Tras diez años, el crimen de Mario Bonino sigue sin ser resuelto
El 11 de noviembre de 1993 el periodista Mario Bonino salió de su casa con rumbo a un taller sobre "La radio de fin de siglo" en el auditorio de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), que organizaba su gremio, la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA). A partir de ese momento nada se supo de él, hasta que el 15 de noviembre su cuerpo apareció flotando en las aguas turbias del Riachuelo. Tenía 37 años, estaba casado con Felicia Urbano y ambos eran los padres de Federico Bonino, que en ese entonces tenía ocho años.
Para agravar la situación del gremio de prensa, la noche antes de que apareciera el cadáver de Bonino tres hombres irrumpieron en la sede de la UTPBA y golpearon con un fierro al sereno del edificio, Miguel Gavilán. Todo esto ocurría en medio de una serie de amenazas a periodistas, que se sumaron en tal número que el presidente Carlos Menem debió nombrar a un fiscal especial para investigar estos casos, designación que cayó en las manos -o en las garras- de Luis González Warcalde. Éste sólo se concentró en llevar las investigaciones a vía muerta y a afirmar que Bonino se suicidó. Su actuación dejó como único resultado la comprobación de la veracidad de aquella frase de Francisco de Quevedo: "Cuando no hay justicia, es muy peligroso tener razón".
En abril de 2001, la UTPBA, convertida en solitaria defensora de Bonino, en medio de la indiferencia general, había solicitado la reapertura de la causa, como consecuencia de las declaraciones de un suboficial de la Policía Bonaerense en el programa Puntodoc/2. En ellas señalaba que los autores del crimen habían sido "gente del Comisario Mayor Mario Rodríguez", a quienes identificó con los nombres de "Lagarto Vargas y el Suboficial Mayor Carmona".
El crimen de Mariol Bonino fue cometido por los esbirros que se mueven en las cercanías del poder. Lo prueba el hecho de que no hay indicios de sus asesinos, ni hay resultados de ninguna pesquisa. Absolutamente de ninguna. Las únicas pruebas por medio de las cuales la causa avanzó en algo fueron presentadas por la Comisión Investigadora que formó la UTPBA, que estaba formada en principio por el fallecido periodista Enrique Sdrech, Enrique Tortosa y Santo Biasatti, entre otros.
Hoy se cumplieron diez años de un crimen que no fue un caso aislado. Los asesinatos de José Luis Cabezas y de Ricardo Gangeme tampoco han tenido una resolución favorable. Sin justicia, y esto lo sabemos muy bien los argentinos, no hay futuro posible. Seguiremos, entonces, exigiendo justicia hasta que la consigamos.