Homenaje a los caídos por la causa nacional en 1956
El acto es organizado por la Comisión de Homenaje, que está formada por Susana Valle, Osvaldo Mércuri, Jorge Cépernic, Inés López, Fernando Vaca Narvaja, Carlos Kunkel, Adriana Lizazzo, Daniel Brion, Justo Pereyra, Guillermo Luces, Alfredo Antonucci, Julio César Urien, Miguel Ángel de Renzis, Adam Pedrini y Nacho Lagar.
El nueve de junio de 1956 se produjo un levantamiento cívico-militar, que tenía como objetivo la vuelta de Perón, que había sido derrocado por una conspiración militar liderada por Inglaterra y por los Estados Unidos, el 16 de septiembre de 1955. El capítulo argentino de este golpe de estado -que sus autores intentaron motejar, risiblemente como "Revolución Libertadora"- fue liderado por el general Eduardo Lonardi y por el vicealmirante Isaac Rojas, un ex peronista devenido súbitamente en "gorila de la primera hora".
La Revolución Fusiladora de 1955, para triunfar, asesinó a miles de argentinos. En junio de 1956, los militares alineados con los Estados Unidos siguieron ejerciendo el oficio que mejor dominaban: asesinar a los mejores hijos de nuestra patria.
El 10 de junio, cuando el intento peronista ya había sido abortado, comenzaron las represalias. Los hechos comenzaron en un basural de José León Suárez. Hasta allí fue llevado un grupo de civiles por efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires -la orden había sido enviada por radio por el coronel Desiderio Fernández Suárez, jefe de la policía provincial-, para ser asesinados.
Los valerosos militantes se resistieron y varios de ellos lograron escapar, internándose en la noche. Mario Brion, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti y Vicentre Rodríguez fueron asesinados fríamente en la madrugada.
El mismo día fueron asesinados en Lanús los militantes Osvaldo Alberto Albedro, Dante Hipólito Lugo, Clemente Braulio Ros y Norberto Ros, junto con el capitán Jorge Miguel Costales y el teniente coronel José Albino Yrigoyen. Mientras tanto, en la represión del alzamiento que se produjo en La Plata, eran muertos los civiles Carlos Irigoyen, Ramón Raúl Videla y Rolando Zaneta.
Al día siguiente, aún seguían las muertes: era ametrallado en la sede del Automóvil Club Argentino, Miguel Ángel Mauriño. El mismo día fueron fusilados -ya había comenzado a regir la Ley Marcial- en Campo de Mayo los capitanes Néstor Dardo Cano y Eloy Luis Caro; los coroneles Eduardo Alcibíades Cortínez y Ricardo Santiago Ibazeta; el teniente primero Jorge Leopoldo Noriega y el teniente de banda Néstor Marcelo Videla.
El 11 de junio fueron fusilados en la Escuela de Mecánica del Ejército los suboficiales principales Ernesto Gareca y Miguel Ángel Paolini; el sargento Hugo Eladio Quiroga y el cabo músico José Miguel Roríguez. En La Plata, otro de los centros del levantamiento, fue fusilado en la misma jornada, el teniente coronel Oscar Lorenzo Cogorno, mientras que en la Penitenciaría Nacional -en Las Heras y Salguero, precisamente- eran fusilados el sargento ayudante Isauro Costa, el sargento carpintero Luis Pugnetti y el sargento músico Luciano Isaías Rojas.
El 12 de junio, la sed de sangre de los autodenominados libertadores aún no se había apagado. Ese día fue fusilado en La Plata el subteniente de la reserva Alberto Juan Abadie, que había sido apresado, herido, dos días antes.
El general Juan José Valle, líder de los sublevados peronistas, al enterarse de los vejámenes a los que habían sido sometidos sus compañeros, que habían culminado con sus asesinatos, decidió comunicarse con los que comandaban la represión. Ofreció entregarse a cambio de que cesara el derramamiento de sangre. Los asesinos nunca habrían llegado hasta él, ya que había sido escondico por una gran red solidaria, que incluía a mucha gente.
El general Pedro Eugenio Aramburu le prometió que, si se entregaba, se le iba a respetar la vida. Valle se entregó y fue fusilado el 12 de junio, en la misma Penitenciaría Nacional en la que se le va a rendir homenaje.
El 27 de junio de 1956, fue asesinado en su celda el civil Aldo Emil Jofre. Sus captores intentaron burdamente simular un suicidio por ahorcamiento. Estaba detenido desde el ocho de junio.
Uno de los primeros actos administrativos que perpetró la Revolución Fusiladora fue la adhesión de nuestro país a los Acuerdos de Bretton Woods, que dieron origen al Fondo Monetario Internacional. Perón, que había sido calificado por sus detractores como "el tirano prófugo", o "el dictador depuesto", se había negado sistemáticamente a hacerlo. Algunos historiadores aseguran que en su derrocamiento y en la saña con la que fueron reprimidos sus seguidores en los años subsiguientes, no estuvo ausente la sombra de este organismo internacional que los argentinos conocemos tan bien. Quizás deberíamos empezar a pensar que la sangre es la materia prima con la que se amasa el dinero.