Feroz represión en el centro de la Ciudad
La Policía Federal reprimió -como lo hace habitualmente- con una inusitada dureza esta tarde, a las 17:35 a unos cuatro mil manifestantes que concurrieron a apoyar a los trabajadores de la fábrica textil Brukman, que un juez había ordenado desalojar el viernes a la noche.
El juez Jorge Rimondi fue el que encendió la mecha al ordenarle el viernes a la noche a la policía que desalojara a los trabajadores de la empresa. Éstos la habían ocupado en los últimos días del año 2001, cuando sus dueños los abandonaron a su suerte, huyendo en medio de la noche sin abonar ni los salarios ni sus deudas con los proveedores. Los trabajadores mantenían la fábrica produciendo por su propia cuenta, aún cuando la patronal sostenía su intención de seguir siendo la propietaria de las máquinas y la marca, claro que desde una conveniente y descomprometida lejanía.
Los incidentes comenzaron cuando los trabajadores de la fábrica intentaron reingresar a ella, para lo cual derribaron las vallas que la policía había instalado frente al local comercial.
Lo que ocurrió a continuación fue vergonzoso, pero no por eso menos habitual. Los policías de la Guardia de Infantería dispararon sus armas para luego encerrar a la gente y balearla dentro de la estación de servicio de Independencia y Jujuy, con todos los peligros que conlleva disparar en medio de elementos inflamables.
Más tarde el periodista Miguel Bonasso les mostró a los periodistas un cartucho de escopeta de color rojo y otro de color negro, que corresponden a los que contienen postas o perdigones de plomo. El diputado Abel Latendorf, que se encontraba también presente en el lugar, sufrió un ataque de asma a causa de los gases.
De esta manera, la policía una vez más sembró el terror entre la población civil, con el único objetivo de disuadir a los que encabezan las protestas sociales de continuar con sus luchas reivindicativas. Antes, el clima de tensión se hizo presente durante todo el fin de semana, ya que desde el mismo momento del desalojo, al menos quinientos o seiscientos manifestantes se mantuvieron en la esquina de la fábrica, en apoyo de los trabajadores de Brukman.
También desde el momento del desalojo una importante cantidad de policías y vehículos policiales se estacionaron sobre las avenidas Jujuy e Independencia, alterando la calma habitual del barrio con su presencia amenazante.