Publicado: 27/05/2010 UTC General Por: Redacción NU

Palabras: es lo que menos te puedo dar

Alicia Pierini, Herman Schiller, Beatriz Sarlo, Alejandro Rubio, Sandra Russo y Nora Cortiñas aportan sus diferentes miradas sobre los 200 años de la Patria y lo que fue la semana de festejos.
Palabras: es lo que menos te puedo dar
Redacción NU
Redacción NU

Alicia Pierini, defensora del Pueblo de la Ciudad
?Protegiendo los derechos del pasado nos comprometemos con un futuro mejor?

Decía Borges que los reproches son mercancía del infierno. Se reproducen e intercambian al infinito, sin resultado final. Me gusta pensar hoy en ese dicho borgiano: a veces el reproche puede mutar en crítica y, al adquirir fundamento, dejar saldo positivo. Por ejemplo, una explicitación de disidencias o, en quien la recibe, una reflexión sobre sí mismo. Entonces adquiere valor, tanto si ocurre dentro de una familia o dentro de una comunidad, y siempre que no se transforme en mercancía del infierno.

Este Bicentenario observo que nuestra sociedad, harta del intercambio de reproches entre sus dirigentes, está pidiendo ?borrar las diferencias? o ?desterrar las antinomias?, instando a que la efemérides produzca ?abracadabra? la magia de la unión nacional.

Lamentablemente la política no incluye galeras de mago de las que salen palomas simbólicas de paz. Creo que tampoco las hubo aquel lejano 25 del que cantan que venía asomando el sol, pero aquí en la Plaza parece que llovía y el ?pueblo que quería saber de qué se trata? eran sólo sus vecinos principales. Y tampoco del primer centenario sabemos bien qué quería el pueblo, puesto que aún no votaba democráticamente. Eso sí, la carroza de la oligarquía pudo pasear a la Infanta por la próspera Ciudad sin gauchos ni desharrapados a la vista.

La realidad ?única verdad, ¿no?? es que durante 200 años, y siempre invocando al pueblo, se fue haciendo el país con mucha confrontación y etapas muy dolorosas y sangrientas. Con batallas federales que no fueron de utilería, con próceres que ejercieron la lucha armada y con golpes militares a los que no le faltaron socios civiles. Y con intereses externos acechando desde siempre gracias a nuestras riquezas, codiciadas desde hace 500 años, no 200. Nada fácil nuestra historia.

La reconciliación de unos con otros que se pide no es viable; sí quizás de todos con la propia historia y la historia común, analizando con veracidad las causas de nuestras crisis, los progresos y los efectos de cada etapa.

Para qué reflexionar el Bicentenario, ¿entonces?

Para pensar en el Hogar Argentina, que nos alberga, con nuestras diversidades y adversidades, nuestros amores y desamores que también tienen historia.

Para festejar que hoy vivimos en libertad, que todas las provincias argentinas están compartiendo nuestra fiesta. También los pueblos originarios. Y también las colectividades extranjeras, que exhiben sus culturas y su propia historia.

Para no olvidar que esta democracia constitucional ?que es nuestra, nuestra, nuestra? se ha amasado con los sueños y sacrificio de muchos, tanto desde antes de ser ley como hasta hace poco nomás. Y que protegiendo los derechos conseguidos a lo largo de ese pasado nos comprometemos hoy en clave de futuro mejor.


Alejandro Rubio, poeta
?La Argentina no ha cerrado?

1910: la Argentina, granero del mundo. 2010: la Argentina, modelo sojero. Cien años entre los que cupieron Yrigoyen, Perón, dictaduras militares a granel, la aparición de una sociedad de masas, la constante lucha de variadas ?minorías? por sus derechos humanos y nuestra carta de presentación mundial: plan sistemático de exterminio y juicio y castigo a los responsables de ese exterminio.

Hay otra manera de ver este siglo de nuestra querida y odiada nación: la que advertiría la curva decadente cada vez más acentuada de nuestro PBI en relación al producto global, la que constataría las graves dificultades de la Argentina para insertarse ventajosamente en el concierto de las naciones, concierto en el que no hemos logrado hacer sonar ni un toc toc.

Pero si esa mirada se sostuviera más allá de lo que dura una emisión de 6 7 8, el cerebro del argentino podría deprimirse o, peor aún, seriamente comenzar a politizarse, así que mejor hablar de cosas más livianas. Hablemos del aspecto de la 9 de Julio. Discutamos si fue una medida prudente declarar el lunes 24 feriado nacional. Aprovechemos para recordar que eso se tramitó mediante un DNU y censurémoslo. Instruyámonos con la septuagésima aparición mediática de un putrefacto Pacho O? Donnell. Reconfortémonos, cada uno a su manera, algunos en la Basílica de Luján, otros en el Colón.

La Argentina, como vaticinó Menem durante la segunda crisis nacional en importancia, no ha cerrado. Tal vez moralmente lo mereciera, pero no ha cerrado.


Sandra Russo, periodista y escritora
?El Bicentenario demostró que no hay ánimo de caos?

Es impresionante lo que ocurrió con el Bicentenario, ya que desmiente de cuajo toda la saraza de los medios monopólicos. ¿Dónde está la crispación? ¿Dónde está la tensión social? No hay nada. Es Clarín que no quiere perder la guita. En la 9 de Julio, y yo lo vi, hubo gente que venía de todas partes. El que quería agitar una banderita argentina, lo hizo tranquilo. Habrán habido peronistas, radicales, otros que va a votar distinto o lo que sea. Ese clima de crispación que quiere instalar el monopolio, es de ellos y nada más que de ellos. El Bicentenario está demostrando eso. No hay un ánimo de caos, de crispación en la gente. Es Clarín que busca desesperadamente meter quilombo y que está perdiendo la pelea. Venimos de 100 años de pensamiento único. En realidad, el relato del Bicentenario se está rompiendo. Si no estuviémos en un momento en que todo se pone en duda y se discute todo, seguiríamos sosteniendo el relato del Centenario: un relato completamente deforme, manipulador que se rompió en este Bicentenario. Yo lo estoy viviendo de otra manera y regionalmente se está viviendo de otra manera. La región no es la misma ahora que en el Centenario. Somos menos europeos ahora y hay una oportunidad única, con la creación del Banco del Sur, no con el póster del Che Guevara en el cuarto. Estamos en la puerta de una etapa en la que América latina puede ser una potencia económica, con alimentos, petróleo.


Herman Schiller, periodista y militante de DD.HH.
?Nosotros celebramos las luchas obreras y de los pueblos originarios?

Realizamos un contrafestejo para diferenciarnos del circo montado por el sistema. Ya se habló bastante de lo que pasó hace 200 años. Hablemos de lo que pasó hace 100 años. En 1910, cuando se cumplía un siglo de la Revolución de Mayo, la clase obrera organizada, sobre todo los anarquistas, repudiaron los festejos del Centenario, y las fuerzas policiales, los cosacos, como se les decía entonces, salieron a reprimir con saña feroz. Muchos compañeros de entonces pagaron con su vida el delito de salir a manifestarse contra la oligarquía explotadora.

En la noche del 25 de mayo de 1910, las fuerzas parapoliciales de la llamada Liga Patriótica, una suerte de antecesora de la Triple A, saquearon todos los locales obreros y anarquistas que pudieron, destruyeron la imprenta del diario La Protesta y en la plaza del Congreso, igual que en la Alemania de Hitler de los años 30, quemaron libros y objetos de los trabajadores que habían robado. En esta fecha celebramos los centenares de luchas obreras que siguen celebrándose en estos momentos a lo largo y a lo ancho del país pero por sobre todo, celebramos la lucha impresionante e inclaudicable de los pueblos originarios. El sábado pasado, a las 16.45, mientras desfilaban por la avenida 9 de Julio algunas personas disfrazadas de aborígenes, una locutora tilinga del canal TN dijo: ?Ahí pasan los indios que habitaban estas tierras?. Habrá que decirle a esta típica analfabeta de la televisión que, lo que ella llama ?indios?, no habitaban sino que habitan y seguirán habitando por siempre en estas tierras. Nosotros preferimos recordar a los mártires y luchadores de todos los tiempos, especialmente a quienes en estos 200 años enfrentaron la prepotencia de los explotadores. Desde Mariano Moreno y Martín de Güemes, hasta Tosco y Kosteki y Santillán. Esto es también parte del Bicentenario.


Beatriz Sarlo, escritora
?En esta fecha no hay un espacio intelectual?

Sobre el Bicentenario diría dos cosas. Una, que no hay espacio para pensar, porque en el primer centenario, el Estado y el gobierno crearon un espacio de festejo que comprometió al mundo, al mundo occidental. Toda una serie de monumentos que tenemos en la ciudad de Buenos Aires vienen de ese primer centenario y después hubo un espacio creado en el campo intelectual donde se produce un libro fundamental hasta hoy, como es El juicio del siglo, de Joaquín V. González. Ese libro se produce en el Centenario. Hoy no hay una disposición discursiva en el campo intelectual para que un intelectual, dos intelectuales, diez intelectuales, escriban un tipo de ensayo de cierre de un período y apertura de otro, y en el campo poético ?que fue importantísimo porque también están los poemas de Rubén Darío publicados en La Nación? no hay constitución de un yo poético que pueda enunciar desde ese lugar. Yo diría que han cambiado mucho el tono de las intervenciones, es decir, yo no creo que las Odas seculares de Leopoldo Lugones sean mala poesía; es lo más alto que se puede tener como poesía cívica. Ahora, yo no puedo pensar que hoy pueda escribirse esa poesía cívica. Cuando Sergio Raimondi escribe poesía cívica escribe otra cosa, porque hoy no hay estética para una celebración nacional de ese tipo, no hay constituido un yo poético que pueda enunciar como enuncia Lugones, que hace verdaderamente un tour de force poético. Tampoco hay espacio estatal para armar una celebración en serio. Lo que se ha armado en la 9 de Julio parecía La Salada, y conozco La Salada.

Lo otro que yo diría es que si hubiera habido un espacio intelectual del Bicentenario, uno tendría que ver los momentos oscuros que vienen. Porque se está haciendo una reivindicación de esas primeras décadas del siglo 20 que es una reivindicación inadecuada. Si bien la Argentina estaba entre los primeros países del mundo, eso tenía que ver con el tipo de producción y el tipo de organización del mundo de ese momento. Ya después del final de la guerra, hiciera lo que hiciera, la Argentina iba a cambiar de lugar y su lugar iba a ser otro, mucho más subordinado.

Por otra parte, en la década del primer centenario sucede la Semana Trágica, sucede la represión en la Patagonia, es decir, una Argentina muy conflictiva. Y en lugar de añorar cómo fue 1910, digamos que el conflicto social estaba en pleno despliegue en ese momento. Y finalmente, hay que decir que es cierto que no se puede tener un juicio negativo de los últimos 60 años en el siglo XX, porque en esos 60 años se produce, en la década del 40, en la del 50 y en parte de la del 60, una enorme expansión de la ciudadanía social. Entonces, no se puede pensar que hubo una primera mitad de estos segundos cien años que fue extraordinaria, porque no lo fue, y que hubo una segunda mitad que defraudó las expectativas. Al contrario, no defraudó las expectativas de los millones de personas que se incorporaron a la ciudadanía social.


Nora Cortiñas, referente de Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora
?Los festejos por el Bicentenario me duelen?

Yo creo que en estos 200 años a nuestro país le costó mucho vivir con respeto hacia nuestra civilización. Por ejemplo, las comunidades aborígenes fueron abandonadas y estuvieron al margen del progreso. Viven como vivían hace 100 años; no les ha llegado el derecho a gozar del agua y los servicios para vivir dignamente, en un país que siempre le abrió las puertas a las multinacionales, que de a poco se van llevando nuestras riquezas, nos vacían y no pagan impuestos, explotando las minas a cielo abierto, destrozando la naturaleza, envenenando el agua, la tierra, el aire, y después se van. Entonces, los festejos por el Bicentenario me duelen porque sigue habiendo una mirada indiferente hacia los sectores más necesitados.

La clase política entra en este juego de la diferencia entre los ricos y los pobres, que cada vez son más pobres porque los ricos pretenden hacerse más ricos. Los diputados cobran 10, 15 mil pesos mensuales (nunca sabremos bien cuánto cobran) y los jubilados 800. Hay apenas un puñado de legisladores que una vez que asumen trabajan para mejorar esa situación. Además, yo creo que para el Bicentenario se gastó mucha plata. Se debe cada día más al FMI, al Banco Mundial; las agencias de ?cooperación? no hacen más que ofrecer fondos y se crea así la deuda externa impagable que tenemos, que se contrajo de una manera brutal durante el terrorismo de Estado. Se llenaron los bolsillos ministros, militares, una parte de la Iglesia, sin importarles quién lo iba a pagar. Y ahora de nuevo hay un canje que va a tirar para adelante la deuda a otra generación.

Por otro lado, esta fecha nos encuentra con algunos cambios en nuestra causa y en materia de derechos humanos. Me parece muy bien que Martínez de Hoz vaya a una cárcel común. Esperamos más de 30 años para ver la justicia. Gracias a que primero se abrieron juicios en España, Italia y Francia, acá se abrieron los canales de la justicia. Pero fue también a partir de la movilización en las calles: el pueblo argentino nunca se quedó entre cuatro paredes. Siempre exigimos verdad y justicia, y fuimos escuchados en los últimos años. Ahora, esto es una parte de la historia, porque nuestros hijos e hijas luchaban por la justicia social. Hoy los juicios caminan, lentos pero caminan. Y falta un programa económico de distribución de la riqueza en el que una no tenga que ir por la calle viendo a la gente revolver la basura o dormir arriba de ella.

Desde 2003, los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner escucharon más lo del pasado. Todavía queda mucho por trabajar en el presente. Tenemos que dejar de pagar esa deuda espuria, usurera e inmoral. ¡Basta, que se hagan auditorías! Yo creo que este Bicentenario fue de de viva la pepa, gastando más y más. Se podría haber festejado de forma más discreta, y yo no sé si hay control de lo que se gasta. Los gobiernos, además, tienen que mirar su país y no los espejitos de colores de afuera. Porque después, la crisis la pagan los pobres. Y en la Ciudad, yo creo que el peor gobierno fue el de Macri porque es un fascista e inhumano. Él podría ser presidente de Boca: que se quede en Boca entonces. Pero en Buenos Aires demostró, no ineficacia, sino falta de condiciones.

De todos modos, soy optimista. Pero el análisis que hago es la realidad que piso. Y la Argentina, que es un país rico, da para salir a flote si está bien gobernada y con un programa económico llevado por especialistas. Tenemos que volver a ser la Argentina del Estado de Bienestar, en el que la gente no sólo tenía trabajo sino que elegía el que más le gustaba.

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