Teatro popular en Balvanera
Sobre Chile al 2080, casi esquina Rincón, se encuentra el teatro El Popular. Allí nos reciben Anabella Valencia y Sergio Lobo, una pareja de directores, dramaturgos y actores que, a puro mate, cuentan la génesis de esta sala inaugurada en mayo de este año. Una historia que los tiene como protagonistas principales.
?¿Cómo surge la idea de abrir El Popular?
Anabella Valencia: ?Es una idea del presidente de la Asociación Civil, Jorge Valencia, mi padre, a partir de la posibilidad de comprar esta propiedad, que era un taller mecánico de una concesionaria de autos. Lo usaban poco y nada, por lo que quisieron venderlo y sacárselo de encima. Fue una oportunidad. Además, mi padre siempre tuvo el sueño de tener un teatro o un espacio cultural. Él viene del cine, y yo, del teatro. Desde que salí del colegio hice teatro como actriz, dramaturga o directora. Estoy desde hace nueve años en la comisión directiva de Teatro x la Identidad. Se unieron esas pasiones y mi viejo me encomendó empezar con todo esto. Primero pasamos por todo el tema arquitectónico, que fue muchísimo trabajo.
?Sí, me imagino. Ahora está muy lindo. ¿Y antes?
A. V.: ?¡Era nada! Una escalera sola que subía por ahí y nada más. Era todo lo que tenía. Nos pusimos a laburar para hacer el teatro con gente que sabe mucho de este tema. Por ejemplo, Héctor Calmet, que es el director escenotécnico del San Martín, un prócer de la escenografía y del espacial del teatro. La sala fue pensada por Marcelo López, quien hizo la refacción del nuevo Teatro 25 de Mayo. Hubo que hacer las gradas con cierta inclinación para que se pudiera ver de todos lados. Al ser las gradas tan inclinadas, no nos daba la altura del techo. ¡Tuvimos que elevarlo dos metros! Todo esto lo hicimos con Marcelo y con Calmet, que te sabe decir las medidas que tiene que tener cada escalón y cada butaca para que se vea todo.
?¿Con qué concepto trabaja el teatro en relación con las obras?
Sergio Lobo: ?Trabajamos la idea de tener teatro argentino y, dentro del teatro argentino, todas sus vertientes. Todo lo que sea contemporáneo, difundir nuevos autores, promoverlos y editarlos. Hicimos hace poco un concurso de dramaturgia que tuvo 52 obras. La verdad, una alegría, por la cantidad de obras que llegaron, y más siendo un teatro nuevo.
A. V.: ?Además, tuvimos un jurado de lujo con Patricia Zangaro, Bernardo Carey y Amancay Espíndola. Ellos elegirán a los tres primeros premios. Los ganadores recibirán un dinero y sus obras pasarán a formar parte de la programación de El Popular. Algo que tiene de distintivo este concurso dramatúrgico es que se llama "Estampas de la Argentina actual". Hay que contar lo que pasa en la Argentina de hoy pero con estéticas del grotesco criollo o el sainete.
S. L.: ?Y llegaron 52 obras de estilo, escritas por nuestros pibes y también por gente grande.
A. V.: ?Nuestra idea es que las jóvenes generaciones puedan conocer la génesis de nuestro teatro pero, además, disfrutarla, tomarla, reelaborarla y continuarla, porque tiene mucho de actualidad. Nosotros somos "eso". En esa idea tenemos una muestra permanente de algún clásico de nuestros primeros autores. Por eso, estrenamos El organito, que la dirige Lobo.
?Justo, Sergio, te iba a preguntar por "El organito". ¿Cómo encaraste tu versión?
S. L.: ?Es un clásico, pero dentro de las obras de Discépolo está en un momento de bisagra. El organito contiene parte del sainete y parte del grotesco. No es un grotesco definitivo. Ahí coincido con un trabajo que hace David Viñas sobre el grotesco. En general, se coincide con que El organito contiene resabios del sainete y no termina de ser un grotesco definitivo como podrían ser "Mateo" o "Stéfano".
?¿Y entonces?
S. L.: ?Entonces, cuando un director se mete con un material debe tomar decisiones al respecto. Para que "El organito" nos dijera cosas interesantes hoy ?más allá de que sea un clásico? había que volcarse a rescatar más lo grotesco que el sainete. Aparece un tema generacional muy importante como es la disputa ideológica entre padre e hijo. Un modelo agotado y la sospecha de un modelo nuevo. Los hijos no encarnan un nuevo modelo de vida pero sí vislumbran algo que está pasando afuera y que ellos se lo están perdiendo, encerrados en la casa de El organito, que es el modelo que representa Saverio, el padre. En mi versión hay un personaje menos. A Humberto, uno de los hijos, lo dejé afuera de esta versión pero sus textos están entre los de los otros hijos, como Florinda y Nicolás. Eso también trajo aparejado una reducción del tiempo. Nuestra versión es de una hora y diez minutos, cuando la versión original era de casi dos horas.
A. V.: ?Hay algo que empezó a pasar desde el estreno y es que tanto los grandes como los más jóvenes salen impactados. Los más grandes, a la salida, dicen: "¡Era así! ¡Nuestra Argentina era así!" o "Conocí a fulano, que era así". Los más jóvenes se ríen y disfrutan de poder ver esa estética, que era lo que queríamos.
?¿El teatro vuelve a tener contenido social?
S. L.: ?Mirá, los 90 vaciaron al teatro de contenido social. Es probable que se esté recuperando. Bueno, se recuperó lo político en el país y eso también ha hecho que el teatro tenga una mirada diferente y un campo de interés acorde con el que tiene la gente hoy. Hablar de política en los 90 era digno de un marciano y hoy no. Este tema también lo planteamos porque elegimos decir esto con "El organito". En el grotesco, el tema del dinero es central. Todo gira alrededor del dinero o su ausencia. En los 90 el dinero también era central y nos costó como país despegarnos de esa cosmovisión. En estos nuevos tiempos, independientemente de que uno acuerde o no con el Gobierno, lo que sí hubo es una revalorización de la militancia, de los sueños o de otras cosas que no tienen que ver con lo económico. Nos empezamos a mirar para adentro y descubrimos que no somos los peores. Eso el teatro lo está reflejando. No sé si en los 90 hacías un concurso dramatúrgico y te caían 52 obras.
?¿Cómo fue meter el teatro en el barrio?
A. V.: ?Es algo muy lindo. En un momento, pensé cómo iba a ser el barrio con un teatro de estas características. Entonces empezamos a encontrar todas las posibilidades que te ofrece el barrio, que son muchas. A la gente le encanta no tener que irse lejos para ver algo. Tener las mismas posibilidades, llegar a un lindo lugar, un teatro y no un sucucho. ¡Y se está generando por acá una nueva zona teatral!
S. L.: ?Al respecto, estamos como en la época del sainete, estrenando tangos en la obra, interpretados por el Tata Cedrón. Si bien la obra se estrenaba con los tangos, ahora en "El organito" estrenamos tangos originales en la voz del Tata.
A. V.: ?La letra es de Lobo.
S. L.: ?Sí, está bien... y la música es del Tata. Pero también homenajeamos al género porque el sainete fue cuna de grandes tangos. "Patio de la morocha", por ejemplo. Después el grotesco se hace más psicologista, se cierra y no admite el corte del cantar un tango. Se pone serio. Conservamos del sainete la idea de canciones originales.
A. V.: ?La escenografía está muy buena. La ambientación pega mucho.
S. L.: ?Hicimos casi un conventillo.
A. V.: ?Sí, con todas cosas de la calle. Maderas, ollitas?
S. L.: Las sillas son de la calle, conseguidas en fuerte disputa con cirujas y cartoneros de la zona.
A. V.: ?¡Al final, Lobo terminó haciéndose amigo de uno!
S. L.: Hemos parados volquetes enteros para agarrar maderas, listones. En una, hubo una agarrada con mi ?ahora? amigo José Brizuela, que decía haber marcado unos listones y que los había atado con alambre. Discutimos por los listones. "Yo lo había atado", decía él, y cosas así. Y empezó una disputa que me permitió conocer a una persona encantadora, como hace años que no he conocido. Es cartonero y se reivindica como tal. Es electricista y trabajó en la vieja Entel. Lo despidieron en el gobierno de Menem y decidió no trabajar más. Es anarco-sindicalista-socialista. Estuvo exiliado en los años de plomo, volvió y le tocó el menemismo. Entonces decidió ser cartonero y no trabajar más en relación de dependencia. Todo por una cuestión de principios. Un tipo inteligentísimo. A los veinte minutos de discutir, me dijo: "Bueno, tengo muchos acumulados. Te canjeo por entradas de teatro los que quieras". Así que parte de la escenografía de El organito es de José, que entra gratis a ver todas las obras. Fue la frutilla del postre de todo este proceso.
?¿Hay alguna chance de que haya cine en esta sala?
A. V.: ?Sí, de hecho, atrás hicimos unos trastos que están pensados para proyectar.
S. L.: ?Una de las obras tiene una proyección. La de los viernes, Saberlo todo.
A. V.: ?La idea es poder proyectar. Hay que ver en digital, pero la idea está. Ahora arrancamos con teatro y con el Ciclo de Canciones Criollas. Mi papá quería, en un futuro no muy lejano, hacer estrenos que no se realicen acá, en la Argentina, de películas latinoamericanas. Pelis que, capaz, tengan poca difusión en sus países pero que las podamos poner acá.
?Sergio, tengo entendido que , además, trabajás en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad llevando obras a los colegios. ¿De qué se trata esa experiencia?
S. L.: ?La Defensoría del Pueblo es un organismo de control. En mi caso, coordino el área de Teatro en las Escuelas. La Defensoría, que tiene como eslogan "Protegemos derechos", controla las acciones u omisiones del Gobierno de la Ciudad, le señala cosas, le recomienda y exhorta otras, así como controla a las empresas privadas que brindan servicios públicos. Por otro lado, promueve derechos con un área de teatro en los colegios. En las escuelas primarias hacemos una obra sobre el derecho a la identidad y otra sobre violencia escolar, y en las secundarias estamos difundiendo un audiovisual que se llama "Mi primer voto".
A. V.: ?Las obras de teatro son con temática social. Una trata sobre violencia en la escuela, llamada "Un pequeño detalle".
S. L.: ?Y la otra es "El viaje de Martín Rueda", que trabaja identidad nacional con mucha música. Estamos en una dirección llamada Centro de Estudios para el Fortalecimiento Institucional (CEFI), cuya directora es María Rosa Muiños. La impronta de la dirección es muy social. Rosa es muy piola y habilitante para trabajar con libertad. Las obras son escritas y dirigidas por nosotros, con el rigor que deben tener, con su supervisión. Por ejemplo, la Legislatura vota una ley en la que los empleados de atención al público de la Ciudad deben capacitarse, una vez al año, en derechos humanos, discriminación y resolución pacífica de los conflictos. La Legislatura se lo encomienda a la Defensoría, esta al CEFI y el CEFI al área de teatro. Hay que tener la cabeza grande para confiar en estos proyectos y pensar en el arte para una tarea de estas características. Estamos en un organismo del Estado, capacitando a empleados del Estado a través del análisis de una película, con herramientas del teatro. Es gente que va obligada pero que se sorprende cuando se encuentra con todo esto. Terminan muy agradecidos con lo visto y vivido en la capacitación. Es impresionante la vanguardia que hay en derechos humanos en nuestro país y que, por suerte, es algo que no para. Más aún con la Ley de Matrimonio Igualitario o la Ley de Medios, que también es de derechos humanos.
A. V.: ?O la de la elección de género.
S. L.: ?Sí. Y con un Estado que entiende que sus agentes de atención al público pueden ser excelentes promotores de derechos para toda la población.
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Teatro El Popular. Chile 2080. www.teatroelpopular.com.ar info@teatroelpopular.com.ar 2051-8438.
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Fotografías: Nicolas Savine para NU (1, 2, 3 y 4) / Gentileza Teatro El Popular (5).
Foto 1: Fachada del teatro El Popular
Foto 2: Sala Discépolo
Foto 3: Sala Sur
Foto 4: Anabella Valencia y Sergio Lobo
Foto 5: Anabella y Jorge Valencia