Publicado: 20/02/2006 UTC General Por: Redacción NU

Requiem por Ana de Skalon

El lunes por la mañana fueron enterrados los restos de Ana de Skalon, directora periodística de Canal Siete. Antonio Lizzano, uno de los editores de NOTICIAS URBANAS, tuvo el privilegio de trabajar con ella y para ella y la recuerda en esta nota, que más que un obituario es la catarsis emocionada de alguien que, además cree, que con esa vida se ha perdido mucho más que una vida cualquiera
Requiem por Ana de Skalon
Redacción NU
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El viernes a la noche me iba a encontrar en un bar cercano a la redacción de NOTICIAS URBANAS, el Hip, de Hipólito Yrigoyen y Perú con Leo Álvarez, un amigo, un hermano, con quien junto a Lucka Glezer habíamos craneado hace dos años el programa "Historias Prestadas", que salió al aire desde junio de 2004 por Canal 7 y durante un año, todos los martes a las 22. Al entrar al bar, la cara de Leo decía: ay. Lo saludo y me escupe a la cara la peor de las noticias: "Hoy murió Ana (de Skalon)". Una bomba atómica de mierda me explotó en las entrañas. Dije "ay", dije "carajo". Para negar su muerte injustificable brindamos a su salud y la recordamos de la mejor manera.

Una fibra interior, no obstante, comenzó a estrangularme el alma y un sinfin de recuerdos me la tomaron por asalto. "¿Por qué se mueren los buenos?", me cuestioné como un adolescente rabioso al procesar la noticia. Sabía, sé y sabré siempre que no hay respuestas para eso.

A comienzos del 2004, Ana llamó a Leo para que fuera a Canal 7, a hablar de trabajo. Y Leo me llamó a mí. Esa invitación tenía su origen en la muy buena relación que mi amigo mantenía con Miguel Bonasso, esposo de Ana y que, con mucha generosidad al enterarse de que Leo no tenía trabajo, lo conectó con su mujer, quien por esos días estaba a cargo de los noticieros y la parte de no ficción del canal, sumergida en la ardua tarea de cambiarle la cara a la desprestigiada emisora.

La admiración que yo sentía por Bonasso me predispuso de la mejor manera para ese primer encuentro-sorpresa con Ana. Ni Leo, ni Lucka, ni yo, sabíamos cuál era la propuesta laboral.

Al llegar al canal y, simplemente por deformación profesional, traté de hacerme una imagen de Ana, luego de la sorpresa de su propuesta. Quería que hagamos un programa de investigaciones, algo que a nosotros nos gustaba, y no nos dijo mucho más. Era evidente que por nuestro pasado se orientaría por el lado policial. Luego de ese primer encuentro me di cuenta de lo especial que era Ana. Su confianza ciega en la gente de su alrededor nos proporcionaba una absoluta libertad, algo que para nosotros era absolutamente nuevo en más de diez años de profesión. Su combinación de dureza de principios y la dulzura para enfrentar las tareas más quijotescas, fueron una marca que jamás olvidaré de su personalidad.

Luego de esa primera reunión todo fue libertad y confianza. En el primer año y único que estuve en el programa, Ana jamás se metió en los contenidos, ni siquiera conocía con antelación los temas en los que trabajábamos. A eso se sumaba que nuestra experiencia televisiva era casi nula, de los tres sólo yo había laburado un año en el equipo de investigaciones e informes especiales de Canal 9 (1998), lo demás que sabía de TV es que tenía uno de esos aparatos en mi casa.

MI poca experiencia no me dejó ver que Ana nos conocía mejor que nosotros mismos. Sabía que éramos periodistas, que conocíamos cómo se investiga y que trataríamos de realizar un producto poco convencional o al menos que evitara los caminos más usados y de lo que se conoce como políticamente correcto.

A pocos días de la salida al aire del primer programa, que trataba sobre secuestros, Ana se acercó a la isla de edición, nuestra segunda casa, y sólo observó los primeros diez minutos del envío. No dijo nada y se fue. Cierto miedo comenzó a recorrerme hasta que el editor me dijo: "Qué suerte que tienen ustedes, porque el programa le gustó mucho. Ella es así, si le gusta no dice nada, sino hubiera hecho varios cambios".

También la recuerdo en el bar palermitano donde nos juntamos para ver el primer programa y tanto ella como Miguel fueron invitados por Leo. "No van a venir", nos decían todos en el canal "y menos Ana". Se equivocaron y por mucho. Ana apareció y disfrutó del trabajo a destajo que sabía, habíamos realizado, no tanto porque era nuestro programa sino también a manera de agradecerle tanto apoyo y libertad.

Hay una anécdota de ella que no podré olvidar mientras viva. Una vez, en que mi furia estaba desbordada, salí de la edición para ir a su oficina a quejarme de las innumerables trabas que nos ponía cierta burocracia para darnos los equipos de filmación. Luego de escucharme en silencio, Ana abandonó su escritorio y fue derecho a encarar al hombre de las trabas. Sus consejos, gritos, órdenes logró lo que necesitábamos. Con la mente fría me invadieron las preguntas: "Esta mujer sólo me conoce por ser amigo de Leo y, sin embargo, voy a pedirle algo y se juega por entero ante mi reclamo. Así era ella. Sabía que nosotros estábamos de su lado, del lado del trabajo, del darlo todo por un producto mejor y defendió a su gente". Un ejemplo único en este medio en donde los mediocres y los trepadores y advenedizos venden a la madre por ser Luis Majul.

Era una mina con códigos, de fierro y muy dulce. La voy a extrañar mucho.

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