Con ambos partidos y sin diplomacia, Estados Unidos pelea por su obsesión geopolítica
Los Estados Unidos de América están manejados y financiados por gigantescos grupos financieros que se manejan de un modo corporativo y con una coherencia absoluta, que encuentran su origen hace décadas, y se pueden verificar en una batería de documentos que producen sus propios think tanks, que se transforman a partir de sus capacidades y tentáculos en las leyes que regularán la Nación, en las normas que serán propuestas en organismos internacionales y en las tácticas y estrategias militares de la primera potencia mundial. El objetivo de toda esta maquinaria es justamente mantener ese status global (el hegemón absoluto) ante el avance del mundo multipolar y una condición inherente a ese proceso es su carácter expansionista de manera continua en el cual eliminar a sus rivales -pares o casi pares- es el punto de llegada.
En ese devenir, con todas la idas y venidas, errores y aciertos, la única realidad es que Estados Unidos nunca aceptará dejar de ser quien tenga una posición dominante y para ello siempre está rodeando, atacando o conteniendo a sus tres principales rivales: China, Rusia e Irán. Forma parte de su arrogancia hegemónica, occidental, quizás heredada de la cultura anglosajona una vez que la doblegaron y la dejaron en el club de los “países captados” -en este caso de Europa Occidental- y que tampoco es contemplada dentro de los socios permanentes, una categoría también mentirosa en su discurso ya que directamente no existe.
Hay varias particularidades que son moneda corriente en este proceso que iremos detallando en este desarrollo por el que se desenvuelve el país norteamericano desde el fin de la guerra fría, continuándola luego con una guerra sucia en la que ha tenido los suficientes tropiezos que hoy la ponen en una situación de emergencia absoluta, casi sin tiempo, ya que en los próximos 10 años o quizás antes, ya no tenga ninguna posibilidad de mantener el control mundial, ni de frenar el avance multipolar en general y el de la República Popular China en particular.
Entre las cuestiones a los que nos tiene acostumbrado Estados Unidos en el presente es que ya decidió que los objetivos de su país están por encima del derecho internacional y lo poco que le importa ese rubro, en el cual también simulan una diplomacia como una búsqueda de paz y consensos, cuando en realidad la manejan como un arma más en todos los conflictos en los que están involucrados. Es la parte del combate en la que se muestran “buenos y tolerantes”, admitiendo la diversidad y “evitando las muertes” cuando tiene entre ojo y ojo a cada uno de sus rivales históricos. La diplomacia es también manejada de modo corporativo por los gigantes permanentes, siempre como herramienta de apoyo y de generar beneficios para la CIA, la NSA y toda la estructura militar de sus FF.AA. en búsqueda del debilitamiento, caída de regímenes o directamente destrucción total del objetivo (como Libia y la primavera árabe en general, como ejemplo).
Si hay algo que el mundo pudo comprobar en estos tiempos es que cualquier acuerdo o promesa que realicen los Estados Unidos siempre será violada, negada o tergiversada, con la particularidad que en la mayoría de los casos logran que sus circunstanciales “aliados” carguen con la culpa del “fracaso de las negociaciones y con el mote de traidores”. USA, que nunca será de fiar en ninguna negociación, tienen a partir del mainstream y su narrativa tendenciosa, los tribunales internacionales y sus redes de Organizaciones no Gubernamentales solventadas por fondos de inteligencia propios, además de los organismos internacionales –como la ONU- a los que solo acuden para avalar sus acciones cuando los relatos son invertidos, porque si no les sale bien el direccionamiento simplemente los ignoran. Ya ni los critican. Se les acaba el tiempo y lo saben.
Un buen ejemplo de este accionar, aunque hay decenas, fueron los Tratados de Minsk en los que Estados Unidos viendo que el ejército ucraniano ya no podía sostener el avance ruso en 2014, obligó a Alemania y a Francia a detener la catástrofe. Había que mentir y ganar tiempo. Hace dos años, la ex Canciller, Angela Merkel, reconoció esta maniobra y la CIA tuvo entonces ocho años para organizar desde la OTAN la formación y el equipamiento de las fuerzas armadas de Ucrania, haciendo hincapié en las formaciones nazis como Azov, que eran las mejores preparadas. Estados Unidos hoy pretende jugar de mediador en una guerra “que no es nuestra” dice Donald Trump. Nadie le cree del otro lado, Rusia no ha cambiado un ápice de sus objetivos al empezar la operación militar. Y seguirán así hasta concretarla. Lo único que no logrará es que Ucrania sea un estado neutral, eso no es viable, no lo será nunca, Estados Unidos encontrará siempre la manera de hostigar con lo que le quede a ese país para que Rusia siga siendo provocada, de cualquier manera y desde cualquier lugar, aunque esta vez los costes militares los pague Europa. Y quizás también sus consecuencias.
Con frecuencia, o cada vez que lo puede lograr, Estados Unidos usa a sus aliados para traicionar los acuerdos. En este caso estamos viendo como en el relato Israel “lo arrastró” a una guerra que no era de ellos. ¡Qué mentira! Israel, al igual que Ucrania, las monarquías de Medio Oriente, Europa, Corea del Sur o Japón son Estados capturados por la CIA y por el poder hegemónico financiero y liberal que pretende seguir gobernando el mundo. Y cualquiera de ellos podrá ser descartado o desechado cuando ya no aporten a la médula del objetivo. O simplemente entregados en una determinada circunstancia ya que su soberanía la habían depositado en el lugar equivocado, se la dieron a un estado depredador y no fiable. Lo estamos viendo ahora en las atacadas monarquías del Golfo, en Corea del Sur al que le quitaron sus sistemas antiaéreos y en Europa donde crece cada vez más el miedo a quedarse sola y sin tiempo.
Con la llegada de Trump al poder muchos pensaron que esta historia podía cambiar. Pero si no cambiaron los planes y los documentos geopolíticos, si no cambiaron los gigantes inamovibles que dirigen la economía más grande (y endeudada) del planeta y todo lo que hay que hacer para mantenerla. Poco o nada cambia en este país a la hora de defender lo conquistado y expandir ganancias y negocios. Tanto los republicanos como los demócratas van dando pasos coordinados en ese mismo rumbo, aunque con narrativas y personajes distintos, títeres de la misma obra. Pero no cambian los objetivos, siempre serán los tres. Irán, en este momento con mucho ruido y pocas nueces, Rusia a la que quieren acosar desde Ucrania (pero le salió al revés) y China viendo como le pueden alterar con estas guerras la Ruta y Franja de la seda, las vías marítimas de comercio y energía y la estabilidad en los estados circundantes.
Así, en esa secuencia, despejaron el corredor aéreo en Siria para que Irán estuviera más “cerca”, habiendo hecho una prueba piloto al atacar el Consulado en Damasco, mientras que la CIA proporciona inteligencia y armas para atacar la infraestructura energética rusa en su territorio. Los Estado Unidos entienden que alrededor de 2030 China alcanzará su independencia energética en el esquema actual y ese es el desafío mayor de Estados Unidos. Evitarlo. Para ello deberá lidiar con lo nuclear, con el carbón líquido y las energías alternativas y renovables, además de los oleoductos rusos y el petróleo de todo el mundo.
Los Estados capturados son las víctimas y el virus de la geopolítica estadounidense, funcionan todos como proxys cuando son necesario, pero no lo sospecharon hasta sufrirlo. Se creían protegidos, habían sido convencidos que servir a USA era lo mejor para su Estado y su pueblo. Creyeron en un país no confiable cuando era imperio único y muchos lo experimentan hoy de la peor manera. Esta obsesión norteamericana por la hegemonía mundial, nunca tiene socios duraderos y no terminará hasta que alguien la derrote y la haga retroceder. Mientras puede, como ahora, quema las naves a suerte y verdad para no perderla. Si le va bien, será un gran paso de América First (con algunos detalles), y si va mal será la culpa y la desaparición de Israel. Algún día próximo a la OTAN y a otros les llegará la picadura del escorpión.