Sobre la tela de una araña
El set de filmación ya pasó a mejor vida. Lo puso en agenda, eso sí, pero la realidad es que el Elefante Blanco, esa mole laberíntica de Piedrabuena, a la altura de la avenida Eva Perón, en Villa Lugano, sigue siendo una postal de la desidia y un caso más en el que ni el Estado porteño ni el nacional asumen responsabilidades.
Así, el Elefante Blanco es la chica que nadie saca a bailar, ni con unas copas encima. Ese gigante, que iba a ser el hospital más grande de Latinoamérica, craneado a fines de los 30 por el socialista Alfredo Palacios y edificado a instancias de Perón hasta que la autodenominada Revolución Libertadora frenó su construcción, es ahora un doloroso caleidoscopio de la Villa 15, más conocida como Ciudad Oculta.
Se trata, sin más, de familias de clase trabajadora, personas caídas en desgracia y los delincuentes de siempre que buscan en sus pasillos una guarida, todos conviviendo de manera forzosa, muchas veces entre tiros y siempre entre trampas para ratas y virus desconocidos. Allí buscan un amparo menos lastimoso que la cruda intemperie, aunque sus cosas junten humedad de años. Allí buscan todo, menos esperanza.
Desde los pisos superiores del edificio pueden verse casi dos realidades en una. Por un lado, la acumulación de basura hecha cordones montañosos que copan los subsuelos inundados. Por el otro, al costado de la construcción, las 24 casas, aún relucientes, que entregaron desde la fundación Sueños Compartidos de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. El resto, jamás llegó.
Liliana Soria recibe al equipo de Noticias Urbanas en su casa, una de las primeras a las que se accede apenas se cruza esa entrada emblemática del macizo de cáscaras blancas. Tiene la luz prendida pese a que son las 10 de la mañana. Es que allí, como en otras viviendas, el sol casi no entra. La mayoría de las cien familias que hoy habitan el edificio, muchas hace más de una década, viven en espacios que nunca fueron pensados para una vivienda.
En la obra que jamás se terminó, Liliana muestra el piso de los pasillos, lleno de agua. ?No es que llueva adentro, el ambiente es tan húmedo que el agua brota del piso?, explica. El frío y esa humedad que penetra, lacerante, parecen instalados.
El agua no es potable y los caños, que no están sanos, pasan demasiado cerca de la zona de desagüe, que no conecta a ninguna cloaca. ?Tenemos que tomar agua de bidón?, cuenta la mujer de 54 años, delgada y de rasgos duros, que llegó desde Tucumán hace más años de los que su mente puede tolerar: ?Tengo el pasado bloqueado, ni Freud me podría ayudar?, explica para sintetizar de qué manera intenta neutralizar parte de su experiencia para seguir adelante después de una estafa en su provincia.
Sin duda, la seguridad es el tema que más preocupa a esta mujer y a sus vecinos, que rozan la friolera de 500 personas, muchos de los cuales se irán acercando durante la recorrida de NU. Hace un tiempo, un hombre que vive en el barrio trató de violar a una de sus hijas, que ahora ?vive traumatizada? por la situación.
?Acá no viene Gendarmería, es el barrio más inseguro de Capital. Ponen mil vueltas para estar, hasta jacuzzi falta que pidan?, señala la mujer que participó de muchas manifestaciones, que incluyeron un corte en la avenida General Paz ?a raíz de un incendio apenas comenzado el año? y también uno en la avenida Luis Piedrabuena, la misma tarde en que Noticias Urbanas recorrió el barrio. ?Acá para la barra de Nueva Chicago, que se va de rosca, y también hay un desarmadero?, ejemplifica.
Solo un policía hace acto de presencia en la puerta, pero se irá, como los colectivos que pasan por el lugar, cuando el sol empiece a bajar, para no ser un ?blanco móvil?. Por eso Liliana confía, por ahora, nada más que en su candado, que cruza la puerta de su hogar de lado a lado. Y en sus imágenes de Jesús y otros tantos santos, que penden de las paredes. La fe, dice entre lágrimas, la ayuda a soportar.
NADIE SE HACE CARGO
Como con otros temas candentes en la Ciudad, el transporte y la seguridad, por citar los ejemplos más notables, el Elefante Blanco parece seguir ese mismo destino de falta de certezas, donde al momento de prometer estuvieron todos pero para cumplir, claro, los teléfonos están apagados.
Cuando Jorge Telerman era jefe de Gobierno porteño cedió a la fundación de las Madres de Plaza de Mayo el edificio, bajo la promesa de crear allí un centro de salud, una escuela primaria y una secundaria y centros de oficios, además de pautar la relocalización de sus ocupantes. Era un acuerdo entre el gobierno local y el Estado nacional que llevaba el aval del kirchnerismo. Eso también estaba claro.
El 30 de noviembre de 2007, Hebe de Bonafini y Omar Abboud, entonces ministro de Derechos Humanos y Sociales porteño, firmaron el acuerdo. Por supuesto que desde esa fecha al día de hoy, cambiaron algunas cosas. Abboud pasó de trabajar con Telerman a hacer lo propio en el Pro, responsabilizándose del Instituto de la Vivienda (IVC) y Graciela Ocaña, que en ese momento prometía obras de salud en el barrio parada al lado de Hebe, ahora milita en las filas de De Narváez. Lo único estable en esos metros cuadrados es la pobreza.
?Trabajé en el obrador de Madres, todos trabajamos, tenemos los convenios firmados, pero las casas nunca aparecieron y acá nadie hizo nada?, resume Liliana respecto a la paralización del proyecto, mostrando copias de cada papel que muestra la palabra oficial, tan empeñada como evaporada. Solo 24 familias llegaron a las casas pactadas. El resto las mira desde la ventana de enfrente, como una película sin final feliz. Como la de Trapero. Como Elefante Blanco.
Los vecinos realizaron presentaciones ante el IVC, la fundación de las Madres, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, el Ejecutivo porteño y el Estado nacional para saber por qué no se cumplió con el convenio que todos firmaron. La respuesta nunca llegó pese a que los créditos ya estaban otorgados. La conclusión es obvia: ?Alguien se quedó con la plata?, dice Liliana, que asegura no poder ser libre por tanto puntero. Ella participó de extra, junto a sus vecinos, en el film de Darín.
Mientras la fundación de las Madres y los gobiernos nacional y porteño se pasan la pelota, los niños son quienes peor están. Gustavo, recién llegado de su trabajo en La Matanza, asegura que los murciélagos y las ratas son un peligro para los chicos. ?Hay pibes mordidos por las ratas porque ni pasan a limpiar por acá. Tienen bronquiolitis por vivir entre tanta humedad y, muchas veces, de tantas picaduras de mosquitos no los dejan entrar en la escuela pensando que tienen varicela?, resume.
?Vinieron del programa BAP (Buenos Aires Presente) pero solo a mirar, y no vinieron nunca más. Para conseguir unos pares de lentes para los chicos demoraron cinco meses?, relatan los vecinos a NU.
Cinco millones de pesos resolverían el problema, ya que los vecinos calcularon que con 50 mil pesos por familia, todos podrían vivir dignamente en algún lugar de la provincia. ?Pero nadie lo quiere dar porque Macri dice que fue culpa de las Madres y en el kirchnerismo directamente no nos dicen nada?, se quejan quienes la mayoría de las veces no consiguen trabajo por decir que viven donde viven, en el Elefante Blanco.
La única intervención visible del Estado es el decodificador de la Televisión Digital Abierta (TDA) que trasmite desde el televisor de Liliana, quien convida mate y galletitas anillos.
UNA OPORTUNIDAD
Gustavo trabaja en un obrador y Liliana, durante cuatro horas diarias, en la cadena de supermercados Eki. Sin embargo, sus historias a veces se separan. El joven está terminando la primaria. Liliana, perito mercantil, habla cuatro idiomas y supo ser maestra particular. Pero los dos viven en la misma miseria.
?Acá dentro es difícil tomar chicos para enseñarles. Es muy inseguro, a las cinco de la tarde todos tenemos que guardarnos?, cuenta la mujer, madre de un odontólogo y una abogada, mientras muestra sus diplomas y el grupo de cumbia villera El Retutu suena con ferocidad, pared de por medio.
Allí, luego de las 19, el ingreso del SAME se vuelve misión imposible. Lo mismo pasa con los bomberos, como en el incendio de fin de año. Los propios vecinos rompieron las escaleras para que las familias vivan solo hasta el segundo piso, de modo tal que los delincuentes no puedan correr por los pasillos y esconderse. No obstante, el miedo no se va. Los vecinos denuncian ante este medio que en el lugar el paco pica en alza y que ?sirve de aguantadero?.
?Algo simple como salir en familia acá no se puede hacer, porque uno siempre se tiene que quedar a cuidar la casa?, expone Liliana, a quien la depresión le juega más de una mala pasada. ?No sé cómo hago para aguantar?, dice, de nuevo llorando, y pide ?una oportunidad?. Como todos.
?Odio el comedor. Sueño poder comer en familia?, comenta a quien un subsidio de 1.200 pesos, como alguna vez le ofrecieron, no le alcanzaría ni para el mate. Y sueña en pequeño, pero en voz alta: ?Nos gustaría que aunque sea nos prestaran un colectivo para poder sacar a alguna gente a pasear un poco, salir de todo esto al menos un rato?.
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OPINIÓN
¿POR QUÉ LA VIVIENDA ENTRA EN LA AGENDA DE LA SEGURIDAD?
(Por Lorena Chiapparo, licenciada en Seguridad y miembro del Centro de Estudios Estratégicos en Seguridad Humana de la Universidad de Morón)
Parecieran ser sectores separados, pero si prestamos atención, están mucho más conectados de lo que podría parecer.
Si hablamos de que un individuo tiene seguridad cuando están protegidas sus libertades fundamentales (salud, trabajo, seguridad), las cuales les proporcionan sustento, desarrollo y dignidad, no podemos concebir que un ser humano logre poseer ninguna de estas tres características viviendo en situación de calle.
Entonces situémonos en el ejemplo de una familia ?tipo?: padres e hijos, en la cual el padre, el pater familias, no posee trabajo ni ingresos vastos, trayendo como consecuencia que no puede satisfacerle las necesidades básicas a su familia y menos brindarle un hogar, llevándola a estar en situación de calle.
Así vamos viendo cómo todos los sectores están íntimamente relacionados. La pregunta es: un padre que no tiene los medios para alimentar, educar y sanar a sus hijos, ¿hasta qué es capaz de hacer para lograrlo? ¿Qué ejemplo les está dando a esos niños, hombres del mañana?
¿Cómo puede afectar la conducta de esos integrantes de una familia vivir sin agua potable, sin los alimentos necesarios para el desarrollo, en un ambiente contaminado, sin las necesidades básicas satisfechas?
Se vuelven cada vez más vulnerables, y sin la contención adecuada pueden pasar a convertirse en un riesgo latente para sí y para terceros.
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Fotografías: Nicolas Savine (para NU)