El Jardín Japonés, okupa e ilegal
No debería hacer falta, pero teniendo en cuenta la situación en la que se encuentra la Ciudad de Buenos Aires, no está demás aclarar que el espacio público debe ser, indefectiblemente, público. Pese a que en la Capital hay numerosas invasiones al espacio de todos y la utilización ilegal del mismo es moneda corriente, los vecinos de la Ciudad deberían poder disfrutar de los lugares que pertenecen a la Comuna de manera irrestricta y totalmente gratuita.
Una de esas tantas invasiones al espacio público -una muy grosera- es la que está llevando a cabo, hace nada menos que 17 años, el Jardín Japonés. El mismo -ubicado en Figueroa Alcorta y Avenida Casares- se creó dentro del Parque Tres de Febrero a instancias de la Embajada de Japón, en el lugar donde estaba ubicada la “Linterna de Piedra” donada por la Colectividad Japonesa en oportunidad de celebrarse 150 años de la Revolución de Mayo, es decir, en 1960. La Embajada se hizo cargo de la obra a través de una empresa de parquización contratada por ellos.
El 2 de mayo de 1978, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires firmó un convenio por el cual entregó en concesión por veinte años el Jardín Japonés, fracción de aproximadamente tres hectáreas de superficie perteneciente al Parque Tres de Febrero a la Asociación Japonesa en la Argentina. Este convenio fijaba que “la remodelación y ampliación del Jardín Japonés constituye una donación, y pasa a ser propiedad de la Comuna a medida que se vayan construyendo las obras, plantando o edificando”. Dicho convenio, fue refrendado tres días después por el intendente de facto Osvaldo Cacciatore.
El 6 de noviembre de 1981 se firmó un convenio ampliatorio del celebrado en mayo de 1978. Por el mismo, se autoriza a la entidad a construir una Casa de Té en el término de 20 meses y una vereda de 100 metros de longitud. Días después, Cacciatore aprobó el convenio y autorizó la construcción de la Casa de Té para solventar los gastos de mantenimiento del Jardín Japonés, pero sin alterar los tiempos de la concesión original que vencía en 1998.
Ocho años después, la Ciudad de Buenos Aires rescindió el convenio con la Asociación Japonesa y su posterior ampliación, solicitó a la Embajada de Japón que proponga una nueva entidad para que se haga cargo de las instalaciones, en caso contrario el mantenimiento pasaría a manos de la Dirección General de Paseos del Gobierno porteño.
Sin embargo, actualmente el Jardín es administrado por la Fundación Cultural Argentino-Japonesa, sin que exista ningún convenio vigente que habilite la explotación del predio por parte de otro que no sea el Estado porteño.
NU intentó dialogar con las autoridades de la Fundación, pero prefirieron no realizar declaraciones aunque afirmaron que se encuentran en tratativas con el Gobierno de la Ciudad para regularizar la situación.
En lo que respecta al Ejecutivo, el jefe de Gobierno, Jorge Telerman, nombró -luego de 64 años- un director para el Parque Tres de Febrero. Designó en ese cargo a Javier García Elorrio, quien asegura que van a implementar una política inflexible de recuperación del espacio público. “Podemos acordar un montón de cosas, pero -pese a la redundancia- el espacio público tiene que ser público”, expresó.
García Elorrio no dio demasiados detalles sobre las gestiones que está llevando adelante para regularizar la situación del Jardín Japonés, pero aclaró que se está trabajando en ese sentido y destacó la buena predisposición de la Fundación Cultural Argentino-Japonesa. “La idea es que el Jardín continúe pero ir desactivando las actividades comerciales existentes en el predio no compatibles con su función en un proceso ordenado”, explicó el funcionario.
Por lo pronto, la Legislatura porteña sancionó recientemente un pedido de informes presentado por los diputados Rubén Devoto (Desde Abajo), Fernando Cantero (ARI), Sergio Molina, Héctor Bidonde (Bloque del Sur) y Beatriz Baltroc (Autonomía Popular) sobre la situación dominial del Parque Japonés y su explotación.
Además, la diputada macrista Lidia Saya (Compromiso para el Cambio), presidenta de la Comisión de Espacio Público, se comprometió a utilizar todas las herramientas institucionales que tiene disponible para regularizar esta gran ilegalidad. “Estoy azorada con este caso. No puedo creer como durante casi 20 años no se generó una resolución o convenio que le diera un marco de legalidad a este tema, lo cual es una clara muestra de irresponsabilidad”, disparó Saya.
La legisladora sostuvo, además, que “hay muchos lugares en la Ciudad que pueden llegar a pasar desapercibidos pero no es el caso del Jardín Japonés. Hay que encontrar un marco legal en el que pueda perdurar el Jardín pero es necesario regularizar su funcionamiento desde el Ejecutivo y la Legislatura”.
En este sentido, García Elorrio expresó: “Telerman quiere iniciar el proceso de recuperación del espacio público no sólo en el Jardín Japonés sino también en los terrenos ubicados sobre borrego y Lugones, en el predio del Hípico Alemán, en las hectáreas que posee el Lawn Tennis y en otros casos de uso incorrecto. Este proceso se está llevando a cabo sistemáticamente, tratando de respetar en lo posible el equipamiento instalado, y con la firme convicción de que el espacio público tiene que ser de todos”.
En tanto, Saya señaló: “En buena hora que el Gobierno de la Ciudad quiera resolver esta problemática, pero esperemos que en un mes las cosas no sigan igual. La gente está cansada de anuncios, quiere hechos”.
CRÉASE O NO
Pese a lo irregular de la situación en que se encuentra el Parque Japonés desde hace 17 años, fue declarado de interés turístico por la Subsecretaría de Turismo del Gobierno de la Ciudad. Además, la Legislatura porteña aprobó recientemente una iniciativa del diputado Julio de Giovanni (Partido de la Ciudad) por la cual se declaró de interés cultural la “Fiesta de las Orquídeas” que se lleva a cabo en el Jardín.
OTRO EJEMPLO: EL LAWN TENNIS
Si hay algo que brilló por su ausencia en lo que respecta a los distintos gobiernos que tuvo la Ciudad, por lo menos desde su autonomía, es el control del uso del espacio público. Sólo así se pueden explicar 17 años de ocupación ilegal por parte del Jardín Japonés y un montón de casos más en distintos lugares de la órbita porteña. Sin ir más lejos, hay otro ejemplo en el Parque Tres de Febrero. Se trata de cuatro hectáreas de la Plaza Pakistán que fueron cedidas a título precario y oneroso por el término de diez años al Buenos Aires Lawn Tennis Club el 12 de marzo de 1982 por Cacciatore. Sin embargo, una vez vencido este término, la ocupación no cesó.
El 6 de abril de 2000, después de casi siete años de ocupación ilegal, el Gobierno de la Ciudad y el Buenos Aires Lawn Tennis Club (BALTC) firmaron un acta “extraprotocolar” por la que este último hizo entrega del predio a la institución deportiva. El presidente y el secretario del BALTC, Horacio Vicente Billoch Caride y Jorge Roberto Olguín respectivamente, aparecieron efectivizando “la devolución del lugar” ante el Director General de Privatizaciones y Concesiones del Gobierno porteño, Fernando Calvo, quien “tomó posesión” del mismo. De todas maneras, en ningún momento las cuatro canchas de tenis que ocupan el predio dejaron de estar bajo control absoluto del BALTC.
Tal es así que el 14 de julio de 2000 el Gobierno de la Ciudad entregó, ahora oficialmente, al Buenos Aires Lawn Tennis Club los terrenos que componen el predio supuestamente recuperado el pasado 6 de abril. El funcionario responsable firmó con el club un “Convenio de Colaboración” por el cual éste se comprometía “a ejecutar los trabajos de mantenimiento, conservación, refacción y limpieza de las cuatro canchas de tenis”. El Gobierno, por su parte, le garantizaba al club por otros cuatro años, seguir haciendo en el predio las mismas tareas que venía efectuando desde 1982. Al día de hoy, el predio sigue siendo usufructuado por el Lawn Tennis aunque el Gobierno de la Ciudad está realizando gestiones para resolver el tema lo más pronto posible. Lo que no queda claro aún es si el Ejecutivo tiene la intención de que las canchas de tenis sean de uso público o si piensa parquizar nuevamente el lugar.