de escena aquí no tiene nada que ver a cuando tú trabajas en una compañía o en alguna obra en la que compartes la responsabilidad. El minuto siguiente es un instante que está fuera de mi control. Necesito después estar diez o quince minutos solo, en el camarín, para bajar el globo que tengo en la cabeza. El Sommer son 95 minutos sin parar, de explosión física y psíquica. Para mí es comprobar una y otra vez que es imposible hacer este espectáculo con el piloto automático. O recorres cada segundo del espectáculo como si fuera la primera vez o no lo haces. El cerebro necesita un tiempo de aterrizaje porque la carrera es muy veloz durante esos 95 minutos. Pero bueno, es la única obra que hice por tantísimo tiempo. La sensación es como la del mar: hay que respetarlo mucho para que no te juegue una mala pasada, pero es muy placentero. Disfruto mucho cada vez que la hago, pero cada representación me recuerda que no le tengo que perder el respeto."

Impasse 2: Nos sentamos con Pep en las butacas que a la noche estarán ocupadas. El ruido del teatro vacío tiene su encanto y su aura. Después, el actor posa para las fotos en la calle Corrientes, bajo un calor abrasivo.

"Mi abuelo era el segundo de cinco hermanos. Los dos mayores tenían una especie de compañía de teatro, con la que vinieron a Buenos Aires. Esto ocurría en el año 1900. Tres hermanos trabajaban de verdad y los otros dos tenían el teatro. Mi abuelo volvió a Mallorca y los otros quedaron aquí. Recuerdo cuando era chico y lo veía a mi abuelo recitar trozos de las obras que hizo aquí. Me impresionaba mucho por su voz y su presencia. Un actor de carácter. Imagínate lo que era para mí, despertarme y verlo al lado mío ensayando lo suyo. También recuerdo mucho mi primera experiencia como público, a los 11 años, en un pueblo pequeño. Se apagaron las luces y aparecieron personas en el escenario contando varias historias conocidas. Creo que hay algo determinante en estas experiencias."

"El hecho es que soy un actor que, con el tiempo, desde que estrené el Sommer, me dedico, en el 80 por ciento, a trabajar en mis propios proyectos. Soy un actor vocacional al que le gusta el trabajo. Me encanta estar en una nueva situación, en un nuevo espectáculo, en el punto cero, en donde no sabes qué día tienes que estrenar. Ese desafío, ese susto, ese abismo, sigue estimulándome y es una forma de pasar a la eternidad."

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