Promesa sobre el bidet
"'Mujeres en el baño' son seis facetas de un mismo personaje. Es difícil hablar de un personaje ya que la obra no está pensada para la construcción de un personaje a la manera tradicional en teatro. Eso no significa que no tengamos que componer para interpretar la obra pero lo hacemos desde un lugar no convencional, ya que la obra es muy fragmentada, videoclipera. Esta escena es esto, aquella escena es otra cosa y la continuidad la construís vos internamente. Hacer una de esas seis voces fue muy interesante. Empecé a ensayar con dudas porque venía de un teatro diferente a la propuesta de Mariela (Asensio, directora y dramaturga de 'Mujeres...'). Fue un desafío entregarme a esa propuesta sin prejuicios. Me resultó difícil al principio. Cuando empezamos a ensayar me di cuenta de que la obra decía muchas más cosas que lo que decía el texto al leerla".
"La crítica con 'Mujeres...' fue polarizada. A algunos les gustó, a otros no. Antes de estrenar, Mariela nos había dicho que sentía que este espectáculo iba a generar una polarización importante en la gente. Es una obra que te va a gustar mucho o no te va a gustar nada. No es tanto una cuestión de género. Es muy fácil que te identifiques con la obra. Esa identificación, que puede ser cruda y descarnada, te puede golpear en algún lugar que no te guste. En lo personal, nunca había hecho teatro comercial y era un desafío. Es diferente el público de la calle Corrientes del que va al off. El público del teatro comercial es un poco más ingenuo. Participa más de la propuesta, con menos prejuicios que el público del teatro independiente. Por ejemplo, entre escena y escena, el público aplaude en el medio de la obra. Eso no pasaba tanto en el teatro independiente".
Impasse 1: Nos encontramos con Eugenia en el barrio de Flores. Hace calor y pedimos exprimidos de naranja. Es simpática y habla de la misma manera con el grabador encendido o apagado.
"Hacer 'Náufrago' fue una experiencia rara, ya que fue la única obra que escribí y dirigí. Estudié dramaturgia un año con Veronese y Tantanian. Había hecho un trabajito y me dieron ganas de llevarlo a escena. Fue un proceso muy largo. Lo empecé en el 2002 pero no lo trabajé con continuidad. En el 2004, me animé y convoqué a dos actores para ensayar. En el 2005 paré todo ya que sentía que no iba para ningún lado. En el 2006 cambié los actores y le dimos para adelante. Aprendí mucho a pesar de que fue muy arduo. Estrené primero un work in progress pero estaba muy verde. Después de un año, laburando en serio con el material, me largué a hacerlo en el 2007, en el Beckett. No sé si soy buena directora o no. Hay cosas que ya vienen incorporadas por más que uno no haya estudiado dirección, como los años de actuación y lo que incorporé de otros laburos. Lo bueno de dirigir es que uno adquiere otras herramientas. El tener una visión general del espectáculo te ayuda cuando tenés que actuar".
"'Open House' es increíble. Ensayamos todo el 2001 y estrenamos a fines de ese año. Es una experiencia grossa. Nosotros éramos egresados de la Escuela de Arte Dramático, antes de que fuera el IUNA. Teníamos muy poca experiencia y nos entregamos a un tipo del prestigio de Daniel Veronese. Al principio fue muy difícil para nosotros porque éramos muy pichis. No estábamos acostumbrados a hacer lo que él pedía. Creo que fue una de las grandes rupturas en el trabajo de Daniel como director. Hubo un antes y un después en él y en el teatro en general. Nadie pensó que iba a durar ocho años o que la obra iba a generar una bisagra en el teatro argentino. Esto lo dicen periodistas e investigadores de teatro. Para nosotros es un flash. Esta obra, que fue vanguardista en el 2001, ahora es clásica. Se canonizó un nuevo lenguaje a partir de esa genialidad de Daniel".
Impasse 2: Su simpatía da paso a la timidez al ver su foto en la marquesina de un teatro en la calle Corrientes. "Es raro y lindo porque es como un mimo al ego. Igual, no hubo un 'salto a la fama', ni nada. No te caen productores a contratarte porque estás en la calle Corrientes", dice.
"'Ya no pienso en matambre ni le temo al vacío' fue un crecimiento en el lenguaje de actuación. Patricio (Abadi, director y dramaturgo de 'Ya no pienso?') quería trabajar un híbrido entre una obra de teatro y un stand up aunque pensó más que nada en el varieté. El venía de hacer varieté con Carlos Belloso y tenía varios monólogos escritos. Quería unir esos monólogos como si fuera un varieté sin serlo, integrados en una obra. Me divirtió mucho, ya que fue la primera vez que cantaba y tocaba la guitarra en público. Cuando Patricio me convocó para el show, tenía otro monólogo que al final lo descartamos. Después escribió otra cosa que me pareció súper divertida, con un humor que podía hacer. Esa cosa de lo patético y lo ridículo, que un poco ya lo había trabajado en 'Open...'".
"Me arrepiento de lo que no hice y no de lo que hice ya que el 'fracaso' (término bastante relativo) también sirve para crecer. Cuando terminé la secundaria, estudié una carrera que nada que ver: Técnica de Óptica en la UBA. Me recibí a los veinte años pero no me interesaba en lo más mínimo. Después estudié Biología pero no era lo mío. Al año siguiente entré en el Conservatorio. A los veintitrés empecé a actuar. Hice poesías en el colectivo. Preparé un poema de Federico García Lorca, de 'Doña Rosita la soltera' y subimos al 21, en Dorrego y Corrientes. ¡Todavía me acuerdo! Hubo una señora que se emocionó y me regaló un pañuelito. Así estuve un año y medio, laburando en los colectivos, ya con un show cómico. Ahora doy clases en geriátricos. Es una experiencia rarísima. ¡Tengo alumnas de cien años! Hago juegos teatrales para que trabajen con el área cognitiva y con la creatividad. Lamentablemente hay mucho abandono y trato de reciclar la energía del abandono que tienen. Es una energía muy densa".
(PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL SEMANARIO NOTICIAS URBANAS Nº 171, DEL 15/01/09).