Bergoglio en San Ignacio
La iglesia de San Ignacio está cerrada, apuntalada y con riego de derrumbe intacto, derrumbe que casi se produce hace cuatro años y que gracias a la acción directa de un párroco que cortó de facto el paso por la calle Bolívar, casi con seguridad hubiera ocurrido.
Los fondos para la restauración del monumento, el más antiguo del casco histórico de la ciudad, llegan a los siete millones de pesos. La restauración del edificio no figura en la lista de prioridades de los responsables del área cultural del Pro, si es que hay responsables de un área cultural.
Las cosas estaban mal pero la inacción de las autoridades comunales, las agravaron: al punto que el propio cardenal Jorge Bergoglio decidió oficiar misa en ese lugar el próximo martes.
Es un momento adecuado: se está midiendo el grado de polución sonora que provoca en la Capital Federal el paso continuo de camiones y colectivos, cuyas vibraciones tectónicas psieron en peligro este monumento y otros, a los que la Legislatura, invariablemente ignora.
La Iglesia Santa Delicitas, frente a la Plaza Colombia, en Barracas, es otro edificio histórico amenazado por el paso de los camiones que el señor Hugo Moyano, y autoridades nacionales y municipales autorizaron por la calle Brandsen, donde los vecinos dan fe que ni siquiera pruebas de sonido hubo.
Serán las vacaciones de invierno: la cara de granito de los funcionarios es un lugar común, como su inutilidad y probada ignorancia en casi todas las áreas. Pero en el caso del patrimono histórico de la ciudad, nadie descarta que además de ignorancia, haya negocios más rentables.