El Británico será ceniza, mas tendrá sentido
Nadie sabe que pasa con la cortina de metal. No baja, no cierra, parece que no quiere dar fin a 50 años de historia. “¡Tiene que bajar, aunque sea a los golpes!”, piensa un ocasional verdugo, vestido de civil y a cara descubierta. Dos colegas se suman a la empresa y lo logran. Era óxido acumulado de medio siglo de “abierto las 24 horas”.
Óxido, esa es la clave. Porque a todos los actores involucrados les faltó cintura para evitar una imagen que tuvo mucho más significado que mil acciones juntas. Porque no era necesario ver a los tres históricos inquilinos, los gallegos José Trillo, Pepe Quiñoni y Manolo Ponce, cargando sus históricos petates en un camión de mudanzas. Porque el Bar Británico está “protegido” por la ley 35 que lo califica como “notable” y debe garantizar su continuidad. Pero notable no significa ser inmune.
Nunca se llegó a un acuerdo con el nuevo inquilino del inmueble que está ubicado en Defensa y Brasil, Agustín De Souza, con relación a la venta del fondo de comercio y la cuestión es saber cuál es el futuro del bar. Uno de los tres socios gallegos, Ponce, el único que se quería quedar. (Quiñoni hacía un año que no trabajaba y Trillo se quiere volver a España) no aceptó la oferta del nuevo locatario: 25 mil dólares en efectivo, más 7 mil dólares en concepto de alquiler desde principios de marzo hasta el momento del desalojo. También influyó en la decisión la indemnización hacia los empleados.
Por ello, está en peligro el nombre “Británico” y el nuevo bar con sus refacciones comenzó a diagramarse en una reunión el pasado miércoles entre el Ministerio de Cultura porteño; el propietario del inmueble, Juan Pablo Benvenuto (ver recuadro); y la legisladora Teresa de Anchorena.
La diputada, representante de la Legislatura de la Ciudad
ante la Comisión de Protección y Promoción de los Cafés, Bares, Billares y Confiterías Notables, le pidió a la justicia que intime al Ministerio de Cultura para que ponga en vigencia una medida cautelar de su autoría ordenando a las partes involucradas que se abstengan de realizar intervenciones “que modifiquen el mobiliario, ornamentaciones y equipamiento propio de los citados bares, así como los espacios de acceso al público y a cualquier obra u elemento original que se encuentre en los referidos locales”.
UN BARRIO EN PIE DE GUERRA
Luego de la muerte de su padre, el dueño del local, Benvenuto no quiso renovar el contrato de alquiler con los tres socios gallegos, que habían manifestado su intención de retirarse. A partir de allí, comenzó una intensa batalla para tratar de impedir lo que realmente sucedió, el cierre. San Telmo entero se levantó contra una decisión judicial (el 6 de junio), incluidos personajes como Juan José Campanella (ver recuadro), Joaquín Sabina y Horacio González.
Benvenuto dijo públicamente que los nuevos locatarios del bar tienen que respetar la tradición del Británico. De Souza sabe que el Británico es un “negoción”, sobre todo por su condición de “notable”, por su historia y por los circuitos turísticos que organiza el Gobierno porteño.
Para Anchorena, hay otra cuestión pendiente. Que el Gobierno porteño responda a la intimación judicial del pasado 6 de junio sobre si se iniciaron los procedimientos previstos en la ley de Patrimonio Cultural tendiente a que el jefe de Gobierno, Jorge Telerman, dicte un decreto declarando al Bar Británico como “bien de interés cultural de la Ciudad de Buenos Aires”, algo que garantizaría su preservación. “Si el Gobierno hubiese intervenido con un subsidio, el tema se habría solucionado sin el final triste del desalojo”, señaló la legisladora a este semanario.
Una historia no puede ser catalogada como tal si no responde a ciertos axiomas, como el de buenos y malos. Es así de sencillo. Por eso, detrás del cierre del Bar Británico hay un relato que incluye muerte, peleas laborales, inmigración exitosa, poesía, bohemia, decisiones judiciales y un final abierto a segundos capítulos, pero con otros actores. Pero la experiencia cinematográfica marca que las segundas partes nunca son buenas.
JUAN PABLO BENVENUTO, EL DUEÑO DEL LOCAL
Estamos esperando que esto se serene, pero por lógica el nombre tiene que cambiar. Porque si se hubiera podido transferir el fondo de comercio con el nombre definido sería otra cosa. Nadie sabe que hace menos de un mes teníamos un convenio listo con los gallegos pero no fueron, no se presentaron.
La idea siempre fue mantener el rubro pero con otro inquilino, con otro grado de prolijidad. Que sea parecido o igual. No estamos pensando en reformas en el sentido de deshacer para hacer sino en acondicionar lo que está para mantener el estilo. Por ejemplo, el piso está gastado y no era original. Vamos a limpiar y poner uno de época.
La reunión que tuvimos con la municipalidad fue para aclarar algunas cuestiones y para tener consensuadas con todas las partes las reformas que queremos implementar. Con relación al plazo de apertura del nuevo bar, ojalá sea el plazo más corto, por los vecinos, por el barrio, por todos.
Ellos (los tres gallegos) estuvieron mal asesorados. El desalojo fue el peor de los finales. Se lo dije a Quiñoni y a Trillo que teníamos que llegar a un tipo de arreglo porque el tiempo pasa y cuando un proceso comienza es difícil pararlo. Quiero destacar que acá no hubo una chanchada, nadie quiso sacarle el trabajo a los socios, con los cuales mantengo una buena relación. Acá hubo una campaña armadita defendiendo lo indefendible”.
CAMPANELLA: "NUESTRA HISTORIA ES PISOTEADA DIARIAMENTE"
En la web oficial del Británico, el director de “El hijo de la novia” y de “Luna de Avellaneda”, Juan José Campanella, expresó su adhesión por la continuidad del bar. Aquí la transcribimos textual.
“Por medio de la presente quiero hacer constancia de mi sorpresa e indignación al enterarme del posible cierre del bar ‘El Británico’. No sólo como porteño, sino más específicamente como vecino de San Telmo y persona interesada en mantener abiertos los lazos, ya de por sí debilitados, que unen nuestra comunidad.
Los bares de Buenos Aires son una parte fundamental de nuestra vida social, única en el mundo. Y mientras en otras ciudades las líneas arquitectónicas y elementos históricos de los barrios se cuidan por ley, en la nuestra este aspecto se deja completamente de lado y nuestra historia, arquitectura y espíritu es pisoteado diariamente.
Desde ya, cualquier otro emprendimiento en el lugar, estilo “New Británico”, ciber-café, o lo que fuera, no sólo no contará con el apoyo de los vecinos, entre los que me incluyo, sino con su activa resistencia”.