Salando las heridas
Cómo volverse atrás. El video ya estaba a la vista de todos. La reacción: la que todos esperábamos: llantos, gritos, desmayos.
El último testigo de la noche Alejandro Del Canto fue un hombre muy triste, entendiblemente conmocionado. Su relato fue sentido, duro para quienes vivieron lo mismo y realista para quienes todavía no se dan cuenta de lo que pasó.
Padre de un chico fallecido en la tragedia del boliche de Once fue traído por la fiscalía para contrarrestar lo que habían relatado las autoridades del SAME sobre lo hecho ese día.
Entre lágrimas contó: "Mi hijo estaba tirado en la calle, en la plazoleta. Con desesperacion trate de revivirlo, con respiración boca a boca y nadie me ayudó".
Luego pasaron el video innesario. Lo que se vio fueron las escenas que retrataron los medios ni bien llegaron: gente gritando, gente desmayada, gente muerta, gritos, dolor.
Todos los ojos del recinto, los de quienes trabajan en la Casa legislativa y hasta los de la misma policía miraron el video, que obviamente, debió ser cortado ni bien empezaron las primeras reacciones de los familiares.
Tanto los fiscales como los juzgadores, quienes pidieron y aceptaron la prueba respectivamente, se miraban como diciendo "¿Por qué hicimos esto?" "¿Qué ganamos?"
Gente llorando, peleando y gritando en los pasillos, con el corazón estrujado por el dolor que los está matando.