Intimidades de la última sesión por el Código
Fueron muchas horas de debate y así como se habían producido situaciones interesantes en las otras tres sesiones en las que se discutió el nuevo Código Contravencional, la última sesión por el Código en la Legislatura porteña dejó tela para cortar. Hubo, como rara vez pasa, muchos periodistas cubriendo el debate. Muchos agradecieron especialmente el "kit del buen periodista" que distribuyó a diestra y siniestra Edgardo Berón, asesor de prensa del diputado Helio Rebot (Compromiso para el Cambio).
El kit consistía en los 50 artículos que hay habían sido aprobados el 18 de agosto y los 27 que fueron sancionados el 8 de septiembre; una copia de los últimos artículos consensuados; unas declaraciones de Rebot y una cronología de los hechos significativos relacionados con el tema. Sin duda, una gran ayuda para quienes no siguen día a día el quehacer legislativo de la Ciudad.
A media tarde, y cuando el hambre empezaba a notarse entre la comunidad periodística, llevaron unos sandwiches y unas gaseosas a la sala, gentilmente enviados por Rebot. Cuando el diputado Jorge Enríquez (Juntos por Buenos Aires) se enteró de esto, por supuesto no se quedó atrás. Luego de un par de horas, llegaron los sandwiches made in Enríquez, aunque en menor cantidad.
Siguiendo con Enríquez, el diputado generalmente es de hacer discursos un tanto extensos el vicepresidente primero de la Legislatura, Santiago de Estrada, suele llamarle la atención. Esta sesión no fue la excepción. Por lo que se lo escucho decir a Enríquez: "¿Siempre yo tengo que redondear?" y continuó diciendo -como es costumbre-: "Cuando yo era funcionario del Gobierno de la Ciudad..."
Otro de los diputados que suele tener, pocas, pero largas manifestaciones en el recinto es Milcíades Peña (Confluencia). En esta oportunidad, cansado de que no tuvieran en cuenta sus observaciones a algunos artículos, recitó un verso de Oliverio Girondo, extraído de su libro "20 poemas para ser leídos en el tranvía".
Después de esta pequeña sección poética se ve que a algunas legisladoras les tocó el turno de ir al toilette. En un primer turno fueron María Eugenia Estensoro (Bloque Plural) y Alicia Caruso (Frente Grande). Ambas estaban charlando de la sesión, hasta que Estenssoro volvió al recinto. Fue cuando Caruso estaba por entrar al baño reservado para personas con movilidad reducida, que inmediatamente irrumpió en el lugar Gabriela Michetti con su silla de ruedas y le dijo elevando un poco la voz: "Ese baño es mío". Acto seguido una pálida Alicia Caruso le cedió el baño y fue al de al lado. Por supuesto, ambas finalmente se rieron de la situación.
Volviendo al tema gastronómico, por supuesto que esta vez tampoco faltaron las empanadas tanto en el recinto como en el Salón Eva Perón. Sin embargo, la cena no fue pagada por los diputados sino por los asesores que realizaron una vaquita a tal efecto. Poco serio.
Sin duda uno de los momentos más graciosos de la sesión fue cuando De Estrada explicó a los presentes que, siendo la una de la madrugada, se intentó prender el aire acondicionado pero, al hacerlo, despidió sólo aire caliente. Esta declaración motivó que el diputado Diego Santilli, más colorado que de costumbre, pidiera que se dejaran las puertas del recinto abiertas así corría un poco de aire.
Pero esa no fue la única situación simpática que protagonizó De Estrada, quien en el acalorado debate del artículo sobre la ocupación de la vía pública le cambió el apellido a Vilma Ripoll (Izquierda Unida), le dijo: Vilma Ibarra. Ripoll, que gritó hasta que se retiró de la sesión luego de tratarse el artículo de los vendedores ambulantes, no quedó conforme con la equivocación.
Promediando la sesión, cuando se estaban analizando las contravenciones en espectáculos artísticos y deportivos, el diputado Fernando Melillo (ARI) -quien hasta ese momento había manifestado su oposición al endurecimiento de penas- pidió que en el caso de que las contravenciones fueran hechas o permitidas por dirigentes se penara directamente con arresto. Lo que motivó que muchos legisladores bromearan con la posibilidad de que la cercanía de Enríquez (quien estuvo sentado en la banca de Rubén Devoto por un momento) haya sido lo que generó la propuesta de Melillo.
Por otra parte, un par de legisladores (macristas ambos) cansados de tanta discusión comenzaron a apostar sobre los votos que De Estrada le adjudicaba a cada artículo. Luego de varios intentos fallidos, uno de los dos acertó. Habrá que ver ahora si el Nogaró le paga al Festilindo los 100 pesos apostados.
Luego de más de once horas de debate lo que, sin duda, resultó más extraño es que el diputado Diego Kravetz (Frente para la Victoria) pidió la palabra solo una vez.
En cambio, una de las legisladoras que menos habla en el recinto, Dora Mouzo (Juntos por Buenos Aires) decidió hacer uso de la palabra para preguntar si, debido a una contravención que se estaba incluyendo en el Código, no iba a poder hacer más pintadas durante la campaña. Un silencio, a veces, dice más que mil palabras.