Rodríguez Larreta suma y sigue
En los años en los que no hay elecciones ?como el 2012-, lo mismo éstas no dejan de estar omnipresentes en cada decisión política, acto o medida de gobierno.
Precisamente, en estos tiempos, en el interior del PRO se desarrolla una controversia que ya tiene un final anunciado, que comenzó a definirse en un ?meeting? ?un término muy PRO- que se realizó en el Centro Cultural Recoleta el 31 de marzo de 2011.
Ese día, Mauricio Macri convocó, casi de prepo, a Gabriela Michetti ?que no quería ir- y a Horacio Rodríguez Larreta para que expusieran ante el gabinete y las segundas líneas del gobierno porteño sobre qué harían en el caso de que alguno de ellos dos se convirtiera en el sucesor del ex presidente de Boca Juniors en el sillón de Bolívar 1.
Ambos contendientes se turnaron en el micrófono para convencer a sus colegas de que si alguno de ellos sucediera a Macri nada cambiaría. Ese día, el desempeño de Gabriela Michetti ?que tuvo un tono que algunos PRO consideraron casi ?progre?- la catapultó al ostracismo. Por el contrario, la performance de Rodríguez Larreta, que llevó un guión perfectamente elaborado y lo expuso de una manera histriónica, paseando entre los presentes como un cómico stand-up, lo impulsó lentamente desde ese día hasta el momento de gloria que disfruta desde hace un tiempo.
De aquellos fuegos a estas cenizas
Desde entonces, la ex vicejefa de Gobierno y por entonces estrella en ascenso del PRO fue migrando hacia los márgenes de un partido que por estos tiempos ?no se sabe si como premio o como castigo- se dispone a enviarla a lidiar con las estepas bonaerenses, territorio inhóspito para los que no manejan la ciencia de los especialistas en supervivencia política en condiciones extremas.
Hasta estos días, Michetti venía eludiendo el presente griego ?y bonaerense- que le brindaba su partido mediante evasivas, sin dar una respuesta definitiva, pero ella menor que nadie sabe que los tiempos políticos tienen un límite y el acoso de Emilio Monzó ya se le ha vuelto insostenible.
De todos modos, como la dama que es, la ex vicejefa de Gobierno aceptaría el convite, pero no dejaría de poner condiciones. Su aspiración de máxima era la de ser la candidata del PRO a la senaduría porteña. La de mínima, en cambio, sería la de aceptar la excursión pero dejando a su tropa porteña bien ubicada, en lugares expectantes de las listas electorales.
Senador y Jefe de campaña
Su enemigo íntimo, Horacio Rodríguez Larreta, sería finalmente el candidato a senador, en especial porque Mauricio Macri no sólo lo quiere allí, sino que pretende además que desde el edificio del Congreso, lejos de la gestión del día a día, sea el jefe de su campaña presidencial.
Este cambio de actitud de Macri ?que antes fue el Pigmalión de Michetti y su más férreo defensor- está motivado en lo que viene ocurriendo desde que Michetti abandonó la Vicejefatura de Gobierno, una decisión que desdibujó severamente su imagen. Así, en los sondeos de opinión de los últimos meses que encargó Macri, Rodríguez Larreta superó a la propia Michetti y hasta a la actual vicejefa de Gobierno, María Eugenia Vidal, ?la nueva Michetti? en el universo PRO.
Macri necesita imperiosamente que alguien maneje su campaña y hasta ahora ni Humberto Schiavoni ni Emilio Monzó ni Cristian Ritondo ?los tres peronistas- llenan sus expectativas.
Es curioso, pero dicen los properonistas que cada vez que hubo que repartir trabajos de construcción de espacios políticos, desde la conducción se convocó a los peronistas, para relegarlos inmediatamente una vez alcanzados los espacios de gobierno. En resumen, el PRO siempre priorizó a la ?propia tropa? del ingeniero para ocupar los lugares importantes del gobierno, aunque ?siempre según los properonistas- ?no le garanticen al partido ni un solo voto?.
De llegar Macri a la Casa Rosada dentro de tres años, la recompensa para el actual jefe de Gabinete sería la candidatura a jefe de Gobierno, un bocadillo que Rodríguez Larreta creía tener al alcance de la mano el año pasado, cuando la decisión de Macri de descender de la Nación a la Ciudad lo dejó con las manos vacías.