“Pareciera que hay boliches intocables”
?Ese olor que había en la morgue, porque los cuerpos no habían recibido frío, no me lo saco más, lo tengo acá?, dice señalándose la punta de la nariz Santiago Maggio, papá de Diego, una de las 194 personas que perdió la vida en el incendio del boliche República de Cromañón. La declaración pone los pelos de punta, cuando se la escucha una semana después de que el fallo del llamado ?segundo juicio? absolviera a un excomisario y a tres exfuncionarios porteños imputados en la causa y condenara levemente (cuatro años y seis meses) a Rafael Levy, dueño del predio.
El saldo de este segundo juicio es claro: 194 muertos de un lado y, como en el primero, nadie preso hasta que las sentencias queden firmes, del otro. La decisión del grupo de padres y madres que hoy conforman la ONG Padres por la Vida es clara: van a apelar en Casación luego de que el tribunal exponga los fundamentos de su fallo, que no pudieron conocerse debido al inicio de la feria judicial. Estiman que entre agosto y septiembre, dicha cámara debería expedirse. Aunque admiten que, antes del veredicto, no tenían expectativas.
?Se los presentó como a funcionarios intachables a los que les ocurrió una desgracia, algo ilógico: si un médico actúa mal se le imputa mala praxis?, se queja Lila Tello, mamá de Natalí, sobreviviente. ?Nadie los obligó a estar ahí?, agrega respecto de las responsabilidades políticas. Y apuntan un margen de duda: ?No sabemos si los jueces actúan así por corporativismo o por corrupción?.
Al ser consultados sobre el actual estado de los boliches (la famosa pregunta ?¿algo cambió??), Maggio y Tello afirman que ?los boliches siguen con superpoblación, problemas de obstrucción y venta de alcohol a menores?. Denuncian que ?hay boliches clandestinos que se habilitan como salones para fiestas privadas, por ejemplo, o bares que se habilitan como tales pero luego levantan las mesas y se los usa como boliches?. Y dan un dato alarmante: ?Las clausuras se levantan pagando la multa; para dar un ejemplo, el boliche Privilege, en Costanera, levantó tres clausuras de 20 mil pesos, cada una, en dos meses. Esto nos hace acordar a Chabán?. Tello muestra a esta cronista el documento que da cuenta de sus palabras. Y pensando en voz alta, señala que el tema debería manejarse como con los autos, por scoring: ?Cuando repiten una infracción varias veces, chau permiso?, sintetiza. ?De otra manera, da la sensación de que hay boliches que son intocables?, agrega Maggio.
Los padres aclaran que fueron recibidos por la Agencia Gubernamental de Control y que fueron escuchados. Pero señalan que los responsables admitieron que ?les faltan inspectores y que no tiene poder de policía para cerrar nada, que para eso deberían modificar la ley?.
Además de la injusticia, los padres subrayan las deficiencias en la atención a los sobrevivientes y a los familiares: recortes de subsidios ?al voleo? ?al menos 200 que fueron dados de baja y que servían, entre otras cosas, para solventar la atención psicológica y psiquiátrica? y falencias en los sistemas de salud pública, donde, por ejemplo, un sobreviviente debe esperar dos horas para ser atendido en un hospital. ?Los chicos no lo aguantan, para ellos estar en un hospital es desesperante, muchos se levantan y se van casi corriendo?, explica Tello.
?Actualmente, no se hace un seguimiento en materia de salud mental cuando muchos chicos tienen crisis de repente. No hay opciones flexibles de horarios de atención y no todos se animan a decir en el trabajo que van al psicólogo por Cromañón por miedo a la marginación?, señala Maggio. El ejemplo que dan es doloroso: ?Sufren la misma estigmatización que los sobrevivientes de Malvinas, muchos no pueden encontrar trabajo si dicen que sobrevivieron a esa noche?.
Luego del segundo juicio, muchas patologías se agudizaron. La sensación que se repite es la de ?no poder cerrar? ese capítulo nefasto. Silvina Gómez es sobreviviente y, con una licencia laboral, consiguió poder trasladar sus tareas a Padres por la Vida. En su relato, la joven, que perdió a su pareja en el incendio y que al día de hoy no puede viajar en transporte público ni estar en lugares con mucha gente, repite dos palabras: ?Antes y después?. Silvina estudia abogacía en la Universidad Siglo 21, que ofrece una modalidad por internet, y solo una vez a la semana concurre a clases, con un grupo reducido.
Aunque cueste creerlo, en la ONG no hay ningún abogado que trabaje ad honorem, por eso su decisión fue clara: ?Si no hay, los generamos?. Nilda Gómez, presidenta de la fundación, está ya a un paso de recibirse.
?Ya se hizo costumbre ver a un padre o a una madre llevando la foto de un hijo en el pecho pidiendo justicia?, se lamenta Tello, y cuenta que familiares de víctimas del gatillo fácil se sumaron a su ONG. El dolor de la pérdida los iguala. La hija de Tello logró salvarse. No corrió la misma suerte su pareja. Por eso al día de hoy se culpa por esa situación. Con esfuerzo, pudo recibirse de médica, gracias a la Universidad del Salvador, que le permitió cursar en un espacio que no fuera multitudinario y que comprendió que más de una vez saldría de la clase sin motivo aparente y sin dar explicaciones, víctima de un ataque de pánico.
Nilda Gómez, motor de esta agrupación y mamá de Mariano, no pudo estar presente en la entrevista. Su hija tuvo un problema de salud y ella misma debe someterse también a un control. El dolor parece buscar, como sea, una salida, y el cuerpo paga la factura. Apenas terminado el juicio, sí habló y dijo: ?Los tipos que estaban hoy acá son responsables, este tribunal absuelve a los funcionarios públicos y pone una calificación menor a (el dueño del boliche, Rafael) Levy?. También, manifestó que los jueces les quieren hacer creer que ?esto fue un accidente?, para luego remarcar que ?Cromañón es un homicidio; todos son responsables y tendrían que estar en la cárcel?.
José Iglesias fue otra de las querellas del juicio. Perdió a su hijo en el incendio y jugó un rol fundamental para promover el juicio político que culminó en la destitución a Aníbal Ibarra, y el primer juicio penal, donde fueron condenados Omar Chabán, su colaborador Raúl Villarreal, el exsubcomisario Carlos Díaz, los músicos de Callejeros, el mánager Diego Argañaraz y los exfuncionarios porteños Fabiana Fiszbin, Gustavo Torres y Ana María Fernández. Sin embargo, sus últimas posturas generaron polémica entre los familiares: cuando el tren de TBA no pudo frenar en la estación de Once, a metros de donde funcionaba Cromañón, culpó al santuario de la calle Mitre por la demora en las llegadas de las ambulancias. Ahora, solamente admite su tristeza. ?No estoy conforme con el fallo y no voy a hablar?, se limitó a decir.
El Tribunal Oral en lo Criminal 24 demoró menos de un minuto en leer la sentencia que condenó a cuatro años y seis meses de prisión por ?incendio culposo? al dueño del local donde funcionó el boliche que se incendió en diciembre de 2004, Rafael Levy; mientras que absolvió a los exfuncionarios porteños Juan Carlos López (exsecretario de Seguridad de Aníbal Ibarra), Enrique Carelli (exsubsecretario de Seguridad) y Vicente Rizzo (exdirector de Seguridad Privada), y al extitular de la comisaría séptima, Gabriel Sevald, acusado de pedir coimas para permitir que en el recital ingresaran más personas que las permitidas.
Por la tragedia se realizó un primer juicio entre 2008 y 2009 donde se dictaron condenas por ?incendio doloso?, aunque luego la Cámara de Casación Penal consideró que fue un hecho ?culposo? y ordenó fijar penas menores. Todos los condenados, incluyendo a Omar Chabán ?que tras la apelación recibió una pena de ocho años?, quedaron libres porque el tribunal les otorgó ese derecho hasta que la sentencia quedara firme. En el ínterin, el exbaterista de Callejeros, Eduardo Vázquez, quien había recibido una pena de cuatro años de prisión por el incendio de Cromañón, asesinó a su mujer, Wanda Tadei, quemándola viva. Por ese delito fue sentenciado a 18 años de cárcel. Es el único que hoy está preso.
?La Defensoría ya había señalado las falencias que había en Cromañón y nadie la escuchó. Así y todo, pasó?, se quejan los familiares de las víctimas. ?Este problema ?admite Maggio? solo se me va a terminar cuando esté dos metros bajo tierra.? Hace fuerza para no llorar. Para ellos, desde ese día, la vida pasa por seguir luchando.