Arturo Jauretche medra aún en territorio enemigo
La selección de textos fue realizada por Ernesto Jauretche -sobrino del gran intelectual y escritor-, que agradece a Pepe Albistur, responsable de los afiches que reproducen los textos y las historias de "Lalo" Jauretche -como le llamaban sus familiares-, del gran Congreso de cartón y yeso que ambienta la muestra y de la antigua casa típica de pueblo.
En la exposición, los visitantes pueden votar por los mejores cipayos, tilingos y sonsos. En la categoría Cipayos encabezan el comicio -previsiblemente- Carlos Menem -con 353 votos hasta el domingo pasado- y Domingo Cavallo -con 116 simpatizantes. En un excelente ejercicio de la memoria, el ministro de Economía del dictador Videla, José Alfredo martínez de Hoz, va tercero, con 54 sufragios.
En la votación para elegir Tilingos puntea holgadamente el inefable Daniel Hadad, que logró 66 votos. Lo siguen a la distancia Marcelo Tinelli, que tiene 34 votos y nuevamente Menem, que tiene 30.
Si el lector se preguntara acerca de la ausencia del ex presidente Fernando de la Rúa, en la votación para el Sonso Mayor lo encontrará encabezando la lista con 94 sufragios. Extrañamente, la gente se votó a sí misma en esta categoría. El pueblo sigue a de la Rúa, acumulando 72 votos, seguido por "Chacho" Álvarez, con 25.
UNA BIOGRAFÍA INSUFICIENTE DE ARTURO JAURETCHE
Arturo Jauretche nació en Lincoln el 13 de noviembre de 1901. Creció allí y en 1920 llegó a Buenos Aires para terminar el secundario y para estudiar derecho. En política, por esos años era conservador, pero la Revolución Mexicana que lideraron "Pancho" Villa y Emiliano Zapata le cambió su manera de ver el mundo. Tiempo después diría que "años y trotes me iban graduando en la Universidad de la Vida, que es el mejor libro cuando los otros inducen a error".
Llegó a la Facultad en los tiempos de la Reforma Universitaria, pero -aclaró él mismo- más como combatiente que como intelectual. Incluso, debutó por esos días en su papel de huésped de los calabozos policiales.
Definió sin autocomplacencia esa etapa de su vida. "Fui antiimperialista al estilo de la época y le comía los hígados al águila norteamericana, que andaba volando por el Caribe. Los maestros de la juventud nos tenían buscando el plato volador en el cielo, mientras el león británico comía a dos carrillos sobre la tierra nuestra".
La mitad de la década del 20 lo encontró militando en la "Unión Latinoamericana", que dirigía José Ingenieros, y en la "Alianza Continental", que orientaba Manuel Ugarte. Pero su concepción de lo popular lo acercó rápidamente a la Unión Cívica Radical. Claro, que su compromiso no conocía de medias tintas y cuando el patético general Uriburu lanzó el primer golpe de estado en la Argentina, Jauretche fue apresado en Mendoza, armado. Le correspondía la aplicación de la Ley Marcial y, por lo tanto, la pena de muerte, pero el interventor militar de la provincia, Edelmiro Farrel, le ofreció abandonar Mendoza y a cambio perdonarle la vida.
Incorregible, poco tiempo después, en enero de 1931, Jauretche se unió a las filas del general Severo Toranzo, que conspiraba contra Uriburu. En esa ocasión tuvo oportunidad de reencontrarse con el que sería su amigo más entrañable: Homero Manzi. Pero la reunión no fue en una tertulia política, sino en la cárcel de Las Heras, adonde el gran poeta fue a parar por su militancia estudiantil y Jauretche por conspirador. Durante 40 días fueron huéspedes del Estado argentino.
Uno de sus interrogadores, ante la cerrada negativa de Jauretche y Manzi a "cantar" los nombres de los otros complotados, los amenazó con un contundente: "a ustedes les va a pasar lo mismo que a Di Giovanni". Éste y Paulino Scarfó, militantes anarquistas expropiadores, habían sido fusilados dos semanas antes.
Una vez liberado, ya Jauretche estaba conspirando de nuevo. El 29 de diciembre de 1933, una columna de militantes radicales, al mando del coronel Francisco Bosch, tomó el pueblo de Paso de los Libres. No pudieron tomar el cuartel y el contraataque no se hizo esperar y muchos radicales fueron muertos.
Juaretche se convirtió nuevamente en huésped involutario de los calabozos de la dictadura. Allí escribió el que sería su primer libro, que Homero Manzi relata así.: "Hace algo más de un año la causa de la democracia lo llevó a Jauretche al litoral brasileño donde junto con 200 intrépidos como él trató de servirla con plomo y con sangre. La suerte le fue adversa y Jauretche, que se salvó sin darse cuenta de la muerte, no pudo evitar la cárcel. En ella escribió 'El Paso de los Libres, Relato Gauchesco de la última Revolución Radical'. Tuve la fortuna de leerlo sobre papel caliente y para tener una pauta exacta, una noche invité a Jorge Luis Borges, claro espíritu y sobrio talento de la Generación del 18, a un bar porteño y juntos leímos el poema de Jauretche. Cuando terminó la lectura, el juicio de Borges se sintetizó en este pedido: 'Amigo Jauretche, quisiera prologar su libro".
Muchos años después, cuando Borges ya no era joven -corría el año 1960-, el periodista Horacio Salas interrogó al gran escritor sobre este episodio, sólo para encontrarse con una desmentida seca y contundente: "Yo nunca tuve amigos peronistas". Borges era otro incorregible, indudablemente.
Muy poco tiempo después, el 29 de junio de 1935, en un sótano ubicado en Corrientes 1738, Jauretche, Manzi, Gabriel del Mazo, Raúl Scalabrini Ortiz y algunos otros locos y visionarios fundaron la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA). El nombre tenía que ver con una frase que se le atribuyó a Hipólito Irigoyen: "todo taller de forja parece un mundo que se derrumba".
El accionar de FORJA en defensa de los intereses nacionales y de las revindicaciones populares fue casi premonitorio de lo que estaba por venir, es decir, del peronismo. "Patria, Pan y Poder al Pueblo" fue su consigna preferida. La otra, "somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre". Publicaron folletos, organizaron mitines, conspiraron contra el poder de los "cipayos" y organizaron agrupaciones sindicales. Nada les fue ajeno para difundir un sólido y serio cuerpo doctrinario, que luego el peronismo llevaría adelante.
El mismo 17 de octubre de 1945, FORJA publicó una declaración de apoyo a ese movimiento que nacía y que cambiaría la historia argentina. Jauretche conoció a Perón por esos días y ambos simpatizaron de inmediato. El 15 de diciembre de ese mismo año FORJA decidió en una asamblea su disolución, al considerar que el peronismo era la culminación de los principios sobre los cuales habían predicado en el desierto durante diez años.
Luego llegó el peronismo al poder y Jauretche fue designado presidente del banco de la Provincia de Buenos Aires. Posteriormente, llegaron las desavenencias con la orientación que Perón le otorgó al gobierno y, como Rodolfo Walsh muchos años después, se dedicó al ajedrez mientras se negaba a unirse al golpe que sabía que estaban diseñando los enemigos de Perón.
Cuando el momento llegó y los enemigos de la Patria derrocaron a Perón, entonces, recién entonces, este hombre noble y generoso volvió a la militancia activa. Desde el llano polemizó, combatió y, fiel a su costumbre, conspiró contra los Cipayos.
El peronismo volvió al poder en 1973, después de 18 años de proscripción. Jauretche enfermó por ese tiempo y el 25 de mayo de 1974 -no podía ser otro día- se murió. La causa, dijeron los médicos, fue el corazón. No podía ser de otra manera.