Publicado: 31/01/2007 UTC General Por: Redacción NU

La francesa Amanda Sthers escribe una extraña comunión

"Chicken Street" reúne a personajes de tres continentes en un escenario estragado por la guerra pero que conectados por el deseo, perforan las fronteras -de la guerra y las culturas- para reencontrarse que el amor es eso que se espera pero que aparece cuando no se lo espera. El libro fue publicado por El Ateneo
La francesa Amanda Sthers escribe una extraña comunión
Redacción NU
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Ambientada en la Kabul contemporánea, la capital de un país administrado por un títere de los norteamericanos, "Chicken Street", sólo podía ser escrita por una novelista francófona, que a su manera, cargada de un humor negro, negrísimo, cuenta la historia de los dos únicos judíos que viven en ese país.

En rigor, Amanda Sthers lo que hace es construir una fábula con elementos de la narrativa más moderna para dar cuenta de un cuento que si no fuera por las circunstancias políticas actuales bien podría figurar como un agregado de último momento a "Las mil y una noches".

En Chicken Street, la calle principal de Kabul, viven los dos personajes: Simon, zapatero, amante de las botas de los vaquerros estadounidenses y dueño de un estilo que calza perfecto con la amabilidad de su amigo Alfred, escritor de cartas por encargo, que guarda las llaves de la sinagoga y siente una irresistible pasión por el tango.

Pero un día, Naéma, que oculta su hermosura bajo la "burka", va a buscar a Alfred -que se especializa en redactar cartas de amor-, y le ruega (porque no lo conoce) que le escriba una misiva en su nombre a un periodista norteamericano del cual se enamoró en una única noche, mientras arreciaban las bombas, y del cual espera un hijo.

Peter vive en Nueva York, y si bien no se olvidó de aquella fogosa joven afgana, no sospecha que ha despertado un amor (capaz de mover montañas) y mucho menos que será padre aunque nunca se entere.

¿Quiere Peter saber algo de esa historia o es un fantasma que Naéma invoca como salvoconducto para escapar de esa prisión que entre los talibanes y sus invasores prácticamente han cerrado a cal y a canto?

En esa espera infinita de una posible respuesta, Sthers mueve a sus personajes como representaciones del mundo global, y multicultural, y se hace las preguntas que la porosidad falsa de las fronteras impone a cualquier sujeto que piensa cómo pasar de un lado a otro sin tener en cuenta las aduanas contra el amor, la paternidad o la fraternidad: todo lo que trabaja contra la idea de Samuel Huntington sobre el "choque de civilizaciones".

Será un happy end involuntario el que reúna a los personajes en un escenario que no es de este mundo y que le da a esta novela una cierta ligereza, que la emparenta con los cuentos de hadas y paradójicamente, con la sociología más dura.

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