Kirchner e Ibarra y un acto con mucho contenido político
El acto que reunió a Néstor Kirchner y a Aníbal Ibarra -la excusa fue la entrega de 58 patrulleros a la Policía Federal- arrojó como resultado una serie de definiciones que demarcaron claramente el panorama político porteño hasta el 24 de agosto próximo.
Para empezar, en su discurso, Aníbal Ibarra entregó algunos conceptos que Kirchner recogió en su propia alocución, tanto para expresar su coincidencia como para desarrollarlos aún más. El jefe de Gobierno porteño expresó que "la seguridad no es sólo un tema policial", para luego deshacerse en elogios hacia el presidente.
"Quiero destacar -expresó, al borde de la emoción- que nunca escuché una palabra suya que condujera a propuestas fáciles o efectistas", para solazarse luego con un tema en el que ambos concuerdan: "usted dijo que no hay que criminalizar la protesta social". Finalmente, casi lagrimeando, Ibarra expresó: "celebro su presencia aquí".
El presidente, por su parte, no quiso ser menos. Calificó a la actitud del gobierno porteño como "generosa", y como "responsable y solidaria". Luego agregó que "estoy muy contento de compartir este palco". Finalmente, expresó sus "felicitaciones", habló de una "respuesta de madurez y de responsabilidad" y terminó disparando una ráfaga contra Felipe Solá, al que exhortó a unirse a "estas manifestaciones", en una clara alusión a la alianza que termina de anudar el gobernador bonaerense con Mauricio Macri, el archirrecontrasúperenemigo de Aníbal Ibarra para la pelea de fondo del 24 de agosto.
Para finalizar, Kirchner manifestó que "ha sido un placer estar en este acto", al tiempo que destacó que la actitud de Ibarra "es un ejemplo que espero que vaya de una punta a la otra de la Argentina".
LA ENTREGA DE LOS PATRULLEROS
Pero entre tantas flores que se ofrendaron ambos dirigentes, hubo un acto. Desde hoy, los policías federales de la Capital Federal acelerarán tras los hampones en los 58 autos nuevos -Peugeot Partner y Fiat Siena- que les regaló Ibarra.
El capellán de la Policía Federal, Vicente Bartolo bendijo los móviles, pidiendo para sus ocupantes la protección de San Cristóbal, patrono de los automovilistas.
El acto estuvo en algún momento a punto de supenderse, cuando la presencia del primer mandatario estuvo en duda. En este ínterin, Ibarra fue y vino varias veces bajo la lluvia, celular en mano. Mientras tanto, el ministro de Seguridad, Justicia y Derechos Humanos, Gustavo Beliz, permanecía dentro de su lujoso automóvil ministerial, lejos de los padeceres del proletariado porteño.
AL JEFE DE GABINETE SE LO LLEVÓ LA POLICÍA
Acosado por los periodistas, el jefe de Gabinete de Kirchner, Alberto Fernández, que había llegado con aquel en el auto presidencial, se encontró repentinamente de a pie, ante la rauda partida del primer mandatario.
Desconcertado, le pidió asilo a Beliz, que también contestaba a la requisitoria periodística. Pero, de repente también éste se fue. Resignadamente, el jefe de Gabinete se quedó solo, contestando las preguntas de una bella movilera del Canal 26. Cuando los preguntones terminaron su labor, subió a un auto de la Policía Federal que se había quedado a esperarlo y en él partió hacia la Casa Rosada.