Los porteños tendrán sobredosis electoral
El 27 de abril será para los porteños algo más que la fecha para elegir presidente. Será el comienzo de una maratón comicial que hará las delicias de los demócratas fervientes, en tanto que hará que los tibios fluctúen entre el mal humor y la deserción.
Esto será así porque a la elección presidencial del 27 de abril habrá que sumarle la segunda vuelta -los analistas del mercado electoral auguran que nadie captará la voluntad popular de una sola vez-, que se produciría el 18 de mayo. Pero allí no terminará todo. Menos de un mes después -el ocho de junio-, los a esta altura fatigados porteños volverán a las urnas para elegir al jefe de Gobierno.
Pero si para esta ocasión cierto porcentaje de la población se encontrara, como es de suponer, algo hastiada de ejercer su derecho al sufragio, se encontrará en el mismo límite de la desesperación cuando caiga en la cuenta de que aún restará otro comicio por transitar, que será la segunda vuelta para elegir jefe de Gobierno, ya que en esta votación los analistas también coinciden en que no bastará con una sola ronda.
De acuerdo con esta mecánica, los porteños elegirán, el 27 de abril y el 18 de mayo, a dos candidatos únicamente: el presidente y el vicepresidente. Pero en las otras dos rondas se votará al jefe y vicejefe de Gobierno; a 13 diputados nacionales -con 13 suplentes-; a 40 legisladores porteños -con 40 suplentes- y, posiblemente, a 16 directores de Centro de Gestión y Participación. Si los cargos se mantuvieran en estos guarismos, los resistentes habitantes de esta ciudad votarían a 124 funcionarios, en su gran mayoría, ilustres desconocidos.
EL LARGO CAMINO HASTA EL 10 DE DICIEMBRE
Si el actual jefe de Gobierno ganara en el comicio, la transición entre uno y otro período ocurriría sin mayores tropiezos. Pero si el resultado le fuera adverso, los cinco meses que mediarán entre la segunda vuelta -no sería posterior al seis de julio- y el 10 de diciembre podrían llegar a convertirse en un infierno.
En ese caso, un gobierno debilitado -aunque en las cercanías de Ibarra afirman que "ni pensamos en la derrota"- en ejercicio del poder debería soportar la presión constante del binomio triunfador. No sería un escenario imposible el suponer que éste cuestionaría cada una de las decisiones que tome el perdidoso, lo que debilitaría paulatinamente su base de acción hasta volver intrascendente su gestión de gobierno.