Publicado: 16/06/2006 UTC General Por: Redacción NU

La Ciudad, una fiesta

Aunque faltan cuatro días para festejar la creación de la Bandera Nacional, la Ciudad se vistió de celeste y blanco. Argentina enfrentó a Serbia y Montenegro en la segunda fecha de la primera fase de Alemania 2006 y concretó una goleada. Desplegó buen fútbol y demostró por qué tiene que continuar en el camino mundialista. Los porteños vibraron, festejaron en el Obelisco y retornaron a sus trabajos felices con el resultado que ilusiona y hace soñar
La Ciudad, una fiesta
Redacción NU
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A las diez de la mañana la Ciudad parecía una típica película del lejano oeste, donde lo único que faltaba era ver pasar a los fardos rodando por la calle. Los bares mostraban dos caras: los más céntricos estaban desolados, mientras que aquellos ubicados en la periferia lucían repletos de argentinos esperando el partido tan ansiado. Argentina jugó, goleó y gustó y eso quedó reflejado en las calles porteñas.

Banderas, camisetas y papelitos celestes y blancos poblaron la Capital y evidenciaron la fiebre mundialista que nos invade. Las personas que pudieron verlo en sus casas, ni bien terminó el partido comenzaron a emigrar a sus trabajos. En tanto, aquellos que tuvieron que concurrir a un bar para poder observar el encuentro, lentamente poblaron las calles en largar procesiones para arribar a sus oficinas. Otros, en cambio, se dieron el gusto de pasar por el obelisco y gritar a viva voz "vamos, vamos, Argentina".

La cuestión es que Argentina festejó y la Ciudad es una fiesta. En un partido sin ningún tipo de sobresaltos, jugaron todos, la tocaron todos y se lucieron todos. El "Pato" Abondanzzieri no tuvo trabajo al igual que la defensa, ya que Serbia y Montenegro no logró inquietar en ningún momento.

El mediocampo pasó holgadamente el exámen y la lesión de Lucho González pareció ser providencial para el equipo, dado que se produjo la vuelta a la titularidad de Esteban Cambiasso, autor de uno de los mejores goles de lo que va del Mundial.

En el ataque todos se lucieron, incluso Javier Saviola que, aunque no convirtió un gol, jugó de maravillas y demostró su solidaridad al habilitar en varias oportunidades a sus compañeros para que pudieran convertir. Maxi Rodríguez abrió el marcador cuando era necesario generar alternativas en el ataque. Hernán Crespo se mostró todo el tiempo y estuvo afilado a la hora de empujar la pelota para hacer el cuarto gol. Riquelme soportó una marca personal todo el primer tiempo, pero el segundo estuvo más libre y eso le permitió demostrar que está en la cancha para hacer jugar a todos.

Promediando el segundo tiempo, José mandó a la cancha a Tévez y a Messi, cumpliendo así con las aspiraciones de todos. Carlitos hizo un golazo y Messi no se quedó atrás. El partido terminó 6 a 0 y la Argentina se transformó en una verdadera fiesta.

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