Publicado: 17/09/2005 UTC General Por: Redacción NU

Cromañón, la parálisis política y el deterioro institucional

La tragedia de Cromañón atraviesa como flecha una de las peores crisis institucionales de la Ciudad, donde los actores políticos que deben frenar la caída libre -oficialistas y opositores-, frecuentemente actúan con argumentos más válidos para mantener vivo el problema, que sólo aumenta el dolor sin aportar nada a la solución. Una madeja política que se enrieda y perjudica al conjunto social y en el que nadie gana. El escenario electoral sin oficialismo que todo lo empeora. Claves para entender el problema y viabilizar una salida
Cromañón, la parálisis política y el deterioro institucional
Redacción NU
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"¿Te acordás el año pasado cómo se plantó el "Flaco" (por Aníbal Ibarra) en el (Teatro) Cervantes?" Sí, le contestó su interlocutor. "Parecía Juan Perón", agregó en forma de exageración. Sin poder entender bien de qué manera se ha llegado a este punto de complicación en el Gobierno, dos funcionarios porteños de primera línea se lamentaban sin salir del asombro que provoca este vidrioso escenario.

En la mesa de al lado del boliche -actualmente de onda para la política porteña- y siguiendo la misma línea de pensamiento, se escuchaba de fondo: "Y eso que (Mauricio) Macri no hace nada bien para aprovechar electoralmente la situación", acotaban otros dos aliados del oficialismo al tiempo en que recordaban con sorna la imagen del "salto al bache" en lo que para ellos no era un bache. "Y eso que hay unos cuantos", graficaban con realismo desde un oficialismo sin candidatos propios. Una situación por lo menos peculiar desde el punto de vista político, que llevó a un jefe de Gobierno sin poder de fuego en la Legislatura a quedarse sin política electoral visible y encima jaqueado.

Según coinciden las encuestas de Poliarquía y las que genera este sitio, el tema Cromañón está muy lejos en las preferencias porteñas. Sin ponerle ideología a esos números que no llegan a los dos dígitos, la realidad es así de dura y la sociedad en su conjunto, masivamente se desentiende de la justicia con respecto a la tragedia. Quizás porque no pasó en Recoleta o en la Costanera Norte, quizás porque para "seguir siendo" siempre se barre la basura bajo la alfombra -además no se ve la mugre-, o sencillamente porque ya nada importa y así nos resulte más fácil.

Sin embargo este tema perfora todas las casas políticas, todos los despachos y redacciones, hasta retornar con asombrosa periodicidad y en letras de molde, cada vez que parece amainar el temporal político que significa la permanencia en escena del juicio político al jefe de Gobierno.

Del podio de candidatos supuestamente "favoritos", sólo a Rafael Bielsa, cuando se le sale un poco la cadena, se refiere desde alguna óptica -de esas que sólo él configura- con alguna reflexión elíptica a la actualidad de la investigación y los familiares. Quienes lo adelantan al Canciller en los sondeos, Elisa Carrió y Mauricio Macri, no hablan una palabra, tienen en ese sentido muy clara la estrategia comunicacional: cero.

Puede entonces un problema que se respira con mucha dificultad, casi con ántrax, sólo en los dos palacios separados por cien metros, en la Legislatura y su libanizada población política y en una cantidad acotada de familiares y sus abogados correspondientes, puede el tema Cromañón paralizar al gobierno de turno, cada vez más maltrecho a medida que se suman los golpes y obstáculos. La Ciudad en su conjunto no debería poder darse ese lujo y aquí, al igual que en las causas de la tragedia, hay responsabilidades variadas y concurrentes.

Como primera hipótesis que damos por buena, Cromañón permanece como un problema casi exclusivamente de índole política. Y que si no hubiera elecciones en los próximos 45 días el tema se estaría tratando de una manera muy diferente más allá de sus fallas.

También queda claro que el vértice del poder nacional instalado en Balcarce 50 y su tropa K en Capital no es para nada ajeno al esquema de mantener al jefe de Gobierno Ibarra como "rehén" hasta que se decida -en algún momento- el plan de acción para desarrollar en el distrito. La Legislatura, con sus aciertos y sus errores, políticos y de reglamentos, hace un trabajo que le permite al Gobierno nacional, aunque no la controle, seguir manipulando la manivela de un respirador de un Gobierno comunal que, curiosamente, en esta etapa posee cuatro integrantes que adhieren a su signo político.

A saber, Héctor Capaccioli, Donato Spaccavento, Roberto Feletti y Eduardo Epszteyn. Esto sin contar el valor agregado que le da la senadora Vilma Ibarra a la relación Nación - Ciudad. Es más de la mitad del presupuesto del Gobierno de la Ciudad en el presente año. Todo espera.

Descartados por ahora los planes intervencionistas para el cual no le cierran las cuentas a nadie, la Ciudad necesita pasar rápidamente por la compulsa electoral para que, a partir de un nuevo escenario, si es que éste se produce y aporta algún cambio sustancial, pueda poner en marcha un esquema político que detenga la crisis institucional por la que atraviesa el distrito en sus tres poderes, se empiece a concertar algunas pautas de crecimiento perdurables, que acerquen y motiven a la vez a la sociedad con la dirigencia de cualquier signo o partido.

Que si alguna vez se vuelve a paralizar un gobierno sea por un mayoritario reclamo popular al estilo Fernando de la Rúa y no por un terrible hecho que cotiza solamente en los palacios políticos al ritmo del dolor creciente de los familiares.

Que nadie se confunda, más allá de a cuanta gente le interese la cuestión , la justicia en el caso Cromañón es absolutamente imprescindible y ello será una muestra de que la política ha logrado desatar el nudo que mantiene peligrosamente atada a las instituciones, en vilo a casi todos sus integrantes y desprotegidos a los habitantes de la Ciudad.

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