Publicado: 10/07/2006 UTC General Por: Redacción NU

El regreso de los viejitos que silban

A las autoridades salientes del canal Ciudad Abierta, la señal de cable del gobierno de la Ciudad, les quedó claro una idea: "Que Telerman considera que la señal era muy nac and pop y que quiere algo más vanguardista"
El regreso de los viejitos que silban
Redacción NU
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Ahora no sé qué entiende él por vanguardias", dice Alejandro Montalbán, flamante ex director del canal, sin ironías pero con furia. Un enojo razonable por la máquina de hacer perder el tiempo que suele resultar la administración pública aun para quienes no lo quieren perder. Montalban supone que la decisión de removerlo estaba tomada hace cuatro meses cuando Aníbal Ibarra empezó a pagar la culpa por Cromañón, pero que postergaron los cambios sin motivo. "Lo que hicieron entonces fue hacernos la vida imposible, el Canal había comprado una camioneta para trasladar equipos y se la apropió la subsecretaría de Comunicación y nos ahogaron con la caja chica que en un canal es indispensable porque no se pueden pagar taxis llamando a licitación".

Montalbán es un sociólogo egresado del Nacional de Buenos Aires que llegó al cargo designado por Daniel Rosso, subsecretario de Comunicación Social de Ibarra, quien fue su compañero de estudios y de militancia en la carrera de Sociología. Su misión era remplazar física e ideológicamente a Mariano Cohn y Gastón Duprat, dos realizadores del mundo privado sin visión política, que habían sido designados a cargo del canal por Jorge Telerman cuando era, simplemente, secretario de Cultura.

Cohn y Duprat aterrizaban con los pergaminos de hacer un show llamado Televisión Abierta que consistía en mostrar la intimidad de personas que habían perdido toda la vergüenza, pero porque ni eso les quedaba y no por espíritu libertario. El espectáculo se transmitía por el Canal América y a la medianoche. Eran burlas a gente con pocas defensas, si bien más sutiles que las de Marcelo Tinelli pero burlas al fin que fueron muy celebradas en los cumpleaños del corredor norte. Donde se celebra casi cualquier cosa mala, desde hace cien años.

En Ciudad Abierta, Duprat y Cohn debieron adaptar su notable ingenio conceptual a algo más comprometido, porque esto es serio viste, y pasaron varias semanas filmando ancianos silbar tangos en la costanera. O cosas así. Con el tiempo, las burlas fueron para ellos dos. Y en cuanto el canal Ciudad Abierta quedó en la órbita de Rosso por escalamiento de Telerman a Vice Jefe, Rosso que estaba verde por semejante despilfarro de recursos, puso a Montalban para que infunda en el canal un mundo de sentidos un poco más complejos.

En el equipo de conducción del canal acompañaron a Montalbán, el poeta Gabriel Reches y el columnista del diario Perfil, Damián Tabarovsky quienes ya formaban parte del staff de la subsecretaría. Entre los tres, debe decirse en su honor, se esmeraron por no hacer una gestión alcahueta del ibarrismo, aunque no se esmeraron tanto por no hacerla en absoluto que es mejor, más valiente y salen más cosas.

Mario Wainfeld, un todo terreno del oficialismo nacional y porteño, tendría también ahí su tribuna de doctrina y la temática del canal, que avanzaba sobre terrenos exploratorios de la sociedad, antropológicos, etnográficos, nunca se permitió la misantropía y el riesgo (no el de hacer los temas que no se hacen en los canales comerciales, sino el de sacudir un poco el panorama, moverle la alfombra a los poderes). Hubieran durado menos, sin dudas, pero ¡qué polvo!

Con todo, esta última gestión del canal fue cien veces más interesada en la producción de sentidos y en la habilitación de las herramientas televisivas a nuevos realizadores que la gestión inicial de Cohn/Duprat. Eso es lo que hoy se remplaza. Oscar Feito, subsecretario de Comunicación Social de Telerman, dijo a Noticias Urbanas que "aceptamos la renuncia de funcionarios renunciados y no da para que hagan escándalo. Por otra parte, estamos repatriando a una excelente profesional". Se refiere a Cecilia Hetch de quien Feito dice además que fue "la que tuvo la idea del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires". Lo que sigue no lo dice Feito, pero hay un mito urbano que susurra que ese festival es una idea de ella que fue robada por Claudio España y Ricardo Manetti durante la gestión de Fernando de la Rúa.

Googleando se detecta que a Hetch no siempre la roban, fue productora ejecutiva de la película Felicidades del fallecido director publicitario Lucho Bender y que partió a su exilio español donde dio clases de guión. De regreso a la patria, repatriada, será la número 1 del canal número ochenta y pico de la grilla de las empresas de televisión por cable y restaurará en sus viejos cargos pero como puros creativos, a Cohn y Duprat. No es inútil decir en este punto que Ibarra y Telerman fueron por la misma boleta.

Montalbán y Hetch, que votan parecido se vé, se encontraron cuarenta minutos la semana pasada para darse mutuamente información. "Bah, quería saber cuánta plata quedaba" dice el saliente. La entrante y Montalbán no era la primera vez que se veían. Unos meses antes se conocieron en el edificio que la subsecretaría alquiló para el funcionamiento del canal en la calle Azcuenaga, algo más digno y presentable que el local de quiniela que tuvo hasta ahora en el Centro Cultural San Martín. "Me la presentó Rody Mascali que era el jefe de gabinete de Feito. Me dijo: te presento a Cecilia, nos va a estar dando una mano. Sin decírmelo concretamente me presentaba a mi sucesora". Pero al menos con Mascali (que ahora es el nuevo director de Radio de la Ciudad) y con Hetch, hubo sonrisas y charlas largas. Montalban tuvo, según él, dos conversaciones con Feito, que duraron nueve minutos entre las dos. Una de cinco en marzo y otra de cuatro el día de Argentina Holanda. "En la primera me dijo 'stand by', en la segunda me dijo que nos dejaba afuera", cuenta Montalbán.

De lo que será en el próximo tiempo Ciudad Abierta, Feito quedó en contestar.

CULTORES DEL TIEMPO PERDIDO

En simultáneo con el cambio de autoridades en Ciudad Abierta, en la Radio de la Ciudad, Telerman y Feito designaron a Rody Mascali, un radical, como nuevo director. Su arribo es menos conflictivo pero no menos triste porque llega a darle respiración boca a boca a una radio que las autoridades designadas por el ibarrismo (Telerman también lo era) se esmeraron para que nunca diera señales de vida. Hablamos también de los creadores de la Radio La Tribu.

Paridos por la escuelita de chicos obedientes y guevaristas tardíos de la Federación Juvenil Comunista, los gerentes históricos de la pequeña pero publicitada radio La Tribu tuvieron con el ibarrismo la oportunidad de traducir todos sus años de aprendizaje radial "alternativo", subsidiado por ong's internacionales (y el propio estado argentino, a través de distintas instituciones, como la institución Oscar Shuberoff), a la escala grande del estado municipal. Claudio Vívori en la vicedirección de Radio de la Ciudad, Ernesto Lamas, como asesor general, Damián Valls en la FM "La dos por cuatro" fueron los socios fundadores de La Tribu en los años ochenta y quienes, pasados los años, "tomaron ganancias" como se dice en la bolsa y llegaron a los cargos.

Ese recorrido sería un curso de honores normal y deseable en cualquier país que quiera aprovechar sus recursos humanos mejor entrenados, pero la excepción aquí es que estos humanos despilfarraron sus recursos. Lo que abre la hipótesis de que nunca los adquirieron en serio y que todo fue un largo malentendido. El despilfarro, de haber sido, es reconocible en la picaresca argentina y hace de éste, entre otras cosas, un país injusto y bobo que se traga, frustra, cuando no mata, a los más talentosos.

Los muchachos de La Tribu contarán siempre con la excusa de haber estado debajo en la línea de mando del locutor Juan Alberto Badía, en el primer tramo del ibarrismo y del historiador de micrófonos Carlos Ulanovsky, en el segundo. Y con la excusa de que el estado es un elefante pesado con el que no se puede jinetear.

Del paso de los tribus por la Radio de la Ciudad y por la FM de Tango no ha quedado nada que los distinga, una marca, un gesto que permita decir "por aquí pasó esta generación de tipos que vivieron (comer, vestirse, viajar) durante años de la alternatividad y que llegaron al estado para hacerle un hijo a la radiofonía pública". La programación de Radio de la Ciudad reprodujo en estos años ibarristas todos los formatos de la radio privada pero, al no tener la obligación de la competencia comercial, volvió morosa y torpe toda su intención.

Los trabajadores de Radio de la Ciudad, y quienes pasaron por allí en distintos momentos para hacer distintas cosas, recordarán el despacho de Vívori y su concentración en una notebook siempre encendida consumiendo energía, un recurso no siempre renovable, todos tratando de adivinar qué escribía. Si fueran sus memorias o su autocrítica, sería al menos un aporte a las futuras generaciones. Pero, seguramente, ni eso.

Más gordos, malhumorados, los tribus vuelven a sus casas a empezar de nuevo, aunque no sepan a empezar qué. Y a conseguir uno de esos laburos que requieren disciplina. ¿Cierto que duele?.

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