Publicado: 11/02/2003 UTC General Por: Redacción NU

Un aumento que no en todos los casos fue justo

En los últimos días arreciaron las polémicas por los aumentos que la Legislatura porteña decidió aprobar a fin del año pasado. Fue así como los propietarios de los automóviles y de algunas viviendas pusieron el grito en el cielo al enterarse de las cifras a las que ascienden sus obligaciones con el Estado de la Ciudad. Pero existió otra polémica, ésta relacionada con las necesidades inherentes a las campañas electorales, que alcanzó una mayor virulencia. Se excedieron quienes tildaron a Ibarra poco menos que de ladrón, pero no menos lejos llegaron quienes, para defender al jefe de Gobierno, dijeron que el incremento afecta "a un porcentaje minoritario de la población". Muchas boletas llegaron a sectores que tendrán dificultades para abonar sus ahora onerosos impuestos. Esta inequidad también existió y ésto debería ser tenido en cuenta de alguna manera
Un aumento que no en todos los casos fue justo
Redacción NU
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El elevado tono con el que algunas voces cuestionaron el incremento que sufrieron las tasas impositivas que abonarán los porteños en el 2003 ocultó -más que puso al descubierto- un problema que merece un análisis un poco más profundo.

Era de esperar que en el 2003 hubiera un incremento en los impuestos, tras la brutal crisis que en el año 2002 golpeó con inusitada dureza tanto al sector privado como al sector público. Este último sector necesita recomponer sus flujos de caja, tanto como necesita hacerlo -y lo está haciendo- el sector comercial privado, que estuvo lejos de recibir la andanada de virulentas críticas que recibió el Gobierno porteño, como si esa actitud de su parte fuera lo esperado.

De todos modos, algunos funcionarios de Ibarra se excedieron al afirmar que los que protestaron en estos días son sólo los más ricos, que no quieren contribuir con los que menos tienen, obnubilados por su egoísmo. Muchas facturas que anunciaban grandes aumentos llegaron -en el caso de que esto último fuera cierto- al domicilio equivocado, porque los que las recibieron no son potentados, ni poseen autos lujosos, ni viven en mansiones de precios millonarios. Quizás en alguna bifurcación, entonces, Robin Hood se equivocó de sendero y por allí anda ahora, robándoles a los pobres y repartiendo el botín con Roggio, Macri y Bulgheroni, que le hicieron creer al ingenuo bandido inglés -se sabe de lo que son capaces los empresarios argentinos- que militan en las filas de los menesterosos.

De todos modos, los incrementos que sufrieron distintas tasas en la Ciudad fueron escrupulosamente discutidos en la Legislatura porteña, antes de ser aprobados. Esto viene a cuento porque se escuchó a algunos diputados criticando con dureza al Poder Ejecutivo, ocultándole al público que ellos votaron los incrementos, o que, al menos, sus denodados esfuerzos no alcanzaron para evitarlos.

LOS AUMENTOS QUE PAGARÁN LOS PORTEÑOS

Entre tantas consideraciones filosóficas, hubo aumentos en diferentes tasas que pagan tanto los residentes en la Ciudad como los que en ella desarrollan actividades comerciales.

Los aumentos en las patentes de los automóviles llegaron -en algunas ocasiones- hasta el 270 por ciento, aunque casi nunca llegaron a tanto. Los que quedaron eximidos en este cado, además de los autos que cuestan menos de 14.250 pesos, fueron los vehículos afectados al transporte público -taxis, remises y colectivos- y los que fueron patentados hace más de doce años. Finalmente, de un parque automotor de un millón de vehículos, 200 mil pagarán sus facturas con aumento.

La tasa por Alumbrado, Barrido y Limpieza (ABL) afectó solamente a 50 mil viviendas, sobre un total de 1.610.000 que se erigen en la Ciudad. Las categorías que recibieron incrementos son las de categoría A -las más lujosas- y las de la categoría B -las grandes propiedades comerciales, como los hipermercados. De todos modos, en los supermercados la alicuota por Ingresos Brutos para los alimentos bajó del 3,7 al dos por ciento, en tanto que el resto de los productos pagará el tres por ciento.

Las antenas de telefonía celular no pagaban -hasta este fatídico año 2003- tasa alguna por el uso del espacio público. Pero desde ahora pagarán, en el caso de las que se eleven hasta los 18 metros, 400 pesos por mes; hasta los 45 metros, 800 pesos por mes; hasta 75 metros, 1.500 pesos por mes; las que superen los 75 metros, pagarán 100 pesos por metro.

Las universidades privadas estaban exentas hasta hoy, y ya no lo estarán, del pago de la tasa por ABL a causa de la naturaleza de las entidades que les dieron origen, que son, en casi todos los casos, fundaciones o asociaciones civiles sin fines de lucro. Las instituciones afectadas son 19 y los funcionarios del área de Hacienda esperan recaudar un millón de pesos al año por este nuevo rubro. Hay que destacar que la gratuita Universidad de Buenos Aires paga desde siempre todos sus impuestos, incluído el ABL.

Una vieja polémica quedó saldada con esta nueva Ley Tarifaria que rige en la Ciudad. Existían tasas diferentes para la Construcción y para los Servicios de la Construcción. La diferencia entre ambas categorías no siempre era tan clara como para poder ser diferenciadas. La Construcción pagaba una tasa del 1,5 por ciento, en tanto que sus servicios pagaban el tres por ciento. Luego de un debate entre los funcionarios y el sector empresarial, el Gobierno porteño propuso ante la Legislatura -y ésta lo aprobó- una tasa para ambas categorías del 1,5 por ciento.

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