La historia secreta del acercamiento Macri-Lavagna
Mauricio Macri venía diciendo que la oposición no debía “amontonarse” para enfrentar a Néstor Kirchner (o a su esposa) en 2007. Su asesor de imagen, el ecuatoriano Jaime Durán Barba, coincidía con él. “Si la idea que los une es destruir a Kirchner, es una mala propuesta, sobre todo ante un Presidente con buena imagen como el que ustedes tienen”. Pero de golpe, todo cambió.
Macri apareció, durante la última semana, convocando súbitamente a un frente opositor, después de que sus legisladores más cercanos compartieron una comida –que pretendía mantenerse en secreto- con Roberto Lavagna.
¿Qué pasó en el medio, entre ambas posturas públicas de Macri? ¿Por qué el ingeniero cambió de idea? Para complicar aún más las cosas y antes de avanzar, digamos que su aliado en PRO, Ricardo López Murphy, decidió, en medio de la confusión, lanzar su candidatura a Jefe de Gobierno, en una movida cuestionada hasta por los más ideológicamente afines de su espacio.
"Su lanzamiento fue una fantochada; Ricardo supone que está en las mismas condiciones de 2003", le dijo a este portal un diputado cercano a López Murphy. Los peronistas con Macri, que detestan al economista por su antiperonismo militante, dicen cosas similares y peores.
La movida del líder de Recrear, además, sucede cuando Macri está indefinido públicamente e intimimamente. Nadie sabe, ni él mismo, si será postulante a Presidente, a Jefe de gobierno o a Gobernador de Buenos Aires. Puertas adentro del macrismo, se libra una lucha política feroz entre los que están por que juegue en la Ciudad y los que lo quieren ver en la liga mayor, enfrentando a los K.
En tanto, Lavagna, su aliado potencial, está decidido a ser candidato presidente o a nada. Esta decisión, a diferencia de Macri, es inamovible para él, aunque todavía no la haya hecho pública.
Es obvio que si Lavagna no resigna su postulación presidencial y se alía con Macri, el ingeniero debería jugar en la Ciudad o en la Provincia. Lo de la Provincia surgió ahora pero es una idea vieja. Los sondeos favorecen al ingeniero en territorio bonaerense, fogoneado por la popularidad que siempre le dio Boca.
Pero veamos cómo fueron realmente las cosas entre Macri y Lavagna.
BOMBA NEUTRÓNICA
Macri tuvo que cambiar de idea súbitamente y tomar el toro por las astas, forzado por sus legisladores –todos partidarios de que juegue políticamente en la Ciudad-, que le organizaron una comida, que pretendía ser secreta (para Macri también) y que terminó haciéndose pública.
Los que estuvieron allí fueron Diego Santilli, Gabriela Michetti, Marcos Peña, Santiago de Estrada y Eugenio Burzaco. El que invitó al mítin político-gastronómico, cinco días antes de concretarse, fue el operador lavagnista, Pico Estrada, que es, a su vez, primo de Santiago de Estrada. La idea de no contarle a Macri fue de Burzaco; los demás, la compraron.
Pero ¿no era obvio que Macri se iba a enterar? No tanto: ya había habido otro acercamiento previo y similar de macristas con el ex ministro y el ingeniero no se había enterado previamente. ¿Por qué debía suceder esta vez? Pero, como dice la ley de Murphy, si algo malo puede suceder, sucederá. Y así fue.
Una hora antes de la comida con Lavagna, uno de los macristas, quizá carcomido por la culpa o con dudas sobre el carácter reservado de la comida, llamó al empresario a su celular para avisarle lo que planeaban hacer. Demasiado tarde. Macri se enfureció. Se sintió desafiado; complicado en su liderazgo. “Si lo vuelven a hacer, ni se molesten en volver”, los maltrató en un encuentro privado, días después, cuando el mítin ya había sido publicado en todos los diarios y él aparecía diciendo que lo conocía de antemano (cosa que, en algún punto, era cierta) y aparecía, también, tomando la iniciativa y convocando, él, a Lavagna. ¿Es que acaso le quedaba otra salida?
“Es un infatilismo pensar que Lavagna no iba difundir un encuentro semejante en los medios”, fue otra de las frases que les dedicó el ingeniero, dolido. Recordemos que Macri ya había tenido problemas de liderazgo con su propia tropa, pocos días después de la tragedia de Cromañón, cuando su propio bloque terminó quebrado.
El punto es que la movida de sus pollos fue como una bomba en el espacio PRO, a pesar de que Macri trató de arreglarla apareciendo en los medios como el convocante a un polo opositor. Y más que eso, apareció en los diarios fijando condiciones a sus potenciales aliados. Léase Lavagna. ¿Por qué? Veamos: Lavagna será candidato a presidente o a nada; en eso coinciden todos los que hablan con el economista por estos días. Macri asegura que quiere discutir, pero sin que haya candidaturas preacordadas. Eso para Lavagna es imposible. El ex ministro no iría, por caso, a la Ciudad.
Ergo si, finalmente, las encuestas muestran que Macri va primero en intención de voto como candidato presidencial, como sucede hasta ahora (el empresario está por delante de Lavagna en todos los sondeos), y Lavagna no se baja, como es de prever, el empresario tendrá la oportunidad de mostrar que el ego del economista pudo más que los intereses del país. Y dejarlo mal parado o forzarlo a negociar o no negociar en absoluto, finalmente.
Más allá de esto, Macri, que sabe cómo fueron las cosas realmente, sintió la estocada en su liderazgo y esa marca no se le borrará tan fácilmente.