Publicado: 30/06/2006 UTC General Por: Redacción NU

Los macristas y la expropiación

La aparición de Roberto Lavagna como un hombre que puede catalizar votos conservadores provocó ataques de pánico en el macrismo y vacunó a quienes especularon con una alianza con el ex ministro de Néstor Kirchner
Los macristas y la expropiación
Redacción NU
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A pesar de las reiteradas declaraciones en contrario, en los últimos días y mientras Mauricio Macri estaba en el Mundial de Alemania, segundas líneas del macrismo y sus aliados mantuvieron una reunión hipereservada con operadores lavagnistas para tantearse mutuamente y “conversar sobre temas generales del país”. Así lo confirmaron a NOTICIAS URBANAS un legislador porteño y un integrante destacado de CpC.

Pero a pesar de estos tanteos verbales y secretos –que habían comenzado con un tímido acercamiento de Eugenio Burzaco, uno de los siete integrantes de la mesa chica del macrismo, al ex ministro, lo cierto es que el regreso del ingeniero al país esta semana hizo que la plana mayor de la centroderecha se abroquele en un discurso monolítico. El discurso hacia afuera dice, más o menos, así: nos vamos a jugar la propia; nada de acuerdos con Lavagna; volvemos al principio. Esto es: ratificamos la alianza tradicional con el neuquino Jorge Sobisch y el bulldog Ricardo López Murphy.

"Más allá de lo que se diga en los medios, estamos más cerca de un acuerdo con Lavagna de lo que se reconoce públicamente", admitieron a NU las dos fuentes que confiaron los tanteos informales entre operadores del ex ministro y del ingeniero.

Claro que -antes de meterse en cualquier análisis- digamos que en la centroderecha hay que andar con cuidado en los días que corren. Es que el espacio está metido en un serio debate, a raíz de la irrupción de Roberto Lavagna como supuesto candidato “expropiador” del espacio opositor por el que venían trabajando. De allí en más abundan los “operadores” de una y otra estrategia: Macri candidato a presidente; Macri candidato en la Ciudad.

Unos argumentan con fervor que él único distrito en el que el ingeniero puede ganar es la Ciudad y que allí debe poner todas sus fichas. Estos –el grupo de Gabriela Michetti y Marcos Peña, por ejemplo- respaldan, claro está, un entendimiento con Roberto Lavagna a nivel nacional.
Más aún: Michetti llegó a admitir: "no me animo a decir si estaríamos más cerca de apoyar a Lavagna o a Lilita (Carrió) a nivel nacional, si Mauricio no fuera candidato a presidente".

La mera sugerencia de una alianza con el Ari eriza las pieles de los aliados más derechosos del ingeniero, tal es el caso del legislador y presidente del Partido Federal, Martín Borelli, quien argumenta ante sus íntimos: “nosotros no hemos llegado hasta aquí para terminar apoyando a Carrió. Nuestro crédito a Mauricio no es transferible a cualquiera”.

Escenario entreverado

Otro dirigente que también se animó a mostrar el juego fue Burzaco, quien hace pocos días aseguró: “Creo que si vamos separados le hacemos un poco el caldo gordo al Gobierno. Si la oposición va toda dispersa no hay chances de ganarle”.
Como vemos, la puja es seria y deja heridos. La última semana, Federico Pinedo -otro de los siete mosqueteros del boquense-, le apuntó a sus colegas de la Legislatura:
“Los legisladores porteños están totalmente equivocados y no entienden nada cuando pretenden que Mauricio se lance en la Ciudad”.

Estos mismos legisladores, enojados con Pinedo, argumentan que las encuestas más benévolas con el ingeniero muestran una intención de voto de 16 por ciento a nivel nacional. Y que la mayoría de los sondeos, le da un 10, si las elecciones fueran hoy. “Ese sí que sería un papelón”, dicen, a coro.

Muchos de los que participan en el think tank de la centroderecha porteña coinciden en que la oposición necesita un acuerdo, que entrañe la distribución de los territorios políticos. Esto implicaría hacer un ejercicio de realismo y detectar quién tiene más posibilidades de ganar en cada uno de los distritos. Este mecanismo incluye dirimir la fórmula presidencial. Es en esta idea que se amparan los que promueven la postulación porteña de Macri.

Este análisis coincide con el que hacen los más serios politicólogos de la Argentina, quienes aseguran que para que la oposición tenga chances de ganarle al oficialismo en 2007 necesita de un armado capaz de cobijar a la derecha, el centro y la izquierda. O sea: a prácticamente todos los referentes de la foto opositora.

CÓMO JUEGAN LOS MOSQUETEROS DE MACRI

Con escenario tan dinámico, es difícil pronosticar –más allá de las “operaciones” políticas que se intentan desde uno y otro bando- qué postura ganaría, hoy por hoy, en el espacio de la centroderecha: si los que están porque Mauricio Macri se postule en la Ciudad o los que apoyan su candidatura nacional.

Con todo, el posicionamiento de cada uno de los siete integrantes de la mesa chica del macrismo puede contarnos algo al respecto: Gabriela Michetti es la bastonera número 1 de la presentación del ingeniero en la Ciudad. Con menos fervor le sigue Néstor Grindetti (ex Socma y representante macrista en el Banco Ciudad).

De allí en adelante, tanto Horacio Rodríguez Larreta como el diputado Federico Pinedo, más el legislador bonaerense Jorge Macri, y el dirigente Carlos Tramutola apoyan –por ahora- la idea de no impulsar un acuerdo con Lavagna y jugar la propia a nivel nacional.

Eugenio Burzaco, finalmente, fue uno de los primeros en tantear al ex ministro. Esta semana, sin embargo, con el regreso a país del presidente del Boca todos salieron con un discurso monolítico: ratificar la alianza tradicional con el neuquino Jorge Sobisch y Ricardo López Murphy.

LA PROMESA SECRETA DE MACRI A RODRÍGUEZ LARRETA

Los problemas en el macrismo porteño no empezaron con la irrupción de (Roberto) Lavagna como virtual candidato de la oposición; el barullo arrancó con la promesa que Mauricio (Macri) le hizo a Rodríguez Larreta y la resistencia que esa movida generó entre nosotros”, adelanta a este semanario un destacado operador del ingeniero a nivel nacional.
Veamos, entonces, de qué se trata esta historia secreta entre el ingeniero y uno de sus principales delfines.

“Al único que le prometí algo y se lo voy a cumplir es a Horacio (Rodríguez Larreta). En 2005 le dije que él tenía la prioridad para 2007, y así va a ser”, les dijo Macri a un puñado de sus legisladores poco antes de partir rumbo al Mundial de Alemania.

La historia de la candidatura de Rodríguez Larrea comenzó, en verdad, en plena carrera electoral de 2005, cuando el presidente de Boca lo había propuesto como cabeza de lista de los legisladores porteños, una iniciativa que no terminó de enamorar en el macrismo y terminó cayendo por desencanto.

Así las cosas, Rodríguez Larreta siguió construyendo espacios y política en donde mejor sabe hacerlo: en la estructura de Compromiso para el Cambio (CpC), donde es número dos. Allí también cosecha apoyos para su eventual postulación, en el caso de que Macri se lance finalmente a jugar en las ligas mayores en 2007, como muchos quieren en la centroderecha.

Frustrada entonces la posibilidad de liderar en 2005, Macri, apenas ganada la Ciudad en octubre del año pasado, se compromete con Larreta a que él será el único habilitado para elegir candidatura en 2007. Y Larreta eligió la Ciudad.

“Desde ese momento, Horacio no paró de soñar y de construir, a pesar de que nadie le da demasiada bola ni está pensando en su candidatura, ni aún los que militan la idea de Mauricio candidato a presidente”, apunta un legislador porteño, al que no se lo ve entusiasmado con la postulación del alma mater del grupo Sophía. Otro de sus colegas acota en el mismo sentido: “Horacio siempre fue visto como el mal menor; esa es la verdad”.

Pero, ¿con qué apoyos cuenta, concretamente, Rodríguez Larreta para creer que puede ser? El legislador Roberto D´’Estéfano es un incondicional; también lo apoyarían dirigentes de Macri que vienen del grupo Sophía –Soledad Acuña, es una de ellas-, Luciana Blasco y la estructura de profesionales de Compromiso para el Cambio.

El problema: las encuestas marcan un nivel de intención de voto –y lo que es peor aún, de conocimiento- muy bajo para el número dos de CpC (rondan un 4 por ciento). Es que no siempre querer es poder.

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