Ser el dos también es negocio
Una de las grandes incógnitas para el período parlamentario que comienza en diciembre es la de quiénes serán las autoridades de la Legislatura, ya que son varias las posibilidades que se barajan tanto desde el oficialismo como desde la oposición. Y la realidad es que lo que se discute hasta el momento tiene más que ver con cómo se armará la línea de sucesión del poder para el caso en que el Jefe de Gobierno se tenga que ausentar de la Ciudad ? ya que Gabriela Michetti renunció como vicejefa? que con el tema legislativo en sí mismo.
Diego Santilli ?hasta que abandone su cargo a fin de año? es el encargado de ejercer la jefatura de Gobierno cada vez que la situación lo exige. Cuando debe dejar la Legislatura, descansa en la confianza que le merece el peronista Juan Manuel Olmos. Siempre que se ha dado este recambio nunca pasó nada raro, tomando como tales las intempestivas interpelaciones a funcionarios u otras expresiones legislativas para disminuir la gobernabilidad de Macri.
Históricamente ha habido un orden ?un pacto jamás escrito? por el cual las tres primeras minorías se acomodaban en la primera, segunda y tercera vicepresidencias de la Legislatura. Esto se quebró sólo cuando, en 2003, la impericia de aquella alianza del ibarrismo con el kirchnerismo ?en la cual Miguel Talento era la fija absoluta (vitoreado desde las gradas)? permitió que la vice primera quedara en manos del macrista Santiago de Estrada, algo que no sería un dato menor, sobre todo para el futuro de Aníbal Ibarra.
El canibalismo que hoy, por ejemplo, nos trae el espionaje del ?señor Ciro James?, reafirma la idea en los distintos bloques de que nada puede ser dejado al azar en la negociación. Aquí se combinan dos cuestiones, ya que la mayoría que se requiere para el nombramiento de las autoridades es mínima: la primera, obviamente, es lograr el número de 31 votos que sería inexpugnable, aunque han existido casos de acuerdos con 27 votos que fueron ganadores. Y volvemos al caso De Estrada. La otra, es la idea de amplitud para fortalecer el consenso, algo poco probable en la Legislatura que viene.
Es que las huestes de Pino Solanas, contando al legislador Martín Hourest ?hoy por hoy el instructor de las tropas solanistas que están por abordar el Palacio de Perú 130?, suman nueve legisladores, mientras que las del Acuerdo Cívico y Social suman por ahora ocho (si mantienen a los radicales en su seno ?lo que parece improbable? y no seducen a nadie más) y se constituyen en las siguientes minorías. De producirse un acuerdo entre el PRO y la Coalición Cívica, podría ser Sergio Abrevaya el hombre elegido, aunque este acuerdo, vale decir, no es el preferido por el oficialismo. Los de Pino, con Hourest a la cabeza, no pasarán en ningún caso de la vicepresidencia tercera, a pesar de ser la segunda minoría. Después habría que atender si se produce la descomposición final del bloque de Aníbal Ibarra, que además de la de Gonzalo Ruanova ?anterior a las elecciones? podría sufrir dos nuevas bajas en dirección al kirchnerismo: las de Gabriela Alegre y el socialista Raúl Puy, que llegarían de ese modo al bloque de la interna mínima, en el cual Juan Cabandié parece estar una cabeza delante del educador Francisco ?Tito? Nenna. Claudio Palmeyro deberá decidir si definitivamente apoya al PJ no alineado de la Ciudad o respeta el alineamiento automático de su jefe Omar Viviani con Hugo Moyano, uno de los principales sostenes del matrimonio presidencial. Viviani hizo gestos hacia el PJ porteño, pero?
Diego Kravetz, que se autoexcluye de entrada, no es un recién llegado a estas instancias y entiende que la sucesión debe ser respetada por las características de los tiempos que corren. Él es claramente uno de los posibles candidatos para la vice segunda. No ve factible ?y además no le conviene? que pueda haber dos vicepresidencias para el macrismo, ya que entiende que no existen los votos en el recinto para esa propuesta. Kravetz integra el bloque de los llamados no alineados junto a Raúl Fernández (otro de los que suena para ser vice, pero pretende un acuerdo algo más amplio), los dos PJ de Olmos comandados por Silvina Pedreira, que tienen buen diálogo con todos; Gonzalo Ruanova, y quizás los dos radicales que tienen, al igual que Palmeyro, la vista más puesta en lo nacional que en el acuerdo interno.
Del otro lado del ring, como decía el gran Ulises Barrera, están los oficialistas que no descartan poner debajo de Oscar Moscariello a otro macrista. Moscariello, a quien todos dan como nombre puesto para vicepresidente primero, aduce que aún nadie le dijo ni ordenó nada, y justamente este cierre de la vice segunda junto al cargo de secretario administrativo sea una de las razones. Macri es una tumba para definir estas cosas y seguramente les anunciará a sus legisladores el paquete completo.
Otros dos nombres que tienen peso dentro de la estructura macrista son Álvaro González (que sonó fuerte para vice primero, pero se quedaría finalmente en la estratégica comisión de Presupuesto) y Cristian Ritondo, al que ?hay que darle algo?, según sus propios compañeros de bancada. Así, empieza la pelea por el bloque amarillo.
Con perfil bajo, llegado de la actual Secretaría Administrativa, lo que le permitió un conocimiento cabal del manejo de la casa, Bruno Screnci Silva es quien más suena para el caso que desde el oficialismo se inclinen por la nominación PRO para las dos primeras vicepresidencias. Hay muchos que, a diferencia de Kravetz, no ven imposible esta opción y ya pusieron manos a la obra. Son los que privilegian la gobernabilidad a los sobresaltos permanentes. Como diría el Diego, por ahora son Moscariello y dos más.