Ibarra y sus seguidores alternaron entre la desazón y la esperanza
El clima que se vivió en el búnker de Fuerza Porteña mutó en varias ocasiones de la alegría a la preocupación. En algún momento, los seguidores de Aníbal Ibarra se sintieron ganadores y llenaron la sala de prensa para vitorear a su jefe y en otros momentos los lujosos pasillos del Hotel Hilton se llenaron de ceños fruncidos.
Cuando comenzó -en forma algo tardía- el escrutinio y los números mostraban una ventaja de algo menos de diez puntos para Macri, un sentimiento parecido al pánico se apoderó de los ibarristas. Hasta las 22:30, esta tendencia se mantuvo estable, pero luego comenzó a revertirse lentamente, hasta llegar -alrededor de la medianoche- a una diferencia de entre tres y cuatro puntos, cercana a las aspiraciones de Fuerza Porteña.
Alrededor de las 23:00, un asesor de Ibarra explicaba que se "desplomó el voto para Patricia Bullrich y además surgió un voto vergonzante, que no expresaba 'a priori' su intención de apoyar el proyecto de Mauricio Macri, pero que lo hizo". De esta manera trataba de evaluar la diferencia entre ambos contendientes, que algunos habían juzgado menor.
Los seguidores del actual jefe de Gobierno consideraban como "favorable" para la segunda vuelta un escenario en el que la diferencia entre Macri e Ibarra ronda los cuatro puntos. Confían en que el 85 o el 90 por ciento de los votantes de Luis Zamora -que se empeña en negárselos a Ibarra, que los mira como un sediento en el desierto- se inclinarán por la opción progresista que encarna éste. Paralelamente, evalúan que alrededor de la mitad de los votantes de Patricia Bullrich saltarán la cerca con rumbo a la Fuerza Porteña en el "ballotage".
En una de las numerosas conferencias de prensa que hubo en el búnker de Ibarra -fueron tantas y tan seguidas que los periodistas debían volver repentinamente a la sala de conferencias cuando aún no habían terminado de escribir el informe de la anterior-, éste anticipó en su declaración la tónica de la campaña que encarará Fuerza Porteña para la segunda vuelta. "Nosotros expresamos -manifestó el jefe de Gobierno- los valores de seriedad y valentía que expresa Patricia Bullrich y también el compromiso con los derechos humanos y con las reivindicaciones sociales que expresa Luis Zamora".
El jefe de Gobierno aspira con este discurso a capturar en la segunda vuelta a los votantes que en la primera eligieron otras opciones y en la segunda deberán elegirlo obligadamente porque evalúa -quizás acertadamente- que Macri no va a poder seducirlos.
Otro de los ejes de discurso que comenzaron a escucharse en el Hilton -un escenario que muchos juzgaron inapropiado, pero que presupuestó la mitad que otro conocido hotel para albergar a las huestes de Ibarra- gira alrededor de "un voto por el futuro, que mira hacia adelante y que intenta dejar atrás el pasado".
Este eje de discurso intenta dejar anclado a Macri con la figura de Menem, un recurso demasiado trillado ya, que por serlo amenaza con "victimizar" al presidente de Boca Juniors, que anoche se quejó de la "campaña sucia" de la que fue objeto. Claro que omitió mencionar los constantes ataques que sus seguidores -y él mismo, en menor medida- descargaron sobre la figura del jefe de Gobierno.
Ibarra se refirió también a una exigencia de Macri de que abandone la Jefatura de Gobierno hasta el día de la segunda vuelta. "Me causa satisfacción este pedido -manifestó-. Esto quiere decir que estamos gobernando muy bien. Pero no se hagan ilusiones, vamos a seguir gobernando y lo vamos a seguir haciendo bien y cumpliendo con la ley, que nos exige gobernar". De paso, Ibarra aprovechó para disparar sobre sus adversarios: "que ellos respeten la ley que limita los gastos de campaña, que ya superaron en un 50 por ciento".
Ibarra, en su exposición ante los periodistas, apelaba directamente a los porteños. "Queremos sumarlos a todos al proyecto de ciudad que tenemos -decía-, para llegar a la deserción escolar cero, para continuar con las obras públicas, para seguir bajando el desempleo".
Además, el jefe de Gobierno aseguró que seguirá "nacionalizando" la campaña, advirtiéndole de paso a su adversario que "yo no tengo que arrepentirme de la década de los 90. Tampoco dije nunca que era un ferviente admirador de Menem y eso también estará en la discusión".