De la kalma al kaos
Mi abuela diría "tengo la sensación que esta es la calma que precede a la tormenta", y no se equivocó. A las cuatro de la tarde nada hacía presagiar en el bunker K las escenas de caos y desorden que se vivieron cerca de las once de la noche, cuando los candidatos quisieron hablar.
En el hotel elegido bien temprano fueron desfilando por el amplio sector destinado a los periodistas en la capilla del Hotel Intercontinental funcionarios del Gobierno porteño, legisladores y candidatos. Los que primeriaron en esas rondas fueron el secretario de Infraestructura y Gobierno, Roberto Feletti, y el secretario de Descentralización, Héctor Capaccioli pero fueron tan infructuosos sus intentos de salir en los medios que rápidamente se adentraron en el hall del Hotel donde se iban a juntar los correligionarios K.
Rápidos de reflejos los demás que esperaban hacer el mismo recorrido prefirieron evitar el papelón y mandar sólo a sus agentes de prensa para que tantearan el terreno pero, aquellos que en la Ciudad se siente como reyes sin corona, dueños de un pequeño territorio de tres manzanas, sintieron la fría cara del periodismo nacional que no los reconocía, ni tenía interés en sus jefes.
Así fue pasando la tarde, muy tranquila y ordenada. Los periodistas esperaban en un espacio de la capilla que tenía cerca de 20 computadoras, 3 pantallas de plasma -todas transmitiendo ¿el canal de aire oficial?, No, todas transmitiendo un "prestigioso" canal de cable que solo brinda noticias- y teléfonos libres para todos. Además, se había colocado una carpa, a modo de antesala, donde los paparazzi preparaban sus equipos técnicos y dejaban pasar el tiempo frente a otra pantalla de plasma y a la mesa con café, jugo y algún que otro sandwich o medialuna.
En el Hotel Intercontinental todo era calma hasta que los primeros resultados comenzaron a llegar; se sabía que el canciller Rafael Bielsa, su familia y su comitiva estaban en el piso 13 del Hotel y que los compañeros de la senadora Cristina estaban en el piso 17. También se sabía que todo el gabinete del presidente Kirchner (menos Roberto Lavagna y Alicia Kirchner) estaban allí, que el vicepresidente Daniel Scioli, estaba allí, así como también todas las líneas menores del kirchnerismo, legisladores, candidatos y amigos "pulserita violeta" (lo que marcaba el acceso de un sector al otro).
Así, entre sandwichitos, jugo y café el clima fue cambiando, las caras felices de la tarde ya no eran tales, más bien, habían cambiado su tono a la preocupación. En off de record el candidato Claudio Morgado aseguraba que no entraba y reconocía la derrota pero, salvo él nadie se animaba a los micrófonos.
Más de cuatro horas y media desde que se conocieron los primeros resultados, tuvo que esperar la prensa para escuchar las primeras palabras oficiales del kirchnerismo, que esperó a que todos los candidatos opositores brindaran su correspondientes conferencias de prensa, para hacer la propia.
Y allí, la inercia que se había vivido durante la tarde se pagó, y con creces. La gente de la organización, entiéndase seguridad nacional, seguridad del hotel, no había previsto que el camino el escenario preparado para los discursos no estaba libre, así como tampoco habían previsto un lugar especial por donde los candidatos pudieran entrar al salón, por lo cual, cualquiera que quisiera acercarse debería atravesar el mar de gente que allí se encontraba.
"Y se abrieron las aguas y el pueblo caminó" diría alguien muy creyente pero no fue así, el mar de periodistas que había llenado los pasillos y la sala de prensa del Hotel Intercontinental, no se abrió.
La senadora Cristina Fernández de Kirchner fue quien lo intentó primero, varios guardias de seguridad del estilo ya conocido como pochoclo -entiéndase todo inflado- quisieron que el periodismo le abriera camino a la "reina de la noche" pero no lo lograron, los paparazzi y los cholulos (que nadie entiende como llegaron allí debido rígido control de entradas) se mantuvieron firmes en su decisión de conseguir las primeras imágenes. En ese marco, similar a una telaraña, salió ella, con la frente en alto y la sonrisa presente, sonrisa que le duraría poco en el recorrido de los 100 metros que la separaban ansiado escenario.
Lo que allí ocurrió fue vergonzoso y no porque no haya pasado antes, sino porque es el estrato más alto de poder de la Argentina y no se puede creer que no puedan crear un camino vallado para llegar a un escenario.
Lo que le tocó al canciller Rafael Bielsa fue igual de caótico pero con menos volumen de gente, los más de cuatrocientos periodistas que estaban, quedaron reducidos a la mitad o menos, para recibir al candidato a diputado por la Ciudad. Bielsa llegó entre el tumulto, acompañado de Mercedes Marcó del Pont, Claudio Morgado (en aquel momento era ganador), Jorge Coscia y el jefe de Gabinete Alberto Fernández. Su familia, que también caminó entre los paparazzi, logró llegar cerca del estrado pero todo se desarrolló en medio de apretujones y empujones.
Entre gritos, cánticos y alabanzas el Canciller fue escueto en su discurso y rápidamente anunció: "Ahora viene lo mejor", haciendo alusión a que el Presidente de la Nación se acercaría al estrado pero, siguiendo con la desorganización que reinó la noche, porque aunque caminar entre manos, empujones y abrazos es el estilo de Néstor Kirchner, el jefe de Estado nunca bajó a pronunciarse. Cristina había hablado por los dos y lo de Bielsa no lo tenía muy contento.
Mientras todo esto se desarrollaba dentro del cuadrilátero que delimito el movimiento de los periodistas, fuera del Hotel, en las calles Alsina y Moreno, movimientos kirchneristas se manifestaban con cantos, bombos, y banderas.