Publicado: 27/02/2008 UTC General Por: Redacción NU

Políticas de la memoria (I)

Las organizaciones de Derechos Humanos ¿están en un brete con Macri en el gobierno, o Macri está en un brete frente a esas organizaciones que con diferencias, intervienen en un campo que el alcalde Pro ignora?
Políticas de la memoria (I)
Redacción NU
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Macri, frente al caudal de políticas públicas acumuladas en relación a los Derechos Humanos, ¿las reconocerá como políticas de estado? Esa pregunta pone en apuros a la intelligentzia Pro que responde a los patrones de una ?nueva derecha? con énfasis republicano, y que es simpatizante natural de la palabra continuidad. Estamos en política para traer soluciones concretas a la gente, dice su biblia.

El próximo 29 de febrero todo indica que será el turno de que el alcalde abra al público el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, ubicado en la Costanera Norte. El acto es una cita de alto impacto simbólico en dos sentidos: primero y principal, por el propio evento; y segundo, para el mismo Macri, que no es una figura política con preocupaciones evidentes por los derechos humanos. Se trata de enfrentar lo que alguna vez afirmamos como primera ley de la democracia, la inercia de las instituciones. Resulta previsible imaginar lo que pasa por el fuero íntimo del jefe de gobierno de la ciudad ante la temática: ?dejemos de mirar el pasado?.

No obstante, su posible presencia ahí, adquiere un carácter formidable, por aquel sentido ?republicano? de las benditas políticas de estado. Es decir, la permanencia de decisiones políticas que alcanzan el status de ?estado?, trascendiendo la coyuntura de un gobierno específico. Que Macri abra ese monumento es una buena noticia, una paradoja del tiempo en que vivimos, inimaginable años atrás.

¿Qué dirá en esa circunstancia el empresario? Tendrá palabras justas para el momento justo, como se encarga cada político de relevancia de tenerlas. Lo importante no serán sus palabras sino su presencia, a pesar de su previsible incomodidad.

?Cuando asumió anunció que se terminaba el siglo de los derechos humanos. Luego abolió un solo ministerio de su gabinete: el de Derechos Humanos. En el presupuesto de 2008 omitió la partida destinada al predio de la ex ESMA.? Así se refirió el legislador porteño del Frente para la Victoria, Juan Cabandié, sobre el perfil inmediato asumido por el jefe de gobierno frente a la temática. Extremando ese argumento, podríamos poner el foco en la palabra pro que, como emblema de una ?forma de hacer? desde lo positivo, desde la propuesta, tendría en la temática de los derechos humanos una contradicción elocuente: ¿seguiría pro lo que ya se hizo?, ¿o asumiría ahí, sobre esa materia densa, una política tendiente a interrumpir lo hecho? Eso es lo que queremos empezar a indagar. ¿Qué tan pro?

¿Qué hacer con los Ex Centros Clandestinos de Detención y Tortura?

En la Argentina, entre 1976 y 1983 (el período en que gobierna la última dictadura militar), existieron aproximadamente 340 centros de detención. Y específicamente en la ciudad de Buenos Aires, funcionaron principalmente el ?Club Atlético?, el ?Olimpo? (que conformaron lo que se llama el circuito represivo ?Atlético-Banco-Olimpo?), la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), Automotores Orletti y ?Virrey Cevallos?. Todos ellos mantenían diversas dependencias con cada una de las fuerzas de seguridad que asumieron la tarea represiva. Aunque esas dependencias no excluían las articulaciones entre las fuerzas para dicha tarea.

En la actualidad funciona el Instituto Espacio para la Memoria (IEM), cuyo origen se remonta a la ley 961 de la ciudad de Buenos Aires, fruto del tumulto social de 2002, y que tuvo al entonces legislador Eduardo Jozami como uno de sus protagonistas. El IEM tiene entre sus atribuciones ?recuperar los predios o lugares en la Ciudad donde hubieran funcionado Centros Clandestinos de Detención o hubieran ocurrido otros acontecimientos emblemáticos de la época, promoviendo su integración a la memoria urbana?. La financiación del instituto es autárquica.

El origen social, el problema, surge a partir del debate iniciado en 1999, cuando el presidente Menem confesó la idea de demoler la ESMA. El reclamo de un debate y de una modificación de esa hipotética decisión no se hizo esperar, y fue también el puntapié para iniciar un largo proceso de ?recuperaciones? de esos espacios que, como afirma Miguel D?Agostino (sobreviviente del Club Atlético), tuvo en cada uno una historia particular, actuaron diversos actores sociales, organismos de derechos humanos, dentro de un propio entramado territorial según donde se ubique cada uno. Cada espacio no es igual, algunos tuvieron un carácter decididamente operativo, y otros, como la ESMA, resultaron ser el emblema más fuerte de lo que la autodenominada ?guerra sucia? significaba para la sociedad argentina. Una escuela, un ?plan de recuperación?, en fin, una cristalización mas fiel del quirófano general en que terminaron precipitando a toda una sociedad. La Escuela conformó su figura clara y extraordinaria, su laboratorio.

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